La histórica capitana del fútbol femenino del Lobo habló en exclusiva con Vive La Plata y dejó en claro que su decisión no estuvo vinculada al dinero. Apuntó contra las formas de la dirigencia, el manejo de algunas situaciones y la falta de reconocimiento hacia el fútbol femenino.
La salida de Lali Esquivel de Gimnasia generó un fuerte impacto dentro del fútbol femenino tripero. Después de ocho años formando parte de un proceso que ayudó a consolidar la disciplina en el club, la futbolista decidió dar un paso al costado y habló en exclusiva con Vive La Plata sobre los motivos que la llevaron a tomar esa decisión.
Esquivel remarcó que durante estos años construyó, junto a sus compañeras, cuerpos técnicos, familias y todas las personas que acompañaron el proceso, una identidad alrededor del fútbol femenino de Gimnasia. “Fuimos construyendo el fútbol femenino del club con muchísimo esfuerzo. Generamos identidad, sentido de pertenencia, formamos jugadoras”, explicó.

Para la futbolista, vestir la camiseta de Gimnasia siempre significó algo que iba mucho más allá de lo deportivo. Por eso destacó valores como la solidaridad, el compromiso, la humildad, el respeto, la empatía y la lucha, principios que, según contó, intentaron transmitir especialmente a las jugadoras más jóvenes.
“No me voy por plata”
Uno de los puntos que Lali quiso dejar especialmente claro fue el motivo de su salida. “Yo no me voy por plata”, afirmó, y explicó que su decisión tiene que ver con “el respeto, el reconocimiento a la palabra y la manera de tratar a las personas”. En ese sentido, la futbolista marcó una diferencia entre una cuestión económica y una problemática mucho más profunda: el modo en que se están llevando adelante determinadas situaciones dentro de la disciplina.
Su planteo apunta así a una cuestión que excede su situación personal: el lugar que ocupa el fútbol femenino dentro de las prioridades de la institución y el valor humano con el que se manejan las decisiones que afectan a sus protagonistas. Para Esquivel, cuando las formas, el diálogo y el reconocimiento hacia quienes construyeron la disciplina empiezan a perder lugar, también se pone en riesgo parte de aquello que llevó años construir.
“Me voy con muchísimo dolor porque Gimnasia es parte de mi historia y de quién soy”, sostuvo. Al mismo tiempo, aseguró que se va con la tranquilidad de saber por qué tomó la decisión.
Ocho años que, según Lali, nadie puede borrar
La futbolista dejó en claro que su salida de Gimnasia no significa abandonar el fútbol femenino ni renunciar a las ideas que defendió durante su trayectoria. “Irme de Gimnasia no significa alejarme del fútbol femenino ni dejar de defender todo lo que construimos”, expresó. En esa línea, aseguró que continuará defendiendo la profesionalización y la igualdad de oportunidades, independientemente del lugar desde el que le toque hacerlo. “Una camiseta o un lugar pueden cambiar, pero la identidad de todo lo que se construyó permanece”, sostuvo.
Lali también dejó abierta una puerta hacia el futuro. No habló de una ruptura definitiva con Gimnasia, sino del deseo de que algún día el club vuelva a poner en el centro aquellos valores que, según su mirada, hicieron grande a la institución. “Ojalá algún día podamos volver a poner en el centro aquello que siempre hizo grande a Gimnasia: la pertenencia, la solidaridad, la humildad, el respeto, la empatía, el compromiso y la capacidad de luchar aun cuando las cosas no son fáciles”, manifestó.
Después de ocho años, Esquivel se aleja del club, pero su mensaje apunta más allá de su propia salida: la discusión sobre qué lugar ocupa el fútbol femenino en Gimnasia y, sobre todo, cómo se construyen los vínculos con quienes durante años fueron parte de ese proceso.
Más allá de la situación puntual de Lali Esquivel, su salida deja planteada una discusión que excede al fútbol femenino: qué lugar ocupa hoy el valor humano en la política y en la gestión. Cuando las decisiones quedan atrapadas entre números, contratos, estrategias y disputas de poder, quienes sostienen los proyectos durante años pueden terminar convertidos en una cifra más. El reclamo de Lali va justamente en sentido contrario: no habla de dinero, sino de respeto, reconocimiento, palabra y trato humano. Y quizás ahí esté una de las grandes deudas de la política actual: recordar que detrás de cada decisión hay personas, historias y esfuerzos que no deberían quedar relegados.

