María Valverde volvió sobre uno de los papeles más recordados de su carrera y reflexionó sobre el impacto de Tres metros sobre el cielo, la película de 2010 que protagonizó junto a Mario Casas. Para la actriz española, la historia de Babi y Hache representa una fantasía con la que crecieron varias generaciones, aunque hoy la observa desde una perspectiva diferente.
“Entiendo esa idea de fábula, de aquello con lo que hemos crecido varias generaciones”, explicó Valverde al ser consultada por la película y por las palabras de su director, Fernando González Molina, quien recientemente planteó la necesidad de releer aquella historia. “Hay muchas cosas que no vemos”, dice
La actriz reconoció que la película podría ser revisada actualmente por la forma en que presenta los vínculos y el accionar de sus protagonistas. “No sé si hoy sería una película para revisar en cuanto a las relaciones sentimentales y los roles que asumimos”, señaló en diálogo con Fotogramas.

Para Valverde, Tres metros sobre el cielo construyó una fantasía alrededor de un modelo de romance que fue especialmente atractivo para los jóvenes. “Incluso para las mujeres: el chico malo, el inalcanzable, la idealización de relaciones tóxicas”, describió. Con el paso del tiempo, la actriz también modificó su manera de mirar a esos personajes.
Consideró interesante imaginar qué ocurriría con Babi y Hache al convertirse en adultos y cómo cambiaría la percepción de una historia que, en su momento, fue presentada como una fantasía romántica. “Nos hicieron creer que ‘Tres metros sobre el cielo’ era una fantasía buena, pero las relaciones sentimentales tienen que ser algo más”, afirmó.
De todos modos, Valverde no reniega del impacto que tuvo aquella película. Por el contrario, destacó que es una obra que marcó a una generación y que todavía funciona como referente. También recordó que coincidió con el comienzo de las redes sociales y con debates que, según explicó, hoy forman parte de la conversación habitual pero que entonces no eran tan frecuentes.
Una carrera que empezó cuando tenía 16 años
La actriz también repasó las distintas etapas de una trayectoria que comenzó muy temprano, cuando tenía 16 años y debutó junto a Luis Tosar en La flaqueza del bolchevique. Por aquella película recibió el Goya a Actriz revelación.
Valverde reconoció que durante años tuvo que luchar contra el encasillamiento como actriz joven, interés romántico o figura asociada al cine más popular. En retrospectiva, destacó la importancia de haber trabajado con profesionales que la protegieron durante sus primeros años.
También se refirió a Melissa P., dirigida por Luca Guadagnino en 2005, una experiencia que definió como muy dura. Tenía 18 años y, con la perspectiva actual, aseguró que probablemente no habría aceptado hacerla. Sin embargo, dijo sentirse orgullosa de aquella película y de las mujeres que la acompañaron durante el rodaje.

Su carrera atravesó además un período de tres años sin filmar. Después de Fuimos canciones, en 2020, estuvo sin trabajar hasta que comenzó el rodaje de Todo lo que no vemos, en 2023. Ese parate, según contó, la obligó a salir de su zona de confort y a desarrollar proyectos propios.
De allí surgió también El canto de las manos, el documental que dirigió sobre la ópera en lenguaje de signos. Ahora, tras participar en la miniserie El problema final, Valverde asegura que volvió a encontrar el placer de actuar: “Siento que estoy volviendo a empezar, reconectando con esa ilusión”.

