MONTEVIDEO (Uypress/JWL)- Cofundó con Rodó una revista que abrió las letras uruguayas al modernismo y a las nuevas corrientes europeas. Fue crítico, poeta, dramaturgo y un intelectual central de su tiempo.
El 27 de septiembre de 1871 nacía en Montevideo Víctor Pérez Petit. Se cumplen 155 años del nacimiento de un escritor cuyo nombre hoy ocupa un lugar mucho más discreto que el que tuvo en la cultura uruguaya de fines del siglo XIX y comienzos del XX.
Fue poeta, narrador, dramaturgo, periodista, crítico y ensayista. También abogado. Pero acaso su mayor importancia histórica esté en haber formado parte de una generación que quiso sacudir una vida intelectual uruguaya que consideraba demasiado encerrada sobre sí misma.
Tenía apenas 23 años cuando, en marzo de 1895, fundó junto a José Enrique Rodó y los hermanos Daniel y Carlos Martínez Vigil la Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales. Duró solamente hasta noviembre de 1897, alcanzó 60 números, pero se convirtió en uno de los puntos de partida de la renovación literaria uruguaya. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes considera que con aquella publicación comenzó la recepción del modernismo en Uruguay.
No era una revista concebida para administrar tranquilamente la cultura existente. En su programa, aquellos jóvenes proponían «sacudir el marasmo» de la intelectualidad uruguaya y ofrecer un espacio a las nuevas generaciones. En sus páginas aparecieron textos y discusiones sobre Rubén Darío, Leopoldo Lugones y las nuevas tendencias literarias que estaban transformando las letras hispanoamericanas.
El compañero de Rodó
La historia terminó estableciendo una enorme diferencia entre la posteridad de aquellos dos jóvenes. Rodó se transformó, sobre todo después de Ariel, en una figura continental. Pérez Petit fue quedando paulatinamente fuera de la memoria popular. Pero estuvieron intelectualmente muy cerca.
Pérez Petit no sólo compartió con Rodó aquella aventura editorial. Fue amigo suyo y terminaría convirtiéndose en uno de sus principales biógrafos. El repositorio Anáforas, de la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República, lo define directamente como «el mayor biógrafo de su amigo José Enrique Rodó».
La propia trayectoria inicial de Rodó resulta difícil de contar sin Pérez Petit. Fue en aquella revista compartida donde el futuro autor de Ariel comenzó a desplegar sistemáticamente su crítica literaria y su preocupación por América.
Pero Pérez Petit tenía su propia curiosidad intelectual. Mientras Rodó iba construyendo su pensamiento americanista, él observaba con particular atención las transformaciones de la literatura europea. Alberto Zum Felde destacó precisamente esa característica de la Revista Nacional: por sus páginas fueron pasando las nuevas figuras que estaban revolucionando el pensamiento y el arte europeos -Ibsen, Nietzsche, Tolstoi, Hauptmann, Verlaine, Mallarmé y D’Annunzio-. Pérez Petit fue, además, uno de los primeros divulgadores de Nietzsche en Montevideo.
Su papel no consistía únicamente en importar nombres prestigiosos. En secciones como La lírica en Francia y Los modernistas seguía las novedades literarias y ayudaba a introducir en Montevideo debates que se estaban produciendo a miles de kilómetros.
Una obra que atravesó todos los géneros
Pérez Petit escribió cuentos, poesía, teatro, crítica literaria, ensayos y trabajos jurídicos. Varias de sus piezas teatrales llegaron a representarse tanto en Montevideo como en Buenos Aires. Utilizó además numerosos seudónimos -Argos, Fabio, Sóstrato, Araguirá, entre otros-, reflejo de una actividad periodística y literaria extraordinariamente extensa.
Su reconocimiento institucional fue también considerable. Cuando en 1943 se creó la Academia Nacional de Letras del Uruguay, Pérez Petit integró el núcleo fundador junto con figuras como Juana de Ibarbourou, Emilio Frugoni, Emilio Oribe, Alberto Zum Felde y Carlos Martínez Vigil.
Murió en Montevideo el 19 de febrero de 1947. Quedó, sin embargo, bajo una sombra difícil de evitar: la de Rodó. La posteridad hizo célebre a uno de aquellos jóvenes de 1895 y fue olvidando al otro.
Tal vez allí resida la razón para recordarlo 155 años después. Porque Pérez Petit perteneció a una generación que entendió que una cultura pequeña no debía resignarse a pensar en pequeño. Desde un Montevideo todavía provinciano, aquellos veinteañeros leían a Nietzsche, Ibsen, Verlaine y Darío, discutían el modernismo y pretendían participar de las grandes conversaciones intelectuales de su tiempo.
Pérez Petit ayudó a abrir esa ventana. Y aunque su nombre haya perdido el brillo que tuvo entre sus contemporáneos, una parte del Uruguay intelectual que vino después empezó a mirar el mundo desde allí.
José W. Legaspi



