Fantasmas del pasado en Alemania

La victoria de Alternative für Deutschland (AfD) en Sajonia-Anhalt no fue una sorpresa. Lo extraordinario fue su magnitud. El partido obtuvo el 43,8% de los votos, más del doble que en 2021, consiguió 39 de los 83 escaños del Parlamento regional y se quedó a tres bancas de la mayoría absoluta. La CDU, que había gobernado el estado durante años, cayó del 37,1% al 17%. La participación llegó al 77,9%.

El resultado tiene una explicación bastante menos simple que el crecimiento de la extrema derecha europea. AfD ganó porque logró reunir preocupaciones que hasta hace pocos años estaban distribuidas entre distintos electorados: inmigración, seguridad, pérdida de poder adquisitivo, deterioro económico, desconfianza hacia Berlín y rechazo a los partidos tradicionales. Su avance también revela una transformación del electorado del antiguo Este alemán.

AfD nació en 2013 como un partido euroescéptico, inicialmente concentrado en la crisis del euro. La llegada de refugiados en 2015 cambió su naturaleza. La inmigración pasó al centro de su programa y el partido incorporó un nacionalismo cada vez más marcado, conservadurismo cultural, oposición al multiculturalismo y una política exterior favorable a una recomposición de las relaciones con Rusia. En la actualidad, las autoridades alemanas consideran extremistas a determinadas organizaciones regionales del partido, incluida la de Sajonia-Anhalt.

Los datos de infratest dimap son reveladores. AfD fue especialmente fuerte entre trabajadores y autónomos, es decir, casi dos tercios de los trabajadores y más de la mitad de los autónomos la votaron. Entre los hombres alcanzó el 52%, frente al 32% entre las mujeres. Y consiguió ser la fuerza más votada entre prácticamente todos los grupos de edad.

Hay además un dato decisivo, AfD ganó muchos votos entre quienes anteriormente no votaban. La participación cercana al 78% no perjudicó al partido; al contrario, fue una de sus principales fuentes de crecimiento. Ningún otro espacio consiguió captar tantos antiguos abstencionistas.

Esto ayuda a explicar por qué el resultado no puede interpretarse únicamente como una radicalización de quienes ya votaban a la derecha. AfD logró movilizar a personas que estaban fuera del sistema electoral y ofrecerles una forma concreta de expresar su descontento.

Hay otra conclusión importante de los estudios realizados después de la elección. La inmigración es el principal asunto asociado a AfD, pero no fue el factor que más determinó el voto.

Según las encuestas de infratest dimap, los electores de Sajonia-Anhalt señalaron como preocupaciones centrales la seguridad social, la economía y la situación internacional. La inmigración quedó por detrás de esos temas.

No es un detalle menor. Sajonia-Anhalt se encuentra entre los estados económicamente más débiles de Alemania. Los salarios son relativamente bajos, faltan empleos altamente cualificados y durante décadas la región sufrió la emigración de trabajadores jóvenes.

AfD consiguió conectar ese malestar económico con su discurso nacionalista. La idea no es solamente que haya demasiados inmigrantes, sino que el Estado alemán está utilizando recursos limitados para resolver problemas que, a juicio de estos electores, deberían ser secundarios frente a los de la población local.

La inmigración funciona así como parte de una discusión más amplia sobre el Estado, el bienestar y quién tiene prioridad dentro de la comunidad nacional. La otra mitad de la explicación está en la caída de la CDU.

El 59% de los consultados consideró que el gobierno federal merecía un voto de castigo. El 58% dijo estar especialmente molesto con la CDU. A escala nacional, apenas uno de cada diez alemanes evaluaba positivamente la gestión del gobierno de Friedrich Merz a comienzos de septiembre.

La situación económica, las reformas sociales y las discusiones sobre pensiones contribuyeron al deterioro de la imagen del gobierno. Las propuestas de aumentar la edad efectiva de jubilación o modificar prestaciones sociales encontraron una oposición importante incluso entre los votantes de la propia Unión. En una encuesta nacional realizada inmediatamente después de la elección, 59% reclamó correcciones a las reformas del gobierno y sólo 13% quería que se aplicaran tal como estaban planteadas.

La CDU pagó además el costo de estar en el gobierno. AfD no tenía que explicar por qué las cosas funcionaban mal ya que podía atribuir todos los problemas a quienes habían gobernado.

Sajonia-Anhalt no es un caso aislado. En Sajonia, en las elecciones de 2024, AfD ya había alcanzado el 30,6%. El patrón se repetía, hombres, trabajadores, autónomos, localidades pequeñas y sectores con menor nivel educativo.

La particularidad del Este sigue siendo fundamental. La reunificación produjo una mejora material enorme respecto de la Alemania Oriental, pero también dejó diferencias económicas, demográficas y culturales que no desaparecieron. La pérdida de población, el envejecimiento y el cierre de industrias y servicios alimentaron una percepción persistente de distancia respecto de las élites políticas y económicas instaladas en el Oeste.

AfD aprovechó una relación diferente con Rusia. En buena parte del antiguo Este, la memoria de la presencia soviética y de los vínculos económicos con Moscú es distinta de la existente en Alemania Occidental. La oposición al apoyo militar a Ucrania y la defensa de una normalización de las relaciones con Rusia encuentran allí un terreno más favorable.

En Sajonia-Anhalt, la encuesta de infratest dimap encontró que 67% de los ciudadanos consideraba que AfD comprendía mejor que otros partidos la sensación de inseguridad existente en el estado. Más de la mitad creía que estaba más cerca de las preocupaciones cotidianas de la población. Incluso en economía, un terreno tradicionalmente asociado a la CDU, AfD superó a los democristianos en confianza sobre quién podía resolver los problemas del estado.

La elección de Sajonia-Anhalt tampoco significa que Alemania sea mayoritariamente de extrema derecha. Pero sí indica que el antiguo cordón sanitario alrededor de AfD convive ahora con una realidad electoral distinta y es que casi la mitad de los votantes de un estado eligió al partido que las demás fuerzas se niegan a incorporar al gobierno.

La cuestión alemana ya no es solamente cómo impedir que AfD llegue al poder. Es por qué tantos ciudadanos consideran que votar a AfD es la mejor manera de expresar que el sistema político dejó de responder a sus preocupaciones.

La respuesta probablemente esté menos en una supuesta conversión ideológica de Alemania que en algo más concreto. Una parte del país siente que perdió seguridad económica, control político y confianza en las instituciones. AfD consiguió ponerle nombre a ese malestar y convertirlo en una mayoría electoral.

Redacción

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