El dirigente justicialista y presidente del Frente Nacional de Agrupaciones Peronistas, Marcelo Puella, recorrió diferentes distritos de la provincia de Buenos Aires. Allí busca la organización del PJ y exige la libertad de Cristina Fernández de Kirchner, porque confía en su inocencia. También criticó con dureza la gestión de Javier Milei. “Este gobierno vino a exterminar al pueblo”, dijo sin matices.
Puella dio un pantallazo de la realidad social que vive el pueblo argentino. Explicó que mientras el gobierno celebra el equilibrio fiscal y la desaceleración de la inflación, las estadísticas y el pulso de la calle revelan otra realidad. Mencionó la caída del consumo, la pérdida de puestos de trabajo formales, las familias endeudadas, una pobreza que no cede y un clima de marginalidad y delito que enciende todas las alarmas.
El costo social del ajuste y la sangría laboral
Para el dirigente, el relato oficial que pregona el éxito macroeconómico choca de frente con la cotidianeidad de millones de argentinos. La administración libertaria hace bandera de la baja inflacionaria y el ansiado equilibrio de las cuentas públicas. Sin embargo, el costo de este “ordenamiento” recae de manera implacable sobre los sectores trabajadores, las Pymes y el tejido social del país.
Uno de los datos más duros es la destrucción neta de empleo formal. Desde el inicio de la gestión libertaria, la Argentina registra la pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo asalariados en el sector privado formal. Lejos del “derrame” prometido, la desocupación escaló de manera sostenida. Trabajar, llegar a fin de mes y poder llenar la heladera se han vuelto privilegios cada vez más difíciles de sostener.
Recesión, industrias paradas y consumo asfixiado
El modelo económico muestra una profunda asimetría. Los sectores concentrados vinculados a la exportación primaria, la minería o la energía registran cifras récord y una abundancia inusual de divisas. Mientras tanto, el motor interno está prácticamente apagado. La industria manufacturera, la construcción y el comercio minorista sufren los embates de una caída de la demanda que no encuentra un piso de recuperación.
Con una capacidad instalada ociosa, tasas de interés que asfixian a las pequeñas y medianas empresas y un consumo interno deprimido, las persianas de numerosos comercios y fábricas siguen bajando definitivamente.
Familias endeudadas y el avance de la pobreza
Para estirar los ingresos y cubrir gastos en alimentos, medicamentos y servicios, una porción masiva de los hogares recurrió al endeudamiento. El uso sistemático de tarjetas de crédito, los préstamos personales a tasas altísimas e incluso el endeudamiento informal con prestamistas o almaceneros se convirtieron en la única vía de supervivencia. Las familias ya no gastan por poder adquisitivo, sino a fuerza de acumular pasivos que comprometen su futuro financiero.
Este combo de licuación de ingresos y ajuste se traduce de forma directa en un alarmante incremento de los índices de pobreza e indigencia. Millones de argentinos cayeron por debajo de la línea de pobreza. La pérdida de redes de contención y la falta de oportunidades formales erosionan el tejido social, confinando a franjas cada vez más amplias de la población a la informalidad extrema y la exclusión.
Inseguridad y el crecimiento del delito
Como contracara inevitable de este deterioro socioeconómico, la marginalidad y la desesperación alimentan un incremento notable de los índices de delito urbano y violencia. La falta de horizontes laborales, sumada al desmantelamiento de políticas de asistencia y contención social, empuja a los sectores más jóvenes y vulnerables hacia economías delictivas de subsistencia. La inseguridad se consolida así en la agenda cotidiana.
“La paciencia está agotada y la desaprobación en alza”
Puella fue contundente al analizar el humor social. “La paciencia está agotada y la desaprobación en alza”, afirmó. El desgaste es el correlato inevitable de este ajuste prolongado. Diversos sondeos de opinión pública marcan un punto de inflexión. La mayoría de los argentinos desaprueba el rumbo económico actual y sostiene que su situación personal empeoró. La idea de que “el esfuerzo valdría la pena” empieza a disiparse ante la falta de una reactivación tangible.
A mil días de apostar por una motosierra que prometía recortar privilegios de la “casta”, la percepción en la calle es que el filo recayó sobre el bolsillo, el plato de comida y la seguridad de los trabajadores. Con una macroeconomía ordenada a fuerza de recesión y exclusión, el verdadero desafío ya no es un número en una planilla de Excel. Es evitar que la crisis social devenga inmanejable.
El llamado a reorganizar el peronismo
Puella cerró con un mensaje dirigido a su espacio político. “Este gobierno ya probó sus fórmulas magistrales que no sirven ni para manejar un consorcio del edificio más pequeño que existe. Se agotó“, sostuvo. “Ahora depende de nosotros los peronistas parar este exterminio. Para eso debemos demostrar que somos mejores, como ya lo supimos hacer”, culminó el dirigente nacional.
Descubrí más de LatamNoticias
Suscribite para recibir las entradas más recientes en tu correo electrónico.

