La reciente presentación del Proyecto de Ley de Presupuesto 2027 volvió a poner en el centro del debate la necesaria renovación de los medios de superficie y submarinos de la Armada Argentina. Esta situación no es menor, ya que los actuales medios de superficie de la Flota de Mar, concentrados en los destructores MEKO 360 y MEKO 140, acumulan un promedio de antigüedad que ronda los 40 años, mientras que el Comando de la Fuerza de Submarinos no cuenta con unidades operativas.
Centrando el foco en los medios de superficie, el Proyecto de Ley de Presupuesto 2027 autoriza al Poder Ejecutivo a realizar operaciones de endeudamiento, a través de la toma de préstamos, para la incorporación de fragatas multimisión, las cuales deberán tener como asiento la Base Naval Puerto Belgrano, contemplando un monto de US$ 1.200 millones y un plazo de amortización mínimo de tres años.

El total de unidades mencionado en el proyecto no es una casualidad, ya que, como fuera informado oficialmente por el anterior jefe del Estado Mayor General de la Armada, almirante Carlos Allievi, en una entrevista con Zona Militar, la fuerza proyecta la adquisición de dos fragatas para reemplazar a los destructores Tipo 42, ARA Santísima Trinidad y ARA Hércules, el cual tuvo una segunda vida como buque de Transporte Rápido Multipropósito.
Ambas unidades, incorporadas a finales de los años 70 y principios de los 80, representaron un salto tecnológico sin antecedentes para la Armada Argentina, que incorporaba una de las más modernas clases de destructores de defensa aérea en servicio con la Real Armada británica, teniendo como función la escolta del entonces portaaviones ARA 25 de Mayo.

Sin embargo, el veto británico posterior a la guerra de Malvinas provocó que la vida de estas unidades estuviera signada por las limitaciones operativas, generando la radiación del Santísima Trinidad en 2004 y, más recientemente, en 2024, la de su gemelo Hércules, sin contar, como viene siendo ley desde hace décadas, con un reemplazo directo o en servicio.
Ahora, la aparición de estas operaciones en el presupuesto hace que la cuestión del reemplazo de los Tipo 42 vuelva a hacerse presente, abriendo la posibilidad de sopesar una nueva plataforma de combate que pueda tomar su testigo y cumplir funciones con una nueva generación de buques.
Si bien desde la Armada Argentina no se han brindado mayores precisiones, la fuerza viene evaluando diversos modelos de buques que podrían ocupar estos roles. Más precisamente, se ha hecho mención a las FREMM, producidas conjuntamente por astilleros y empresas francesas e italianas, como también a las Alfa 3000 de la firma española Navantia.

Entre las últimas novedades de peso, debe mencionarse que la Armada de Grecia ha confirmado la adquisición de dos unidades FREMM, a saber, la Carlo Bergamini (F590) y la Virginio Fasan (F591). La primera corresponde a la variante de propósito general, mientras que la segunda es antisubmarina, cerrando así cualquier posibilidad actual de adquirir unidades de segunda mano para la Argentina, a menos que Italia decida expandir la renovación de su flota de superficie, la cual ha iniciado con la orden de construcción de dos modernas FREMM EVO para reemplazar, justamente, a las transferidas a Grecia.
Siguiendo la línea de opciones de unidades de segunda mano, no debe dejarse de mencionar la evaluación y posibilidad, en vista del renovado vínculo con Dinamarca, que representan las fragatas clase Iver Huitfeldt, siendo una serie de tres buques de defensa antiaérea construidos sobre la experiencia obtenida con la clase Absalon, un híbrido entre fragata y buque multipropósito.
Más recientemente, inclusive, y en el marco de la finalización del Ejercicio Combinado Fraterno entre la Armada Argentina y la Marina de Brasil, autoridades navales argentinas fueron interiorizadas sobre las capacidades y características de la clase Tamandaré, basada en el diseño alemán MEKO A-100, construida actualmente por la Empresa de Propósito Especial Águas Azuis, conformada por TKMS, Embraer y Atech, y gestionada por EMGEPRON.


No obstante, y más allá de entrar en cuestiones técnicas, debe señalarse que la presencia de estas operaciones en el presupuesto ha demostrado ser, a lo largo de los años, una mera formalidad, sin poseer un carácter vinculante. Más allá de su presencia en los proyectos de Ley de Presupuesto Nacional, esto no significa que la operación se concrete con la firma de contratos, tal y como viene siendo manifestado.
Como viene siendo apreciado en la práctica, la concreción de los planes de reequipamiento de las Fuerzas Armadas, demorados por décadas por sucesivos gobiernos, depende más de una decisión política que los haga traccionar por parte del Poder Ejecutivo que de la acción del Poder Legislativo. El Programa Peace Condor es una muestra de ello, mientras que la adquisición de submarinos viene siendo demorada a la espera de financiamiento y voluntad política.
Por último, y en el actual contexto de situación general, desde la Armada han expresado que la prioridad se posa en concretar lo antes posible la adquisición de nuevos submarinos por sobre la renovación de los medios de superficie.


En un plano ideal, los dos proyectos deberían ser encarados de forma paralela y traccionar la renovación tecnológica de la Armada Argentina, además de constituir una muestra de voluntad por parte del actual Poder Ejecutivo, el cual se encamina a su cuarto año de gestión sin haber concretado la firma de un contrato de adquisición de submarinos ni de otro medio de superficie, registrándose únicamente la firma de una Carta de Intención por el primero.
Solo basta mencionar que, en un plazo de tiempo similar, Brasil inició la construcción de sus nuevas fragatas clase Tamandaré y ya está en proceso de incorporar su segunda unidad, mientras avanza en la construcción de la tercera y cuarta, a la par que espera comisionar al último de sus submarinos de ataque clase Riachuelo.
*Fotografías empleadas a modo de ilustración.

