Las líneas de colores pueden ser una herramienta de gestión, pero también cuentan una historia política. Mauro García repasó la evolución de las cuentas de General Rodríguez desde el comienzo de su gestión hasta el primer semestre de 2026. Recaudación propia en ascenso, coparticipación con alguna mejora y una caída abrupta de la asistencia nacional aparecen como los principales movimientos de una administración que busca exhibir una ecuación propia.
En el gráfico hay otra curva que el intendente mira con particular atención: la de los salarios municipales.
El básico de la menor categoría, para un trabajador o trabajadora con una jornada de 40 horas semanales, se aproxima al millón de pesos.
El Intendente sabe que ahí está una de las discusiones centrales de su modelo. Y lo dice con una frase que condensa la ecuación que pretende mostrar:
“Somos uno de los municipios con menor presión tributaria de la provincia de Buenos Aires, pero que a su vez increíblemente tenemos los salarios más altos de la provincia de Buenos Aires.”
Después introduce una precisión: esos salarios están “dentro de los más altos” de la Provincia.
La pregunta inevitable aparece mirando las curvas: ¿cómo se sostiene esa combinación?
La recaudación como respuesta
El Jefe comunal ubica una parte de la respuesta en el crecimiento de los recursos propios. Recuerda que su administración atravesó, según su propia descripción, tres pandemias: el endeudamiento que dejó Darío Kubar; la pandemia y una inflación que durante los últimos años llegó a superar ampliamente el 200%.
Ahora suma un cuarto elemento: el ajuste nacional.
Según afirmó, la asistencia de Nación hacia General Rodríguez sufrió una caída del 98%. “En el último año casi no hemos recibido ayuda del Estado Nacional”, sostuvo.
El escenario obligó a mirar hacia adentro.
Regularizar contribuyentes que estaban en condiciones de pagar pero no lo hacían, promover la radicación industrial y mejorar las estrategias de recaudación aparecen como las herramientas elegidas.
La evolución que García exhibe es significativa: de una participación de la recaudación propia cercana al 30% en el esquema de recursos municipales, afirma haber llegado actualmente a casi el 60%.
No habla, sin embargo, de una caja holgada.
Hay deuda flotante. Hay obras que se encarecieron. Hay servicios que deben sostenerse. Y hay una estructura municipal que, según su mirada, asumió responsabilidades cada vez mayores.
“Es muy finito el trabajo que hay que hacer, todo mes a mes, día a día”, afirmó.
La política detrás de los números
La presentación de los gráficos no es solamente un balance contable. García intenta mostrar que existe una relación entre recaudación, salarios, servicios y modelo de Estado.
La discusión sobre el equilibrio fiscal aparece en ese punto.
Para el intendente, equilibrio fiscal no es una mala palabra. Significa, en términos sencillos, tratar de no gastar más de lo que ingresa. Pero su planteo incorpora una diferencia política: equilibrar las cuentas no necesariamente implica utilizar el salario municipal como variable de ajuste.
Por el contrario, reivindica haber respetado el convenio colectivo, otorgado mejoras salariales e incorporado a trabajadores que se encontraban bajo distintas modalidades de contratación para que pudieran acceder a continuidad y derechos.
También destaca el tratamiento de los trabajadores municipales que llegan a la jubilación, con el objetivo de evitar un retroceso salarial que, según su palabra, anteriormente llevaba a algunos empleados a postergar su retiro.
“No dejar una bomba”
Hay una frase que atraviesa toda la explicación y que probablemente tenga tanto valor político como financiero.
García sostiene que una administración no debería gobernar pensando exclusivamente en la próxima elección o en la gestión propia.
“Lo que nosotros no tenemos que hacer nunca (…) es dejarle una bomba de tiempo a quien le toque gobernar los cuatro años siguientes”.
La definición funciona como una declaración de principios sobre el final de su segundo mandato.
El intendente dice querer entregar un Municipio económicamente ordenado, con deuda reducida y capacidad para que quien venga pueda continuar las obras y afrontar las necesidades pendientes.
La metáfora de la bomba tiene una historia conocida en la política argentina: cada gobierno recibe un problema, intenta desarmarlo o lo deja armado para quien sigue.
Un Municipio que hace cada vez más
Allá lejos quedó la función de alumbrado, barrido y limpieza. La actualidad obliga a los municipios a enfrentar la salud, educación, seguridad, infraestructura y asistencia social como parte de una agenda que el gobierno local considera cada vez más propia.
El intendente pone como ejemplo el sistema sanitario municipal: hospitales, hospital odontológico, hospital oftalmológico, 21 centros de atención primaria y hospital veterinario.
Pero detrás de esa estructura hay también una discusión por el financiamiento.
Mauro García asegura que el Municipio tiene alrededor de 300 millones de pesos mensuales pendientes de recuperar de las obras sociales por prestaciones realizadas.
Es decir: el Estado municipal presta el servicio, pero no siempre logra recuperar el dinero correspondiente.
Y cuando una familia no puede pagar una prestación, una prótesis o determinada medicación, el Municipio vuelve a aparecer como última instancia.
La misma lógica la traslada a la educación.
El deterioro de los ingresos familiares provocó, según García, que chicos y chicas abandonaran establecimientos privados y se incorporaran al sistema público. En ese contexto, reivindica la construcción de nuevos edificios educativos durante sus gestiones como una infraestructura que permite absorber esa demanda.
Los 40 puntos
En su lectura del federalismo fiscal, el Jefe comunal cuestiona fuertemente la distribución de recursos entre Nación y Provincia.
Sostiene que los bonaerenses aportan alrededor de 40 puntos de la recaudación nacional y que esos recursos deberían regresar en obras y servicios.
En ese punto diferencia el comportamiento del Gobierno nacional del esfuerzo que realiza la Provincia de Buenos Aires.
La pregunta que queda
Mauro García presenta sus curvas de gestión como evidencia de una transformación de las cuentas municipales.
La recaudación propia subió. La asistencia nacional prácticamente desapareció. Los salarios municipales crecieron. La deuda flotante está allí pero propone equilibrio fiscal. Y el Municipio asumió responsabilidades que exceden ampliamente las funciones tradicionales.
La ecuación que reivindica tiene una tensión evidente: baja presión tributaria, salarios altos, más servicios y necesidad de reducir deuda.
Su respuesta es la recaudación.
No cualquier recaudación: incorporar contribuyentes, cobrar deudas y atraer industrias sin elevar significativamente la presión sobre quienes ya pagan.
Y por encima de todo, una definición política que García pretende convertir en legado:
“No dejarle una bomba de tiempo a quien le toque gobernar los cuatro años siguientes”
Las curvas, entonces, no solamente muestran números.
También muestran cómo Mauro García quiere que se lea su gestión.
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