Escudo de las Américas: América Latina habla el idioma de la Casa Blanca

Las imágenes simbolizan cómo puede sacarse provecho, logístico y en materia de agenda, a las sesiones anuales de la Asamblea General de las Naciones Unidas. 15 países han estado representados en la reunión con el presidente Donald Trump en Nueva York para firmar la primera acción conjunta del Escudo de las Américas. Washington ha alineado a la región en torno a sus ejes: seguridad y coordinación multilateral.

Para diversos medios internacionales de prensa, esta semana en la reunión al margen de las sesiones generales de la ONU, EEUU mostró más claridad en su apuesta de unificar en un espacio alternativo a la Organización de Estados Americanos (OEA), a los gobiernos conservadores de América Latina y el Caribe. Por un lado, se unificará trata a los carteles de la droga como «narcoterroristas» y en el seno de la OEA reactivar un tratado aprobado en los años de la Guerra Fría.

El Escudo de las Américas se lanzó en marzo pasado en Miami. Allí, Washington reunió a mandatarios y representantes de una ola conservadora que ya no era un fenómeno aislado: Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador, Santiago Peña en Paraguay, Daniel Noboa en Ecuador, Luis Abinader en República Dominicana y, entre otros, el entonces presidente electo de Chile, José Antonio Kast. La iniciativa se presentó como cooperación de inteligencia y seguridad contra carteles transnacionales, migración irregular e «injerencia extranjera», y esto último se asoció con ponerle freno a China.

Seis meses después, mientras transcurría la Asamblea General de la ONU, el grupo volvió a reunirse. Chile formalizó su adhesión plena. Colombia y Perú, tras cambios de gobierno, también ingresaron. La lista de firmantes de la declaración del 22 de septiembre quedó así: EEUU, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Trinidad y Tobago.

El Escudo de las Américas, según observadores, no pretende ser el consenso hemisférico de la OEA. Apuesta a convertirse en el núcleo de gobiernos latinoamericanos y caribeños dispuestos a hablar, en palabras del secretario de Estado Marco Rubio, «con una sola voz».

La primera medida operativa fue política y financiera: imponer, «según proceda», congelamiento de activos, restricciones de visado e inmigración y responsabilidad penal contra 24 organizaciones catalogadas como amenaza compartida. Varias ya habían sido designadas por Washington como organizaciones terroristas extranjeras. En la lista aparecen estructuras mexicanas, colombianas, ecuatorianas, salvadoreñas, haitianas, venezolanas, peruanas, y también el Primer Comando da Capital y el Comando Vermelho, de Brasil, país que no integra la coalición.

Javier Milei ocupó un lugar central en esta reunión, según la reseña de Infobae. Trump lo trata como aliado estratégico y lo mencionó como prueba de que «estamos ganando mucho». El presidente argentino, a su vez, llevó al foro un discurso de seguridad hemisférica, inteligencia, estabilidad económica y proyección sobre el Atlántico Sur y la Antártida.

Keiko Fujimori, ya en su rol de presidenta de Perú, lo formuló con la lógica de la coalición: «El crimen organizado no respeta fronteras, por eso estamos muy contentos de unirnos». Santiago Peña felicitó a Trump por la frecuencia de sus reuniones con presidentes del hemisferio, lo cual evidencia el reenfoque que le ha dado la Casa Blanca a su papel en la región.

Los firmantes anunciaron que pedirán al presidente del Consejo Permanente de la OEA una reunión de consulta para constituir un órgano de consulta conforme a los artículos 6 y 13 del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, el TIAR o Tratado de Río, de 1947. Con la ausencia de potencias regionales en el Escudo como son México y Brasil, analistas proyectan tensión en cómo introducir en el seno de la OEA este tema sin tener un consenso construido previamente con el resto de los 34 países que la conforman. Así lo percibe la profesora Esther Mobilia, directora de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Central de Venezuela (UCV), al ser consultada por DIARIO DE CUBA.

El TIAR fue pensado como mecanismo colectivo de defensa en los tiempos de la Guerra Fría. Usarlo ahora para sancionar a organizaciones redefine el tratado.

El Escudo de las Américas no nace en el vacío. Desde agosto del año pasado, EEUU ha intensificado operaciones contra embarcaciones presuntamente ligadas al narcotráfico en el Caribe y el Pacífico. Trabajos periodísticos contabilizan decenas de ataques y más de 200 muertos. El relator especial de la ONU, Ben Saul, sostiene que esos ataques de Washington violan el Derecho internacional.

Los ataques a las narcolanchas, como se les ha bautizado, comenzaron dentro de la estrategia de presión de la Casa Blanca sobre el régimen de Nicolás Maduro, finalmente depuesto el pasado 3 de enero por tropas estadounidenses. Justamente, Trump exhibió el caso de Venezuela ante la Asamblea General como prueba de una nueva doctrina: EEUU «ya no permitirá que las amenazas contra América se afiancen en ningún lugar del Hemisferio Occidental» y, «si es necesario», usará su «poderío militar sin igual».

Esther Mobilia interpreta ese giro como reafirmación de liderazgo, no como un simple operativo antinarcóticos: «Estamos viendo un EEUU que ratifica esta proyección, esta influencia en América, y en el contexto del Gobierno de Donald Trump, este ha mantenido, sin duda, una posición muy contundente en lo que tiene que ver con el tema del narcotráfico«.

La profesora agrega una observación de prioridad estratégica que ayuda a entender por qué el Escudo de las Américas aparece ahora, y no como un apéndice menor de la política exterior estadounidense: «En el contexto del Gobierno de Donald Trump, estamos viendo un centro o una influencia, un peso de América y de los asuntos de América —América en el sentido continental— mucho más amplio, mucho más presente de lo que podía haber sido el continente en gestiones anteriores».

Lo que Trump logró en Nueva York, según observadores, no fue inventar desde cero una política antidrogas. Fue convertir una correlación de fuerzas conservadoras —Milei, Bukele, Kast, Peña, Noboa, Fujimori, De la Espriella y el resto del bloque— en un instrumento que habla el idioma de la Casa Blanca: narcoterrorismo, sanciones cruzadas, recursos soberanos y, si hace falta, la reactivación del TIAR.

Redacción

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