A la misma hora que en la Facultad de Derecho de la UBA la fila avanzaba esta noche para escuchar a la autora irlandesa Claire Keegan, en el Museo Malba la actividad también se mostraba multitudinaria en esta tercera jornada del Festival Internacional de Literatura (Filba), que acompañan Clarín y revista Ñ como media partners.

A la mañana, el Auditorio se había llenado a las 11 para conocer los secretos de escritura del francés Emmanuel Carrère, que recorrió las claves de su trabajo en diálogo con el periodista y escritor argentino Javier Sinay. Por la tarde, fue el turno de tres lectoras fanáticas que tuvieron ocasión de conversar con sus autores favoritos: Alejandra Kamiya, Leila Guerriero y Ricardo Romero. Y un poco más tarde, las humoristas Malena Pichot e Isa Calderón analizaron cómo funciona el humor en tiempos violentos y, por supuesto, hicieron reír a la sala completa.
Tres actividades apenas de un sábado que además tuvo a Camila Sosa Villada, una experiencia de biodrama de la mano de Vivi Tellas y Rita Pauls y una fiesta titulada Leemos y bailamos en el bar cultural La Paz Arriba.
Secretos de escritura
Pese a la lluvia de la mañana del sábado, las más de 200 butacas del auditorio del Museo Malba se llenaron prolijamente antes de que el francés Carrère, estrella de esta edición del Filba, entrara acompañado del periodista y escritor Javier Sinay, que sintéticamente le explicó que lo que buscaba esa actividad, por la que cada asistente había pagado 30 mil pesos cuando salieron a la venta las entradas, era saber «¿Cómo hacés lo que hacés?».

El autor de El adversario intentó vincular la práctica de la escritura con algunas artes marciales que fue practicando a lo largo de la vida. Si bien la pregunta de Sinay apuntaba al karate, el francés abundó sobre otras disciplinas: «Tuve la suerte de comenzar a hacer taïchi en un dojo donde practicaba karate y, como ustedes saben, el taï chi shun es practicado con frecuencia como una especia de actividad un poco new age, olvidando ese carácter marcial que realmente tiene. Esto es algo que conté en Yoga, cómo un maestro chino nos había hecho una demostración de un estado de lentitud absolutamente increíble durante diez minutos y apenas dos ciclos de respiración, que nos hacía pensar en una medusa moviéndose dentro del mar, y pasar sin pausa a una serie de movimientos increíblemente rápidos».
El autor se disculpó por el paréntesis descriptivo, que sin embargo tenía a las más de 200 personas extasiadas, para concluir en que «las artes marciales enseñan a trabajar un texto con cierta calma y a descubrir una cierta profundidad estratégica, es decir la capacidad de recular, de retroceder». Carrère explicó que esa idea le resulta una noción muy operativa e interesante: «Tener la posibilidad de retroceder sin chocarse de repente con un muro, tener esa profundidad estratégica es importante en la escritura y en cualquier otro trabajo», consideró.
CUL / Sabado Carrere
Para adentrarse, dijo, en «tu mesa de trabajo», Sinay eligió tres fragmentos del libro más reciente de Carrère, Koljós, editado en español por Anagrama, en el que revisa la vida de su madre y la estirpe ruso-georgiana que la precedió. Sobre el modo de plantear ese y todos sus libros, el francés aseguró que espera de sus textos que sean «a la vez exigentes para el lector, que le demanden atención y también que les requieran la voluntad de aceptar la participación como su fueran un diálogo, un juego, una conversación», describió.
Pero al mismo tiempo, o para lograr ese efecto, amplió, también procura que sus libros sean interesantes: «Para invitar a la lectura, a esa especie de juego, hace falta procurar un mínimo de confort. Entonces, lo que trato es que para hacer viajar al lector yo trato de proponerle un vagón realmente cómodo«, comparó.
Sinay quiso saber cómo trabajaba los inicios en cada caso y Carrère explicó que encontrar la primera página «lleva tiempo porque es de esas cosas que son verdaderamente esenciales en un libro. Esos inicios y el título«, puntualizó.
Y abundó: «Es realmente importante tener un título para un libro. De hecho, yo he pasado más tiempo buscando títulos que otra cosa para Koljós. Tenía opciones muy malas del tipo ‘Una historia de familia’, en fin… Por eso, me di cuenta inmediatamente de que la palabra Koljós tenía la ventaja de combinar a la vez una dimensión íntima, infantil, que era capaz de transmitir ese calor de la familia y de la infancia, y al mismo tiempo remitir a esas grandes explotaciones agrícolas comunistas en la Unión Soviética, dándole así un toque también de la gran historia colectiva», recordó.
También contó el caso de Limónov, su gran libro sobre el disidente ruso Eduard Limónov: «En un momento, mi editor evaluaba opciones como ‘Una vida peligrosa’ cuando le respondí que se trataba sobre alguien de apellido Limonov y que se iba a llamar así, como él. Punto. Y si era un nombre que nadie conocía, bueno, leyendo el libro se podían enterar», reconstruyó el autor.

Carrère aseguró que, desde hace algunos años, desarrolló una técnica para comenzar la escritura que consiste en escribir unos poco párrafos separados por breves títulos. «Esos párrafos pueden ser más o menos largos, algunos tienen cinco líneas y otros cinco páginas. Luego, les encuentro un título. Eso es divertido, además. Me gusta esa técnica y tiene, para mí, muchas ventajas porque al final del día tengo varios párrafos y eso me alegra, digo que trabajé bien hoy, y además, por ejemplo, en Koljós hay aproximadamente unos 300 de esos bloques. Si pensamos en términos de montaje cinematográfico, esos textos podrían equivaler a planos de una película que luego puedo montar».
Las preguntas de Sinay, que viene de publicar El secreto de los sobrevivientes (Tusquets), abordaron, rondaron, se zambulleron en los rincones del pensamiento, la técnica y los ejercicios de Carrère y el francés procuró encontrar caminos para compartir sus mecánicas. Y destinó cuarenta minutos antes de irse a firmar libros, posar para las selfies y agradecer una y mil veces los elogios y saludos de sus lectores.
Mi escritor favorito
El Filba repite desde hace años un ciclo singular titulado Mi escritor favorito que realiza una suerte de casting de lectores para invitarlos a dialogar con un autor o autora al que siguen y cuya obra conocen. En esta edición, fueron entrevistados Alejandra Kamiya, Leila Guerriero y Ricardo Romero, quienes, cada uno a su turno, contaron maneras de trabajo, su vínculo con la escritura e incluso dejó recomendaciones.

El ciclo lo inició Kamiya con la profesora de educación física de la Universidad Nacional de Luján Patricia Rexach, que además de leer y conocer la obra de la escritora de Los árboles caídos también son el bosque (Eterna Cadencia), desplegó un dominio del diálogo digno de una entrevistadora profesional, recorriendo el rol de tallerista de la escritora, sus procedimientos e incluso la invitó a cerrar el diálogo con una lectura.
«En los talleres yo no suelo ser conclusiva. En general, lo que llevo son preguntas para que todos discutamos», comenzó contando Kamiya, que además reveló que en esos espacios «aparecen mejores textos que en las mesas de novedades», de manera que está proponiendo manuscritos de esos que le llegan y conoce a la editora Leonora Djament. «Hay cosas geniales. Se está escribiendo muchísimo, hay una proliferación ahora de de talleres y supongo que es en reacción a lo otro que todos sabemos que está ocurriendo», consideró.
El segundo entrevistado fue Ricardo Romero, autor de Paraná, que dialogó con la cineasta Nadia Rivero (Montevideo, 1983). La experiencia en medios de la partenaire también fue clara y la charla recorrió las búsquedas del autor de Big Rip (2021) y Yo soy el invierno (2023), entre otros libros.
Uno de esos ejes es el tiempo: «Me he vuelto consciente de los temas que atraviesan mi propia escritura con el tiempo», confirmó Romero, que amplió que le interesa tanto el tiempo como «la naturaleza del tiempo y la manera en que lo percibimos. Eso me ha llevado un poco también a leer bastante de física y a tratar de entender cómo uno podía trabajar desde una perspectiva poética con los elementos que la física ofrece, desde la relativización, desde la experiencia que tenemos de esta continuidad y de esta linealidad de este tiempo unívoco que creemos vivir y que no es así», describió.

Nadia Rivero también quiso conocer los vínculos de Romero con su ciudad natal y con el río que la recorre: «No estoy seguro –comenzó el autor–. Pienso justamente en cualquier metáfora asociada al río, al movimiento del río, el remanso y yo soy digresivo, mi naturaleza de novelista tiende a buscar expansiones y justamente tratar de dejarme llevar por lo que va apareciendo en la escritura. Todo eso inevitablemente podemos asociarlo al río», consideró, aunque confesó que su relación con Paraná es de «amor a distancia. Funciona muy bien mi amor hacia Paraná en la distancia», subrayó ante las risas del público.
El broche de oro de la actividad fue la periodista Leila Guerriero, que había deslumbrado horas antes a Carrère y a las más de 800 personas que asistieron al diálogo que mantuvieron en la noche del viernes en la Facultad de Derecho. La maestría de la cronista argentina para generar un verdadero clima de intimidad en un contexto imposible fue un despliegue de virtuosismo absoluto.
En el Malba, el diálogo con la joven Jazmín Abdala, de 18 años y estudiante de Periodismo en la Universidad Blas Pascal de Córdoba, de alguna manera tambíén dejó en claro su descomunal talento porque la autora de La llamada fue capaz de responder preguntas irrelevantes, equivocadas e incluso carentes de escucha como si hubieran sido geniales.
Guerriero desmintió que le diera «pavor la escritura» y contó que, como sucede con otras actividades demandantes, suelen aparecer preguntas o cuestionamientos. Una de esas dudas frecuentes es ‘¿Podré hacerlo?’: «Le pasa a todo el mundo, no creo que sea un patrimonio personal y también es cierto que suele aparecer algo que te recuerda que, así como ya lo hiciste mil quinientas veces, a lo mejor lo podrás hacer mil quinientos una y dos y tres. Entonces, no se trata de un miedo real. Tal vez, sea la posibilidad de perder el deseo de la escritura y eso me parece un espanto, pero no pienso que me pueda pasar», explicó.

«¿Pensás que algún día podés cansarte de hacer lo que amás?», quiso saber Jazmín Abdala. Guerriero desenfundó: «El término amar yo lo uso para la gente y para una sola persona, te diría. Porque ahora la gente ama todo. Ama la palta, ama el café con leche, ama el desayuno, ama la vajilla, amo mis pantuflas… y yo me pregunto: ¿Cómo vas a hacer con tanto amor?», bromeó acompañada por las carcajadas de los asistentes, que llenaban el auditorio.
«La relación con la escritura no es una relación de amor –avanzó la cronista y escritora–, es una relación muchísimo más compleja que eso, pero no podría renunciar a ella. Si alguien me preguntara qué hago en la vida, yo respondería que soy una persona que escribe«. Y antes del cierre, contó que no conoce el miedo a la página en blanco: «No me sucede. Yo me siento y escribo y si tengo que escribir una columna para mañana y me comprometí a hacerlo, algo sale».
Chicas con humor
A la misma hora en la que Leila Guerriero describía su vínculo con la escritura, en la hermosa Biblioteca del Malba, las humoristas Malena Pichot y la española Isa Calderón reflexionaron sobre la posibilidad y la potencia de reírse en la charla “¡Ja! Hacer reír en tiempos sin gracia”, con la coordinación atinada, simpática e inteligente de Ana Prieto, que enlazó preguntas y comentarios que invitaron a las dos protagonistas a divertirse y divertir.
Ambas recorrieron las características de algunas presentaciones de stand up de humoristas varones que cuestionan al feminismo: “No pueden creer que hay algo que no puedan decir y entonces le buscan la vuelta”, hipotetizó Pichot y acordó Calderón: “Les pasa a estos tipos porque siempre han podido hacer todo”.
Por su parte, también defendieron el derecho de reírse de ellas mismas y de sus propias luchas: “Podemos porque hemos tenido un activismo muy notorio, que todo el mundo ha visto y eso da el derecho de poder hacerlo”, ratificó Calderón.
CUL / Sábado Isa Calderón
Prieto evocó un libro relevante: “Gracias a ti –le dijo a la española–, descubrí un libro divino que se llama La risa de las mujeres: Una historia de poder, de Sabine Melchior-Bonnet. Aunque tiene varios años, muestra básicamente cómo durante siglos la risa femenina estuvo vigilada, fiscalizada e incluso considerada incompatible con la familia, la maternidad y el decoro y la belleza que se les atribuye a ese universo”.
Calderón consideró que el panorama no cambió tanto: “Que intentemos sacar la risa hace que a mí me odien en mi país. Claro que hay gente que no me detesta, pero sí que hay otros que lo hacen por las cosas que decimos. Porque si vas a un teatro y las dices y el público se ríe, sobre todo mayoritariamente femenino, esto significa que es verdad. Y eso es peligrosísimo, es un arma fantástica el humor, porque con este tipo de discursos entra todo”, puntualizó Calderón.
Por su parte, Pichot, un poco en broma y un poco en serio, recordó que las mujeres se ríen muchas veces para que no las maten: “Si estás en un boliche a las 4 de la mañana y viene un borracho, también te reís. Esa risa también está fiscalizada”, ejemplificó.

Isa Calderón contó que fue víctima varias veces de ataques virtuales de odio. Una vez por decir que no le gusta El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, en el prime time televisivo de España. “Me amenazaban de muerte o de que me iban a violar”, narró. Pichot, por su parte, recordó que fue denunciada penalmente por un posteo en X.
El público, que no era exclusivamente femenino por cierto, acompañó la charla con carcajadas y aplausos, en un anticipo de lo que será la clausura del festival mañana, cuando Calderón y la argentina-catalana Lucía Lijtmaer graben una edición de su podcast Deforme Semanal en el Auditorio del Malba.

