Su cara estuvo en la televisión mucho antes de que las plataformas convirtieran las series en maratones y cuando todavía había que esperar un día entero para saber cómo seguía una historia. La vimos crecer, enamorarse, sufrir, cantar, mujer fatal y ser una madre como cualquier otra, que ama, hace malabares y a veces tiene más compasión por los que cuida que por sí misma.
Para quienes crecieron mirando las ficciones juveniles que definieron los 90 y los 2000, el nombre Gloria Carrá (55) está inevitablemente ligado a una televisión que hoy funciona también como máquina del tiempo. De La Banda del Golden Rocket y Chiquititas, a Verano del 98 y Patito Feo: títulos que quedaron asociados a canciones, romances y tardes frente al televisor.

Ahora vuelve a encontrarse con el público desde un registro diferente: protagoniza Con la nuestra, una comedia coral dirigida por Peto Menahem (en la Sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza) que la coloca nuevamente en el centro de una estafa –ese es el disparador del guion, una historia familiar que hace espejo cuando recuerda haber sido engañada por una tía que desapareció de la faz de la tierra– y que llega en un momento en el que mirar hacia atrás también permite entender cuánto cambió la ficción, cuánto cambió la sociedad y cuánto cambió ella.
Además de charlar con GENTE acerca de su nuevo desafío actoral junto a Jorgelina Aruzzi, Marcelo De Bellis, Rafael Ferro, Patricia Echegoyen y Tomás «Toto» Kirzner, face foco en uno de esos recuerdos recientes con su hija Ángela Torres (fruto de su relación con Marcelo Torres, hermano de Diego Torres; la otra es Amelia, a quien tuvo con Luciano Cáceres) que define sin vueltas como «un acto psicomágico».
Una canción de cuna y las fibras que se movieron: sanar el amor madre-hija en escena
Para duelos no resueltos, para sanar o superar bloqueos, entre otras cosas, el polifacético terapeuta franco-chileno Alejandro Jodorowsky ha popularizado la «psicomagia», un dispositivo terapeútico que mezcla psicoanálisis, teatro y «ritos chamánicos». Es un término, además, al que se ha referido recientemente Moria Casán en relación al estreno de su biopic en Netflix, donde en ciertas escenas de terminó de purificar su vínculo con su hija Sofía Gala –quien interpreta a la diva–.
Todo arrancó cuando le preguntamos a Gloria si se imagina compartiendo un escenario teatral con su hija, Ángela Torres (28), después de aquella vez que cantaron juntas. «Me encanta compartir con Ángela. Sería muy lindo hacer teatro juntas en algún momento. No lo había pensado, la verdad», responde Carrá, todavía pensando en voz alta la idea. Pero enseguida el recuerdo se va para otro lado: «Me la imaginaba más cantando conmigo, pero compartir una obra de teatro puede llegar a ser muy lindo. No lo había pensado».
Lo que hizo que ese momento fuera tan particular fue la elección del repertorio: fue Ángela quien decidió qué iban a cantar juntas, y entre esas canciones eligió una que tenía historia propia. Recordemos que ambas superaron ásperas etapas de distancia, hoy más que superadas. Ese encuentro en el escenario fue especial en todo sentido.
–Movió fibras, recordar a esa Ángela chiquita, tus propios sueños.
–Además, ella eligió las canciones. Eligió una canción de cuando era bebé, que yo le tocaba con la guitarra y ella cantaba de muy chiquita, ¿viste?
–Quizás hasta la dormías con ese tema.
–Sí, me remitía a estar en la cocina tocando y ella cantando conmigo. Fue muy dulce, hermoso y emocionante, y destaco mucho su generosidad y su amor al invitarme.

–Es como cerrar el círculo. Cuando ella crece, ahora te lleva a vos al escenario.
–Totalmente, para mí fue como un acto psicomágico, algo muy lindo.
«Podés modificar un recuerdo»: la teoría detrás de la emoción
Fue en ese punto de la charla donde Gloria Carrá definió lo que sintió esa noche. «Para mí fue como un acto psicomágico, algo muy lindo». La psicomagia, la corriente terapéutica creada por Jodorowsky que propone actos simbólicos para resignificar heridas del pasado, es un tema que la actriz sigue de cerca. «Sí, me gusta mucho. También me interesa la neurociencia, que tiene mucho que ver con eso», explicó.
«Me encanta porque habla de que podés modificar un recuerdo y el cerebro no distingue que no lo estás viviendo en el presente. Cuando recordás algo triste, para el cerebro es como si estuviera pasando ahora y se encienden las mismas neuronas. A partir de ahí podés sanar cosas y hacer nuevas conexiones neuronales«. Para Carrá, cantar esa canción de cuna arriba del escenario del Gran Rex, con su hija ya convertida en una artista consagrada, funcionó exactamente así: «Ese momento en el escenario lo viví como una forma de recordar su infancia, lo que cantábamos juntas, y celebrar su éxito con el teatro lleno y todo el reconocimiento que tiene».

Sobre el presente de Ángela, que atraviesa un gran momento profesional –tanto como intérprete como conductora en Luzu–, Gloria es clarísima: «Es súper trabajadora y muy talentosa. Ángela canta y se te pone la piel de gallina, y no lo digo solo por ser la mamá». Eso sí, admite que la agenda de ambas conspira contra los encuentros frecuentes: «No tenemos mucho tiempo para vernos tampoco. Pensá que yo estuve ensayando seis horas todos los días, que es un montón, además de estar con Amelia, pero encontramos momentos. Ella viene a casa y comemos juntas».
Y, con esa mezcla de orgullo y extrañamiento tan de madre, enseguida agrega: «Hace poco le decía que la extraño y que ya quiero verla. Como está trabajando tanto, ya pronto va a venir».
Una obra sobre estafas y una vida que, en algún punto, también las tuvo
Cuando Carrá cuenta la trama de Con la Nuestra –la comedia coral que estrenó el 20 de agosto en la Sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza y que la tiene súper entusiasmada–, se ríe con una complicidad particular. Y no es casualidad: la ficción sobre un grupo de vecinos de un exclusivo country que intenta recuperar el dinero de una inversión fraudulenta le toca un poco más cerca de lo que podía imaginarse. Hasta que cae en la cuenta.
La historia que escribieron Jorgelina Aruzzi y Peto Menahem arranca después de un partido de tenis: tres vecinas y el instructor del country descubren que Martín, el financista encantador e inescrupuloso al que le confiaron sus ahorros, no viajó como creían. A las dos de la mañana van a reclamarle, y ahí se desata «una desopilante batalla de mentiras, reproches y secretos mal guardados». Carrá compone a Gloria, una de esas vecinas paquetérrimas que juega al tenis y que está dentro del grupo de los timados que cayeron en una clásica estafa piramidal.

Cuando le preguntamos si alguna vez la estafaron de verdad, y la respuesta llega sin vueltas: «A mí personalmente me estafó una tía. También mis tíos me han estafado cuando murió mi papá, aunque yo era muy chiquita». Pero el caso más doloroso fue el primero, cuando era apenas una joven actriz que empezaba a juntar sus primeros ahorros: «A mis 21 años, cuando me quería comprar mi primer departamento, una tía me hizo poner la plata en un departamento de pozo y nunca más la vi».
«Éramos mi prima y yo; mi tía me decía que íbamos a vivir juntas en departamentos contiguos o en el mismo edificio. Yo estaba entusiasmadísima y nunca más la vi», relata. El desenlace tiene ese tono de historia argentina de los 90, con fuga incluida: «Se fue del país y nunca más supe. Pensá que fue hace más de treinta años y no había tanta tecnología para saber dónde estaba». Con el tiempo, Carrá supo que su prima vivía en Miami o Los Ángeles –aunque no lo recuerda con precisión– y que, finalmente, falleció sin volver nunca a la Argentina. «No me estafó a mí sola. Se ve que había estafado a un montón de gente«, agrega, dejando en claro que no fue un caso aislado.

Para construir a su personaje, una vecina del country que está casada con un político y cae en el enredo de la estafa piramidal, Carrá cuenta que recurrió a un método bien actual: mirar Instagram. «Me inspiré viendo varios videos en Instagram de algunas personas», contó, entre risas, sobre esas referencias «súper reales» que encontró en las redes. Incluso le pidió ayuda a su otra hija, Amelia, para afinar la composición física del personaje: «Le pedí ayuda: ‘Che, mandame un videíto de tal que quiero ver sus movimientos, su cuerpo, su forma'».
A pesar de la coincidencia temática, Carrá aclara que no construyó a su personaje pensando en aquel episodio: «La verdad es que ni me acordé de ella para este personaje. No asocié la estafa». Recién en la charla, al repasar la historia, hizo el clic: «Aunque ni me acordé. Ahora que me preguntaron me vino el recuerdo, pero no compuse el personaje desde ese lugar».
Sobre el título de la obra y su guiño evidente a la actualidad –»con la nuestra, con la mía, querido, sin estafar a nadie»–, Carrá se desmarca explicdando que la obra no tiene intención política: «No hablamos de política, sino de una estafa entre vecinos». Pero reconoció que el tema conecta fuerte con el público: «La gente se siente identificada. Cuando empieza la obra y contamos cómo pusimos el dinero, el público se empieza a reír porque a todos les pasó alguna vez».
El dinero de los hijos que trabajan de chicos: la otra cara de la crianza artística
El vínculo entre Gloria y Ángela , atravesado por el trabajo desde que la cantante era menor de edad, también la llevó a hablar públicamente sobre un tema que en las últimas semanas volvió a instalarse en la agenda del espectáculo: cómo administran los padres el dinero que generan sus hijos artistas antes de cumplir la mayoría de edad.
Consultada al respecto, en medio de la repercusión que generó el conflicto entre Tini Stoessel y su padre, Alejandro Stoessel, la actriz prefirió no hablar sobre ese caso puntual –con quien además la une un antecedente laboral, ya que compartieron elenco en Patito Feo– pero sí se refirió, en términos generales, a los padres que administran mal esos ingresos: «Me da pena que las personas sean tan ambiciosas que puedan llegar a quitarle plata a un hijo».

Sobre su propia experiencia con Ángela, Carrá contó que durante los primeros años de trabajo de su hija prefirió mantenerse al margen de las decisiones profesionales: «Yo la verdad que no me metía demasiado. Además era un momento en donde Ángela tampoco me hacía participar ni quería que yo participara mucho». El dinero que Ángela generaba en esa etapa era cobrado por su madre por una cuestión estrictamente legal –al ser menor, no podía manejarlo ella misma–, pero la actriz fue tajante respecto a cómo entendía esos ingresos: «Para mí no fue complicado. Yo soy sincera: soy incapaz de tocarle un peso a mi hija».
Según explicó, su rol se limitaba a administrar y entregarle a Ángela lo que necesitaba en cada momento: «Al principio, cuando ella empezó a trabajar, por supuesto que cobraba yo, pero le daba la plata que ella necesitaba». Una parte de esos ingresos, sin embargo, quedó guardada durante años, hasta que recién el año pasado terminó de devolvérselos por completo: «Mucho tiempo le guardé su plata y creo que el año pasado terminé de darle porque ella era: ‘Ma, ¿me das tanto?’. Y todo el tiempo era: ‘Sí, obviamente’. ‘¿Me das lo que queda?’. ‘Te doy lo que queda'».

