A 50 años de La Noche de los Lápices, miles de personas marcharon para rememorarlos y reclamar por los derechos de hoy

La movilización convocada por la Federación de Estudiantes Secundarios de la Provincia de Buenos Aires (FES), reunió este miércoles a miles de estudiantes y agrupaciones en La Plata, a 50 años de La Noche de los Lápices. La marcha partió a las 14.30 desde Plaza Olazábal y terminó frente al Ministerio de Obras Públicas, en 7 y 59, donde se realizó el acto central, hubo discursos, música y consignas vinculadas con la memoria, la educación pública y los reclamos de las nuevas generaciones.

A cinco décadas de los secuestros de estudiantes secundarios durante la última dictadura, la jornada volvió a poner en el centro la participación política de los jóvenes. Entre el 16 y los días posteriores de septiembre de 1976, diez estudiantes fueron secuestrados en La Plata. Seis de ellos continúan desaparecidos y cuatro sobrevivieron: Gustavo Calotti, Pablo Díaz, Patricia Miranda y Emilce Moler.

Pero esta vez la conmemoración no quedó únicamente vinculada con el recuerdo. En los discursos de los estudiantes y de los sobrevivientes, apareció una pregunta por el presente: qué significa para los jóvenes de hoy recoger aquella experiencia de organización, y qué reclamos siguen atravesando a las escuelas secundarias medio siglo después.

La marcha reunió a miles de personas de distintas agrupaciones estudiantiles y tuvo como punto de partida Plaza Olazábal. Durante el recorrido, las consignas estuvieron atravesadas por la defensa de la educación pública, los derechos de los estudiantes y la reivindicación de la militancia juvenil.

A las 17.30 la orquesta latinoamericana “La Casita de los Pibes” entonó las estrofas del himno nacional argentino, para dar pie a los oradores. Uno de los discursos centrales estuvo a cargo de Martina Galnares, presidenta de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), quien planteó la relación entre las generaciones de 1976 y los estudiantes actuales.

Nosotros venimos a recoger el legado de esos pibes que dieron la vida por una causa”.

Galnares sostuvo que los jóvenes de hoy continúan transitando los mismos espacios que aquellos estudiantes desaparecidos, y vinculó esa continuidad con los reclamos educativos actuales: “Hoy nosotros transitamos los mismos pasillos, estudiamos en las mismas aulas y luchamos por lo mismo, por una educación de calidad y por una patria libre, justa y soberana”.

En ese sentido, la referencia a los estudiantes de 1976 no fue presentada solamente como una evocación histórica. El discurso buscó establecer un vínculo entre aquella generación y las preocupaciones de los secundarios actuales: la defensa de la educación pública, las condiciones en las que estudian y la posibilidad de organizarse y participar políticamente.

Si bien los contexto son políticamente diferentes, lo que aparece como continuidad es, fundamentalmente, la organización juvenil alrededor de demandas colectivas y la idea de que los estudiantes pueden intervenir sobre la realidad que los rodea.

Ese vínculo entre pasado y presente, también forma parte de la propia historia de La Noche de los Lápices. Los jóvenes secuestrados habían participado de organizaciones estudiantiles, y algunos, habían protagonizado las movilizaciones por el boleto estudiantil en 1975. La propia Emilce Moler, ha señalado en distintas oportunidades que reducir aquellos secuestros exclusivamente al reclamo por el boleto resulta insuficiente, ya que la persecución estuvo relacionada con su militancia política.

Los sobrevivientes y una memoria que sigue en presente

Entre quienes participaron del acto estuvo Gustavo Calotti, uno de los cuatro sobrevivientes, aunque no hizo uso de la palabra. Sí habló Pablo Díaz, también sobreviviente y ex detenido desaparecido, en uno de los momentos más emotivos de la jornada. Su presencia volvió a poner en primera persona la experiencia de aquella generación, y también dio lugar a la coyuntura actual: “Milei, acá están los soldados de Perón y de Cristina”, sentenció, entre aplausos y ovaciones.

También participó Emilce Moler, quien fue detenida cuando tenía 17 años y permaneció secuestrada en distintos centros clandestinos de detención, entre ellos el Pozo de Quilmes. Durante su intervención, agradeció la presencia de los estudiantes, recordó a sus compañeros desaparecidos, reivindicó la necesidad de mantener viva la memoria de aquella generación y también se expresó respecto de la condena de la ex presidenta.

La participación de los sobrevivientes tuvo un peso particular, en una jornada protagonizada mayoritariamente por jóvenes que nacieron décadas después de aquellos hechos. El paso del tiempo modificó las formas de transmitir aquella historia, pero no eliminó la presencia de sus protagonistas.

En ese sentido, la conmemoración también volvió a plantear una cuestión central: cómo se transmite una experiencia traumática y política a generaciones que no la vivieron.

De aquellos reclamos, a los problemas de los estudiantes actuales

La movilización permitió además poner en escena una agenda que excede la fecha conmemorativa. En las intervenciones y consignas aparecieron preocupaciones vinculadas con la educación pública y con las condiciones concretas de los estudiantes de hoy.

Hoy es el mismo modelo económico de aquellos años el que nos gobierna. El mismo que proscribió a Perón, el que desapareció a nuestros compañeros y encarceló a nuestra jefa política” sentenció uno de los militantes oradores.

Nuestros viejos tienen que tener dos o tres trabajos para poder mantenernos, cada vez el transporte está más caro y cuesta más estudiar” aclamó otra de las oradoras, también militante de la UES. Y agregó: “Ante el desaliento y la desesperanza, nosotros luchamos para que las próximas generaciones tengamos un futuro mejor e invitamos a los jóvenes a que se involucren. Por eso lucharon ellos y por eso lo hacemos hoy nosotros”.

La jornada tuvo su cierre con música y una nueva generación de jóvenes como protagonista. Después de los discursos, las consignas y los homenajes, la banda de cumbia santafesina Los del Fuego fue la encargada de ponerle música al final de la conmemoración.

Así terminó una jornada en la que la memoria de los estudiantes desaparecidos, volvió a encontrarse con las voces de quienes hoy ocupan las aulas y las calles. A 50 años de La Noche de los Lápices, la marcha dejó planteado un mensaje que atravesó los distintos discursos: recordar a aquella generación también implica discutir, desde el presente, qué educación, qué derechos y qué futuro reclaman los estudiantes de hoy.

Fotos:Ramiro Domínguez Martinelli

Redacción

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