
En octubre de 2023 la Cancillería argentina envió una misión de Cascos Blancos a Armenia para asistir a la población desplazada de Artsaj. La operación trasladó 11 toneladas de ayuda humanitaria y trabajó directamente con familias que habían llegado desde Artsaj (Nagorno Karabaj) después de la ofensiva azerbaiyana.
La propia Cancillería habló entonces de una “masiva población desplazada”. Tres años después, como informó Diario ARMENIA, la embajadora argentina en Azerbaiyán, Mariángeles Bellusci, participó de una visita organizada por el gobierno de Ilham Aliyev a esos mismos territorios.
Fue una visita de dos días del cuerpo diplomático acreditado en Bakú, acompañada por Hikmet Hajiyev, uno de los principales hombres del aparato político y propagandístico de Aliyev, además de asistente presidencial y jefe del Departamento de Política Exterior de la Presidencia.
Azerbaiyán la presentó como una oportunidad para mostrar la “reconstrucción”, el “desarrollo” y la “protección” del patrimonio en Karabaj. Fue, además, la visita número 22 organizada para diplomáticos desde 2022.
No aparecen antecedentes documentados de participación argentina en las anteriores visitas organizadas por Bakú a Artsaj bajo control azerbaiyano. Entre 2020 y 2026 hubo dos embajadores argentinos acreditados en Azerbaiyán: Sergio Osvaldo Pérez Gunella y, desde agosto de 2022, Mariángeles Bellusci. Es la primera participación argentina que aparece documentada públicamente en este tipo de recorridos. La delegación estuvo en Stepanakert y fue llevada al Parque de la Victoria, construido para celebrar el triunfo militar azerbaiyano. Allí se fotografiaron como si la limpieza étnica fuera una atracción turística.

En pocos días se cumplirán tres años de aquellas imágenes que dieron la vuelta al mundo: largas caravanas de autos, familias enteras con lo que podían cargar y una única vía de salida de Artsaj después de la ofensiva azerbaiyana del 19 de septiembre de 2023. Más de 100.000 armenios fueron forzados a abandonar sus hogares. La Cancillería argentina terminó enviando ayuda humanitaria para asistirlos y su propia representación en Ereván habló de población desplazada de Nagorno Karabaj. Tres años después, la embajadora argentina recorrió ese mismo territorio en una visita organizada por el gobierno que provocó aquel éxodo.
¿Cómo se compatibiliza que el Estado argentino haya asistido en 2023 a la población armenia desplazada de Artsaj con que su embajadora participe ahora de una visita organizada por Bakú para mostrar ese mismo territorio como un espacio reconstruido, normalizado y bajo una nueva narrativa oficial? La Cancillería argentina debería responder la pregunta. Bellusci no asistió como una observadora particular. Ella es la máxima autoridad diplomática argentina en Azerbaiyán desde 2022.
El 11 de septiembre de 2023, apenas ocho días antes de la ofensiva final sobre Artsaj, Bellusci fue convocada por la Cancillería azerbaiyana para recibir una nota de protesta por declaraciones del entonces presidente Alberto Fernández en la cumbre del G20. Bakú acusó al mandatario argentino de adoptar posiciones contrarias a su “soberanía e integridad territorial” y cuestionó la descripción de la crisis humanitaria en Nagorno Karabaj. Bellusci ya estaba por ese entonces en Bakú y conoció de primera mano ese episodio diplomático.
Hasta el momento de publicar esta nota no apareció una explicación pública de la Cancillería sobre su participación en la visita de septiembre de 2026. Tampoco se conoció una declaración de Bellusci sobre el destino de la población armenia que vivía en los lugares que recorrió, sobre su derecho al retorno, sobre los prisioneros armenios.
La visita incluyó también monasterios armenios que Azerbaiyán presenta como parte de una supuesta herencia albanesa. Bellusci podría haber preguntado qué ocurre con la identidad armenia de esos lugares. O ¿qué pasó con las iglesias, museos y otros testimonios de la presencia armenia en Shushí?
Cascos Blancos permaneció dos semanas en Armenia, distribuyó ayuda y trabajó con la población llegada desde Artsaj. El propio informe de gestión de Cancillería definió aquella misión como una acción destinada a la “población armenia desplazada desde Artsaj (Nagorno Karabaj) hacia Armenia”. (Ver recuadro).
Quizás la cuestión exceda a Bellusci. ¿Cambió la posición argentina? ¿Recibió la embajadora instrucciones para participar de esta burda operación de propaganda? ¿Preguntó por las personas que vivían allí hasta hace apenas tres años? ¿Cómo le explicaron que hoy no quede prácticamente un solo armenio en un territorio donde constituían cerca del 99 % de la población?
Al mismo tiempo, Bakú lleva adelante un programa estatal de reasentamiento de familias azerbaiyanas en Stepanakert y otras localidades, con entrega de viviendas. Los implantaron, como a los kelpers en Malvinas.
Stepanakert tiene un antecedente histórico que conviene recordar. Shushí había sido durante siglos uno de los principales centros urbanos de Artsaj, una región de presencia armenia milenaria. En marzo de 1920, fuerzas turco-azerbaiyanas destruyeron el barrio armenio de la ciudad y gran parte de su población armenia fue asesinada o expulsada. Cuando en 1923 se creó el Óblast Autónomo de Nagorno Karabaj, el centro administrativo quedó establecido en la localidad que poco después sería rebautizada Stepanakert. Ese es el lugar que ahora Bakú muestra a los diplomáticos extranjeros.
¿Qué vio la representante argentina cuando recorrió Stepanakert? ¿Una ciudad “reconstruida” o una ciudad en la que ya no están quienes la habitaban hasta septiembre de 2023?
Mantener relaciones diplomáticas con Azerbaiyán es una cosa pero no obliga a participar de una puesta en escena organizada por su gobierno para mostrar como normalizado un territorio del que fue expulsada toda su población armenia.
La Cancillería argentina debería explicar este aval político a un régimen dictatorial responsable de, entre otras muchas cuestiones, la limpieza étnica de Artsaj.
Pablo Kendikian
Director de Diario ARMENIA
La misión argentina que asistió a los desplazados de Artsaj
En octubre de 2023, mientras más de 100.000 armenios acababan de ser desplazados de Artsaj, la Argentina puso en marcha una misión humanitaria para asistirlos. La iniciativa fue anunciada por el entonces canciller Santiago Cafiero y ejecutada a través de la Agencia Argentina de Cooperación Internacional y Asistencia Humanitaria-Cascos Blancos, que en ese momento presidía Sabina Frederic.
La ayuda fue reunida por la comunidad armenia de la Argentina, con una colecta coordinada por IARA y encabezada por Fondo Armenia, HOM, UGAB y la Iglesia Armenia. Se juntaron 11 toneladas de ropa, calzado, frazadas, artículos para bebés, hornos eléctricos y otros elementos destinados a las familias que habían llegado a Armenia después de abandonar Artsaj.
El traslado fue posible por la colaboración de Enrique Piñeyro, quien puso a disposición a través de la Fundación Solidaire el avión que llevó las donaciones y a los voluntarios de Cascos Blancos hasta Ereván. El propio Piñeyro piloteó la aeronave.
La misión trabajó durante dos semanas en distintas provincias de Armenia y mantuvo contacto directo con desplazados y refugiados. En Masis, por ejemplo, colaboró con la asistencia a unas 500 personas, alrededor de 100 familias. La Cancillería argentina definió entonces esa asistencia como parte de una política del Estado y el gobierno armenio agradeció expresamente a Cafiero, Frederic y al equipo de Cascos Blancos.

