Países tradicionalmente con menor peso económico comienzan a registrar tasas de crecimiento superiores.
México y Brasil crecerán por debajo del promedio regional en 2026, mientras Guyana mantiene un extraordinario auge petrolero y las economías centroamericanas ganan terreno como destinos de inversión
El mapa económico de América Latina está cambiando. Mientras algunas de las mayores economías de la región avanzan a un ritmo moderado, países tradicionalmente con menor peso económico comienzan a registrar tasas de crecimiento superiores y a atraer inversiones que antes tenían como destino natural mercados como México.
Luis Miguel González, analista económico, destacó en entrevista con Ana Francisca Vega para MVS Noticias que mirar únicamente las cifras mexicanas impide apreciar una transformación más amplia que está ocurriendo en el continente.
“Los famosos gigantes de América Latina están dormidos. Brasil y México crecen abajo del promedio”, señaló González.
El contraste más espectacular está en Guyana. La pequeña nación sudamericana, vecina de Venezuela, crecerá alrededor de 23% en 2026, de acuerdo con las cifras citadas por el analista. No se trata, además, de un fenómeno aislado: el país acumula varios años con tasas superiores al 20%.
Guyana y el petróleo que transformó una economía
La explicación está bajo tierra y frente a sus costas: petróleo.
“Encontraron petróleo y literalmente les cambió el mapa”, explicó González.
Según las cifras expuestas durante la entrevista, el PIB per cápita de Guyana pasó de alrededor de 7.000 dólares anuales a unos 32.000 dólares en cinco años. El país podría convertirse así en una de las economías con mayor ingreso por habitante del continente.
El boom petrolero, además, todavía tiene recorrido. González aseguró que las perspectivas apuntan a que la expansión continuará durante los próximos años.
El caso resulta excepcional dentro de una región acostumbrada a tasas de crecimiento mucho más modestas. Pero detrás de Guyana aparece otra tendencia que puede resultar más relevante para México: el avance de Centroamérica.
Centroamérica gana terreno
Guatemala crecerá alrededor de 3,7% este año; Panamá, 4,1%, y Costa Rica, 3,3%, según las cifras mencionadas por González. Todos los países centroamericanos, afirmó, superarán el 3% en 2026.
“Es literalmente un jalón de orejas para México”, sostuvo.
El asunto no se limita a comparar porcentajes de crecimiento. Algunas economías centroamericanas comienzan a competir directamente por proyectos productivos que en otras circunstancias podrían haberse instalado en territorio mexicano.
La industria textil y del vestido es uno de los ejemplos. Centroamérica está fortaleciendo su participación en esas cadenas productivas y, según González, se está llevando proyectos que tradicionalmente hubieran encontrado en México un destino atractivo.
Panamá ofrece otra señal del cambio. Su posición como nodo logístico no depende únicamente del canal: cuenta también con infraestructura aeroportuaria competitiva y una ubicación que le permite desempeñar un papel relevante en el movimiento de mercancías y personas por el continente.
México necesita mirar también hacia el sur
El desempeño de la región plantea para México una discusión más amplia sobre su posición económica. La integración comercial del país está profundamente orientada hacia Estados Unidos y Canadá, pero geográfica, histórica y culturalmente también forma parte de América Latina.
Esa doble condición puede convertirse en una oportunidad.
“Somos América del Norte, pero también somos América Latina”, señaló González. Para el analista, México necesita conectarse más con las economías situadas al sur, tanto para diversificar sus relaciones como para aprovechar nuevas oportunidades de crecimiento.
La comparación también obliga a revisar una vieja idea sobre el peso mexicano en la región. González recurrió al fútbol para describirlo: México ya no puede comportarse como el “gigante de la Concacaf” que da por descontada su superioridad frente a sus vecinos.
Mientras México y Brasil crecen por debajo del promedio y Chile —durante años considerado un referente económico regional— avanza menos de 1%, economías más pequeñas están acelerando.
Una buena noticia que puede incomodar a Trump
La relación con Estados Unidos sigue siendo, sin embargo, el principal motor externo de la economía mexicana. González destacó que el superávit comercial de México con su vecino del norte creció 21% en agosto, impulsado en buena medida por las exportaciones de equipo de cómputo.
El dato representa una paradoja. Es positivo para la actividad exportadora mexicana, pero puede convertirse en un punto de tensión con el Gobierno de Donald Trump, que ha colocado los déficits comerciales estadounidenses en el centro de su agenda económica.
“Es la típica buena noticia que no le gusta al vecino”, resumió González.
El economista matizó, además, la idea de que ese superávit represente simplemente una competencia entre México y Estados Unidos. Una parte importante corresponde a empresas estadounidenses que mantienen operaciones productivas en territorio mexicano y comercian entre distintas unidades de una misma compañía.
“No es México contra Estados Unidos, sino México con Estados Unidos”, explicó.
Ese comercio intrafirma refleja hasta qué punto ambas economías están entrelazadas, aunque González anticipó que el crecimiento del superávit podría aparecer nuevamente en las próximas rondas de negociación bilateral.
El desafío para México se produce así en dos direcciones: conservar la integración que ha construido hacia el norte mientras observa con mayor atención lo que sucede hacia el sur. Porque, mientras los gigantes latinoamericanos avanzan lentamente, varias de las economías que durante años permanecieron fuera del foco están comenzando a moverse más rápido.

