Parece ciencia ficción, pero no lo es. En esta ocasión la realidad científica supera toda imaginación. Un grupo de paleontólogos que estudia fósiles de dinosaurios hizo una microtomografía computarizada de las heces fosilizadas de un ejemplar de Tyrannosaurus rex -también pueden haber sido de un Nanotyrannus– y descubrió una pluma extraordinariamente conservada, atrapada en el excremento.
La prestigiosa revista Current Biology destacó este hallazgo en un reciente artículo. El paleontólogo David DeMar revela que encontró el fósil del tamaño de una pelota de golf en 2016 en la Formación Hell Creek en Montana, Estados Unidos, reconocida y sumamente estudiada por su reservorio de fósiles.
En aquel momento DeMar en realidad buscaba fósiles de peces, pero encontró los extraordinarios restos por casualidad. Se trataba de un coprolito, el nombre científico de las heces fosilizadas y correspondían a un terópodo, probablemente de un ejemplar joven de Tyrannosaurus rex o de un Nanotyrannus.
Jamás podría haberse imaginado que en el interior el coprolito guardaba plumas de pájaros primitivos. Los investigadores creen que una de las plumas pertenecía a un hesperornithiforme, un tipo de ave acuática no voladora que no sobrevivió a la extinción masiva de los dinosaurios hace 66 millones de años.
«Los hesperornithiformes están estrechamente emparentados con las aves modernas, el grupo de aves más importante, pero pudimos ver que los hesperornithiformes no poseen el conjunto completo de características del plumaje moderno», indicó la paleontóloga Jingmai O’Connor, autora principal del artículo.
Ese fue el puntapié para comprender que ese pequeño fósil puede ofrecer nuevas pistas sobre por qué las aves actuales son el único grupo que sobrevivió a la extinción masiva.

«Uno de los grandes misterios de cualquier evento de extinción, y en particular del evento de extinción del Cretácico, es por qué algunos grupos de animales sobreviven y otros no», expresó DeMar.
Las aves primitivas tenían plumas aislantes del frío, pero en el lugar incorrecto
Los coprolitos no son un nuevo concepto en la paleontología. Lo que pasa es que ahora, gracias a otras tecnologías disponibles, se pueden observar todos los elementos presentes en las heces fosilizadas sin necesidad de romperlas.
La pluma encontrada pertenece a un periodo en el que resulta muy extraño hallar fósiles de tejidos blandos. «Probablemente, esta es la única pluma de Cretácico Superior, que abarca entre 100 y 66 millones de años atrás», indicó O’Connor.
Las otras pocas que se conservan suelen estar en ámbar, por lo que solo es posible analizarlas en 2D. Detrás de la fosilización hay todo un proceso que debe darse y el entorno es fundamental.
«El organismo debe quedar sepultado en ambientes acuáticos sin oxígeno que impidan la acción de carroñeros y permitan la fijación microbiana», detalló la paleontóloga en diálogo con el diario español El País.
Cuando hicieron una microtomografía computarizada se dieron cuenta de que en el coprolito había restos fósiles de plumaje. El hallazgo cobró aún más relevancia cuando distinguieron que el ave al que pertenecieron tenía una combinación de plumas modernas en las alas y las primitivas en el resto del cuerpo.
Pese a contar con algunas plumas modernas, si estaban ubicadas en las extremidades la especie no estaría preparada para resistir al frío que sobrevino tras el impacto del meteorito.
Según los estudios científicos, las plumas modernas aíslan mejor el frío que las primitivas, pero para sobrevivir era fundamental qué parte del cuerpo cubrían. «La hipótesis que surgió de esto es que tenían plumas apropiadas para soportar las heladas, pero en el lugar incorrecto«, manifestó el coautor del artículo.
También se creía que los pájaros Neornithes sobrevivieron porque muchos vivían en entornos acuáticos que los protegieron de la devastación posterior al impacto del asteroide.
Pero los fósiles de hesperornitiformes, aves que también vivían en el agua y sus alrededores, pusieron en jaque esa teoría. Su linaje se extinguió a pesar de tener mucha agua cerca, por lo que al parecer el hábitat por sí solo no explica la supervivencia de los Neornithes.
«Creemos que el tipo de plumas que tenían estas aves, o la forma en que mudaron esas plumas, puede haber sido una de las causas subyacentes de la selectividad de la extinción masiva del final del Cretácico; en esencia, por qué algunas aves se extinguieron y otras sobrevivieron», afirmó DeMar.
Una pluma que explica toda una cadena alimenticia del Cretácico
O’Connor trabaja en el Museo Field de Ciencias Naturales de Chicago. Para todo el equipo fue asombroso descubrir la cantidad de información que ahora se puede obtener de los coprolitos.
«Este coprolito contenía múltiples plumas, diminutas escamas de pez y huesos de las patas de un ave pequeña«, detalló. Tras un exhaustivo análisis coincidieron que era improbable que las cuatro especies de dinosaurios que podrían haber producido el coprolito se alimentaran de peces, una fuente de alimento demasiado pequeña y difícil de atrapar.
«Nuestra hipótesis es que esas diminutas escamas de pescado estaban en el estómago del ave cuando esta fue consumida», reveló. Por el tamaño de las escamas creen que pueden ser restos de un pejelagarto.

Así reconstruyeron la foto de la cadena alimentaria de ese momento: el pejelagarto fue comido por el ave acuática que, a su vez, fue devorada por un terópodo.
Los paleontólogos seguirán investigando para comprender por qué sobrevivieron este tipo de aves. En diálogo con el New York Times, la filogenetista Emily Jane McTavish explicó que se trata de un fenómeno de gran complejidad.
«La evolución puede ser un juego de azar; en un evento de extinción masiva, incluso las especies que estaban muy bien adaptadas a su entorno desaparecen, junto con rasgos realmente valiosos y una gran diversidad evolutiva que podrían haber tenido mucho éxito en el futuro, simplemente por mala suerte», manifestó McTavish.

