El nuevo poder tecnológico: de Palantir y Musk a Milei y la disputa por el futuro

“Solamente cuando se haya cortado el último árbol, envenenado el último río y atrapado el último pez, el hombre se dará cuenta de que no puede comerse el dinero”, dice un viejo proverbio de los pueblos originarios. En La nueva oligarquía tecnológica, poder sin límites en la posdemocracia (Marea), el doctor en Ciencias Sociales e investigador del Conicet Ariel Goldstein, analiza los ejes del pensamiento y la acción de tecnólogos como Elon Musk, Jeff Bezos, Peter Thiel, Jensen Huang, Sam Altman, Mark Zuckerberg, Alex Karp y las redes que tejen con los Estados para acumular poder y socavar la democracia.

Ariel Goldstein es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Foto: Maxi Failla.

A través de narrativas de aceleración e innovación, justifican la acumulación de poder corporativo y describen a las instituciones democráticas como obstáculos para el progreso.

En entrevista con Clarín, Goldstein detalla las relaciones de quienes controlan las infraestructuras que organizan la política en esta nueva etapa del capitalismo tecnológico. ¿Desarrollo para quién?, es la pregunta clave que organiza el libro y esta entrevista.

–¿Por qué los tecnócratas cuestionan la democracia?

–Los arquitectos del régimen, como Peter Thiel y Alex Karp, ideólogos de Palantir, diseñan y representan una racionalidad antidemocrática. Hace años, el propio Thiel señaló que democracia y desarrollo tecnológico no son compatibles. Pero también está Curtis Yarvin, un pensador neorreaccionario que elogia los sistemas monárquicos. Entonces van desplegando toda una visión donde la democracia es un obstáculo para el desarrollo tecnológico, para la centralización de la autoridad y el ejercicio del poder. En el libro La República Tecnológica, Alex Karp propone que Silicon Valley debería orientarse hacia la seguridad nacional. Pero además aparece un discurso medio darwinista que dice que hay que adaptarse a esta era tecnológica para no perecer y que habría quiénes pueden adaptarse y quiénes no. Todo este conjunto de ideas trae consigo una desconfianza, un rechazo hacia la democracia representativa y, por otro lado, esta acumulación inédita de poder en el vértice de estos tecno-oligarcas los termina poniendo en el centro con una concentración inédita de dinero y de poder a nivel político que socava las bases mismas de la democracia.

–En el libro hablas de que con esta elite tecnológica emerge un nuevo actor, al que denominan tecnócrata intelectual legislador

–Sí, es una definición de Eugeny Morozov y tiene que ver con que estos tecno-oligarcas son personajes que diseñan y piensan las condiciones de este nuevo régimen en el que estamos entrando. Delinean cuáles son las condiciones y las características que tiene este momento, por eso hablamos de los arquitectos del régimen porque ellos manejan la cuestión de la seguridad y de la coerción. Históricamente, en todas las sociedades, aquellos que operan el tema de la represión, de la coerción, del ejercicio de la seguridad son una parte integral de los sectores dominantes y esto redefine los límites de lo que es el Estado también porque es un Estado que actúa en cuestiones de seguridad en alianza con estas corporaciones privadas del poder tecnológico. Entonces estos personajes, que diseñan este tipo de propuestas y las elaboran intelectualmente, luego también las implementan desde el propio Estado, desde las corporaciones que median con el Estado y terminan acumulando mucho poder porque cumplen distintas funciones dentro de la construcción de esta democracia o de este giro hacia un sistema más autoritario.

–¿Podemos poner el ejemplo de Palantir y cómo es usado por Israel contra Gaza o el caso del ICE en Estados Unidos?

–Claro, sí. Son dos ejemplos de cómo estas formas de represión se convierten en esenciales para que estos Estados puedan cuantificar, operativizar y predecir este tipo de procesos y ser más eficientes en las tácticas de represión y de coerción.

–Señalás que esta oligarquía tecnológica no solo se disputa la riqueza, sino también un nuevo modelo civilizatorio, ¿podrías explicarlo?

–Lo vemos en el tema del imaginario de futuro que aparece en relación a Marte, por ejemplo. De los cohetes a Marte, de una nueva civilización allá. Tanto Jeff Bezos como Elon Musk compiten entre ellos y tienen empresas de cohetes espaciales. Se ve además en el desplazamiento que hicieron desde California a Texas para eludir los impuestos a los más ricos y las alianzas que establecen con las extremas derechas en el mundo para que los ricos no los paguen. Pero también, y esto no es algo menor, aparece la alianza con los regímenes del Golfo Árabe, que son países que combinan inversiones tecnológicas muy ambiciosas con muchos recursos, sostenidos por sistemas monárquicos muy regresivos desde el punto de vista de los derechos de las minorías y de los derechos sociales. MBS, el príncipe monarca de Arabia Saudita, expresa muy bien este modelo de fusión entre tecnocracia innovadora y autoritarismo conservador. Esas alianzas son vistas por Trump y los tecno-oligarcas como una especie de paraíso que hay que seguir y muestra un poco la concepción que ellos tienen sobre cómo deberían ser las cosas. En ese sentido, aparece la idea de sumisión a la que hace referencia Thiel en los documentos de Palantir.

–En el libro hay un capítulo dedicado a de qué manera el avance autoritario de Estados Unidos se combina con el crecimiento tecnológico de China.

–Para desarrollar ese tema tomé un documento de la empresa OpenAI, de Sam Altman, donde le dice a la Casa Blanca que hay que desregular el desarrollo de la inteligencia artificial y de las corporaciones porque si no se pierde la carrera con China. Altman propone que hay que liberar a la IA democrática para que le gane a la IA autoritaria, lo cual es paradójico porque la desregulación total también puede erosionar seriamente la democracia en Estados Unidos. Lo que se está viendo es que los tecno-oligarcas tienen cada vez más injerencia sobre el poder político y lo están condicionando seriamente en China, que es un sistema autoritario también, pero en el que el Partido Comunista logra asimilar a la tecnología a una estrategia nacional que está liderada por el poder político.

–En otro de los apartados citás a Marx y a Bourdieu para explicar de qué manera la estructura económica está sostenida sobre una superestructura ideológica que alimenta esta nueva etapa del capitalismo, ¿no es cierto?

–Aparece toda esta narrativa de la innovación, de que es ahora, de que esto tiene que ser así, de que si no uno se pierde como el tren de la historia porque estamos entrando en un mundo nuevo. Y puede ser que parte de eso sea cierto, pero claramente también es una función de legitimación cultural y política porque necesitan que creamos eso para que ellos sigan acumulando poder. Claramente, este tipo de régimen beneficia a estas grandes corporaciones, pero quizás no tanto a muchos ciudadanos. Sin embargo, en la medida en que esto se vuelve legítimo, es sostenido por las mayorías y toda esa narrativa tiene esa función, la de crear esa representación que legitima este nuevo poder tecnológico, no como explotador, autoritario, ni como algo que socava la democracia, sino como una nueva era de innovación, de futuro, de avance descomunal a nivel tecnológico.

Ariel Goldstein es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Foto: Maxi Failla.

–Escribís también sobre Anduril, la privatización militar del algoritmo, que garantiza la vigilancia fronteriza, el reconocimiento militar, el procesamiento de inteligencia, ¿qué pasa con todo esto en nuestro país?

–Lo que sabemos es que hubo reuniones entre Milei y Peter Thiel y si bien no se conoce exactamente sobre qué fueron esos encuentros, sí conocemos lo que piensa Thiel en relación a la democracia y sabemos que vende estos sistemas de seguridad hipersofisticados que tienen que ver con la coerción, y es evidente que en el gobierno de Milei encuentra un espacio de mucha receptividad para sus ideas. Para estas redes tecnolibertarias globales, Milei es una figura disruptiva, que trae algo nuevo y que incluso permite experimentar en la periferia. Por eso, una de las cosas que planteo en el libro, es que la periferia es distinta del centro, porque en la periferia se pueden experimentar cosas que en el centro no se pueden, por la mayor división de poderes, por las instituciones más vigorosas, entonces lo llamo a Milei como un traductor periférico, porque traduce esas racionalidades del centro a la periferia para que puedan ser implementadas, testeadas, trabajar en la predicción y brindarle al centro toda esta información.

–Como pasaba con las megamineras cuando en sus países de origen no les permitían instalarse y venían a América Latina, ¿podemos pensar que está sucediendo algo similar con los data centers?

–Totalmente y también lo que genera esta nueva era tecnológica es una reaparición de algo que en verdad nunca se fue, pero que aparece claramente de esa distinción, que es la teoría de la dependencia entre el centro y la periferia, pero adaptada a las nuevas condiciones tecnológicas en las que el centro brinda el desarrollo de estas grandes empresas, el know-how, la programación, y la periferia queda como un actor más pasivo para la instalación de data centers, para el testeo, para la experimentación de estas grandes tecnológicas con figuras que de alguna manera traducen esas racionalidades como Milei, Bukele o Noboa.

–Al final del libro hablás sobre el progresismo desarmado ante el siglo XXI y qué hacer, ¿cómo llegaste a esas reflexiones?

–Señalo un poco que el progresismo quedó como atado a los límites del Estado nación, pero que la globalización de estas corporaciones ya no permite pensar solo a escala del Estado nación porque probablemente no tiene instrumentos suficientes para poder disciplinar a estas corporaciones que operan a escala global. Entonces por ahí se hace necesario, por ejemplo, una coalición de países del sur que se plantee sus propias necesidades en el desarrollo de la IA y en el desarrollo tecnológico distintas a las necesidades del norte, por ejemplo. El Estado nación fue el anclaje más importante de las políticas progresistas en el siglo XX pero no parece ahora tener la capacidad de alcanzar a estas grandes corporaciones tecno-oligárquicas y por ahí se necesita otro tipo de dispositivo para su regulación, para su limitación. Me parece que es fundamental encontrar un marco para poder poner un límite frente a este desarrollo, no para volver al siglo XIX porque no estoy negando estos avances tecnológicos, sino porque el problema es sobre la pregunta democrática, es decir, para qué le sirven a la humanidad todos estos avances. ¿Nos sirven para vivir mejor? ¿Nos sirven para ampliar la democracia? ¿O nos están destruyendo en algunos aspectos y necesitamos regular eso para poder preservar también lo mejor de la construcción de la democracia a lo largo del siglo XXI?

–¿Para qué no destruyan nuestra vida en común?

–Hay muchos científicos e intelectuales que están planteando estas cuestiones en relación al desarrollo de la inteligencia artificial. Lo plantea el Papa en su encíclica también: ¿qué necesita la humanidad de este proceso de aceleración tecnológica, más allá de lo que los tecno-oligarcas postulan como inevitable?

Ariel Goldstein básico

  • Es doctor en Ciencias Sociales por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires e investigador adjunto del Conicet en el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe.
Ariel Goldstein es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Foto: Maxi Failla.
  • Ha sido profesor del posgrado en Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA). Es docente de la cátedra Política Latinoamericana de la carrera de Ciencia Política (UBA).
  • Participa en proyectos UBACYT como investigador formado, y del proyecto internacional del CNPQ de Brasil: “Imprensa e circulação de ideias: o papel dos periódicos nos séculos XIX e XX”.
  • Sus últimas publicaciones incluyen: Prensa tradicional y liderazgos populares en Brasil (A Contracorriente, North Carolina State University, 2017), “The Press and Classical Populism in Argentina and Brazil” (Latin American Perspectives, mayo de 2018), Bolsonaro. La democracia de Brasil en peligro (Marea, Buenos Aires, 2019), Poder evangélico (Marea, 2020), La reconquista autoritaria (Marea, 2022) y La cuarta ola (Marea, 2024).

La nueva oligarquía tecnológica, poder sin límites en la posdemocracia, de Ariel Goldstein (Marea).

Redacción

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