En el quinto distrito de París, dentro de un campus que reúne a casi cincuenta residencias nacionales y recibe cada año a unos 12.000 estudiantes, investigadores y artistas de 150 países, hay una casa con bandera celeste y blanca que desde febrero tenía un vacío en una de sus paredes: ahí había estado, hasta ese momento, una placa en homenaje a los desaparecidos de la última dictadura. Esa ausencia, sumada a meses de denuncias, terminó de sacar a Santiago Muzio de la dirección de la Casa Argentina.
Una gestión con denuncias acumuladas

Muzio, abogado franco-argentino, había llegado al cargo en 2024 por decisión del gobierno de Javier Milei. Desde entonces acumuló cuestionamientos de residentes, académicos y trabajadores de la institución: expulsiones de estudiantes por motivos que muchos calificaron de ideológicos, un clima de vigilancia dentro de la Casa, y reuniones organizadas en el edificio con sectores vinculados a la extrema derecha. También se negó a firmar la Carta de Valores de la Cité Internationale Universitaire, que fija principios de igualdad y no discriminación. Su explicación, en diálogo con el diario conservador francés Le Journal du Dimanche, fue que buscaba «liberar este lugar de las garras de la extrema izquierda y de la ideología woke».
La placa, la ley y los reclamos

¿Por qué una placa puede pesar tanto? Porque la que retiraron de la Casa Argentina no era un adorno: estaba colocada desde 2022 en el marco de la ley 25.633, pensada para sostener la memoria colectiva frente al terrorismo de Estado. Su desaparición, en medio de obras de remodelación, generó el rechazo de organizaciones de derechos humanos como la Asamblea de Ciudadanos Argentinos en Francia y, con el tiempo, un reclamo firmado por más de mil escritores, académicos y artistas de Argentina y Francia que pedían la restitución de la placa y una auditoría administrativa y contable de la gestión. La propia Ciudad Internacional Universitaria terminó colocando otra placa por su cuenta, ante la negativa de Muzio a reponerla.
El momento político
La salida de Muzio no fue solo el desenlace de un conflicto interno: llegó a pocos días de la visita de Milei a Francia, en el marco de la Paris Week que se realiza el 30 de septiembre. El Ayuntamiento de París había pedido a la Cancillería francesa que investigara la gestión de la Casa, y varias residencias nacionales del mismo campus —Japón, Canadá, Alemania, Dinamarca— habrían limitado sus vínculos de intercambio con la sede argentina. Con ese escenario armado, el gobierno prefirió resolver la salida antes de que el escándalo llegara a cruzarse con la agenda presidencial. Como reemplazo se confirmó a Alfredo Mario Soto, abogado, profesor universitario y vicerrector de una universidad de Rosario.
Queda la pregunta de fondo, la que no se resuelve con un cambio de nombre en la puerta: qué lugar ocupa la memoria, la convivencia y la comunidad argentina en el exterior cuando una institución pensada para alojar y sostener se convierte, en cambio, en un foco de expulsión, sospecha y silencio.



