La mesa política de La Libertad Avanza atraviesa una interna por el alcance real que tiene dentro del Gobierno. El problema fue expuesto públicamente días atrás por Patricia Bullrich, quien aseguró desconocer el capítulo de discapacidad del Presupuesto 2027, pese a que horas antes de su presentación había participado de dicho cónclave en Casa Rosada. La jefa del bloque de senadores libertarios viene reclamando mayor participación en las decisiones que después deben defenderse en el Congreso y no faltan en su entorno quienes cuestionan que algunas definiciones de peso se resuelven en otro circuito, más reducido y alejado de la estructura formal que encabeza Javier Milei. Una suerte de «mesa política blue».
La tensión dejó expuesta una dinámica que empieza a repetirse dentro de Balcarce 50. Hay una reunión semanal que funciona como instancia institucional de coordinación, con Karina Milei, Santiago Caputo, Diego Santilli, Martín Menem y Bullrich, pero también un ámbito informal en el que intervienen funcionarios y dirigentes del núcleo más cercano al Presidente y donde se terminan de definir algunas de las principales decisiones del Gobierno. La primera, que este martes fue suspendida porque Karina Milei viajara a la inauguración de una planta de litio en Salta, corre el riesgo de quedar limitada a la foto -aunque últimamente ni siquiera se difunde- mientras las definiciones de fondo llegan cerradas desde ese segundo circuito.
El conflicto quedó expuesto con la discusión por el tema discapacidad. Bullrich cuestionó que los cambios incorporados al proyecto no hubieran sido discutidos previamente en la mesa política y contradijo públicamente al jefe de Gabinete, Diego Santilli, quien había asegurado que el tema había sido conversado. Para la senadora, el problema no fue solamente el contenido de la propuesta sino el mecanismo mediante el cual se tomó la decisión y luego se trasladó al Congreso. El planteo adquiere especial relevancia ahora que el Gobierno necesita de sus aliados para avanzar con el Presupuesto y con la reforma electoral, incluida la eliminación de las PASO.

El Gabinete dijo presente en el Argentina Week.
Presidencia
En ese esquema, Karina Milei quedó ubicada en una posición particular. La secretaria general de la Presidencia es parte del núcleo que conduce las conversaciones políticas, pero también es quien intenta administrar las diferencias entre Bullrich y Luis Caputo. En los últimos episodios evitó tomar partido públicamente y procuró contener a la senadora, aun cuando dentro del Gobierno comenzaron a aparecer señales de hartazgo por sus sucesivos cuestionamientos.
El vínculo entre Bullrich y Caputo concentra buena parte de esas diferencias. La discusión por discapacidad fue el episodio más visible, pero detrás aparece una discusión más amplia sobre los márgenes que tiene el Gobierno para sostener el programa económico y, al mismo tiempo, construir políticamente de cara a 2027. El ala política reclama mayor coordinación y advierte sobre el costo que algunas decisiones pueden tener en el Congreso y entre los aliados. Economía, en cambio, sostiene que las principales variables del programa no pueden quedar condicionadas por las urgencias políticas.
Ese contrapunto explica por qué la mesa política oficial comenzó a convertirse en un ámbito de discusión sobre algo más profundo que el calendario legislativo. Bullrich planteó que allí deberían evaluarse de antemano las posibilidades de aprobación de los proyectos y el impacto que tendrán sobre los bloques aliados. El objetivo, según su planteo, es evitar que el Gobierno envíe iniciativas que después no pueda convertir en ley y termine pagando el costo político de una derrota parlamentaria.

Javier Milei junto a Patricia Bullrich.
Presidencia
La diferencia entre los dos circuitos también se observó en la actividad de este lunes. Javier Milei encabezó una nueva reunión de Gabinete en Casa Rosada, después de su regreso de París. El encuentro estaba planteado como una instancia para ordenar la agenda del Gobierno y definir prioridades legislativas para el último trimestre del año.
Sin embargo, la ausencia de Caputo en el encuentro abrió inicialmente distintas versiones dentro del propio Gobierno. Desde el Ministerio de Economía señalaron que el ministro no se sentía bien, mientras que desde Presidencia indicaron en primer lugar que se encontraba de viaje, y luego coincidieron con la versión de Hacienda. La diferencia en la explicación volvió a poner de manifiesto las dificultades de coordinación interna que el Gobierno viene intentando contener y que ya habían quedado expuestas durante la discusión por el Presupuesto. Horas después, el ministro se presentaba en vivo al streaming oficialista Carajo.

Javier y Karina Milei, junto a Luis Caputo.
Por si fuera poco, Javier Milei invitó a la reunión al economista Alberto Ades, doctor en Economía por la Universidad de Harvard, quien presentó ante el Gabinete su último trabajo, “El mundo que ya llegó. Geopolítica, deuda y mercados: el cambio de régimen ya se puede medir”.
La mesa blue y las diferencias sobre el rumbo económico
El problema, sin embargo, no parece estar en la existencia de distintas opiniones sino en el lugar donde esas opiniones terminan convirtiéndose en decisiones. La discusión sobre cómo llegar a 2027 sin alterar los pilares del programa económico empezó a ganar espacio. La idea, según el ala política, no pasa por abandonar el equilibrio fiscal ni por retomar políticas que el Gobierno asocia con el populismo, sino por encontrar herramientas que permitan que la recuperación se traduzca con mayor claridad en la economía cotidiana y tenga un impacto más visible sobre el electorado.
El tipo de cambio aparece como uno de los puntos de esa discusión. Según pudo saber este medio, en una de las reuniones Bullrich volvió a plantear que el dólar debería acompañar la evolución de la inflación, con el argumento de que un atraso cambiario sostenido puede terminar afectando la actividad y la competitividad. El planteo, sin embargo, chocó con la posición del equipo económico, que mantiene su estrategia cambiaria y no parece dispuesto a modificarla por razones electorales.
La tensión se vuelve más relevante porque el oficialismo entra en una etapa en la que necesitará combinar la administración económica con la construcción de acuerdos políticos, y octubre aparece como un mes decisivo para avanzar con el Presupuesto 2027 y con la reforma electoral.
La mesa política formal deberá, entonces, demostrar cuánto peso tiene realmente dentro del esquema de decisiones. La discusión ya no pasa solamente por quién se sienta alrededor de la mesa sino por qué decisiones llegan allí antes de ser tomadas y cuáles aparecen cuando el margen de negociación ya quedó reducido.

