El filósofo Slavoj Žižek y su polémica defensa de una izquierda universalista

En Una izquierda que se atreva a decir su nombre (Anagrama), el filósofo esloveno Slavoj Žižek nos entrega un conjunto de intervenciones intempestivas, mayormente artículos publicados en medios de comunicación, según sus términos “considerablemente reescritas”, sobre una diversidad de temas de índole política, social y cultural.

Slavoj Žižek. Archivo Clarín.

El libro, originalmente publicado en 2020 y recién traducido al castellano, resulta claramente enmarcado en un clima de época prepandémico, pero que de manera sorprendente anticipa y desarrolla diversas constantes que nos atravesaron estos últimos seis años.

En la introducción del volumen, el autor define la perspectiva sobre la que abordará estas problemáticas: “Necesitamos intervenciones comunistas porque nuestro destino todavía no está decidido, no solo en el sentido más simple de poder elegir, sino en un sentido más radical de escoger nuestro propio destino”.

La mirada zizekiana, de manera nítida, se asienta en una postura de izquierda lacano-marxista carente de culpa y de vergüenza y, al mismo tiempo, resulta crítica de expresiones populistas tanto de derecha como de izquierda. Afirma Žižek: “Lo que necesitamos hoy en día es una izquierda que se atreva a decir su nombre, no una izquierda avergonzada que cubra su esencia con alguna hoja de parra cultural. Y este nombre es comunismo”.

El acercamiento de Žižek a la realidad resulta extraordinariamente refrescante en su forma de pensar a contrapelo muchos de los elementos sometidos a cuestionamiento en el presente, por caso: el universalismo, el europeísmo o el laicismo. Su reivindicación de Marx, a quien denomina un “fantasma que sigue rondándonos”, apela al carácter universal de la lucha emancipadora y a la categoría de clase que considera más que necesaria para contradecir al poder del capital global.

Restitución de la categoría de clase

Frente a toda política identitaria, el pensador esloveno invoca la restitución imperativa de la categoría de clase. El término “comunista” es puesto en circulación por parte del autor para designar una postura de izquierda radical contemporánea que no sea ni populista ni identitaria y, al mismo tiempo, se nutra de principios universalistas.

En este sentido, sentencia Žižek: “esta es la espinosa cuestión que la izquierda europea evita a toda costa: cómo elaborar una nueva idea izquierdista de Europa sin sucumbir a la tentación del nacionalismo populista”.

CUL / Slavoj Žižek

Para el filósofo de Liubliana, “el populismo nunca funciona”, sea en su versión derechista como en su versión de izquierda. En ambos casos, se trata de construcciones de falsos enemigos (el judío o el capital) que le otorgan un peso místico a la abstracta noción de “pueblo”. Žižek es lapidario con el experimento griego de Syriza, pero también con el régimen de Nicolás Maduro, al mismo tiempo que elogia a Die Linke, el partido de izquierda radical alemán (recientemente ganador de las elecciones en Berlín), al sostener que “representan de manera eficaz los intereses de sus votantes de clase obrera”.

Por otra parte, el pensador esloveno señala con lucidez visionaria que el “capitalismo autoritario se propaga por el planeta de manera lenta pero constante” a propósito de los ejemplos de regímenes totalitarios con economías de mercado como los casos de Singapur, China y anteriormente el Chile de Pinochet.

Pareciera que el esquema no democrático capitalista, del cual en nuestro presente son propagandistas empresarios tecno-paleolibertarios como Peter Thiel, tenía antecedentes que hay que radicalizar en el marco de la batalla comercial del siglo XXI entre Estados Unidos y la nación de Mao.

Resulta particularmente interesante la forma en que Žižek aborda la cuestión del “marxismo cultural”, mote con el que las nuevas derechas califican el supuesto socavamiento de los “valores morales de Occidente” a través de la propalación de ideas feministas, LGBTQ+, de las teorías de género, pero también del culto al hedonismo.

Slavoj Žižek. Archivo Clarín.

Según el punto de vista del filósofo de Eslovenia, en rigor habría que hablar de “capitalismo cultural” para referirse a este proceso de liberalización de las costumbres y de mercantilización del deseo (de las drogas a la pornografía).

Nueva fase del capitalismo

De manera lúcida, Žižek recurre a lo que Fredric Jameson describió como la consecuencia de una nueva fase del capitalismo luego de la Segunda Guerra Mundial que destruyó todo tipo de rastro de la ética protestante, del valor del ahorro y del puritanismo social para avanzar hacia una sociedad mucho más horizontal y desjerarquizada.

Como bien plantea el autor: “La obsesión de la derecha alternativa con el marxismo cultural indica que rechaza enfrentarse al hecho de que el fenómeno que critica como los efectos del complot cultural marxista (la degradación moral, la promiscuidad sexual, el hedonismo consumista, etc.) es resultado de la dinámica inmanente del propio capitalismo tardío”.

Y agrega: “El término marxismo cultural desempeña pues el mismo papel estructural que el del complot judío en el antisemitismo”.

De hecho, el pensador de Liubliana deja en evidencia que los principales referentes de la demonizada Escuela de Frankfurt, como el propio Max Horkheimer, lejos de condenar la familia patriarcal, señalan cómo el modelo paterno puede brindar a los jóvenes un apoyo estable para resistir las presiones de la sociedad.

De esta manera, Žižek logra presentar una izquierda original que, al mismo tiempo que es profundamente crítica de los populismos de derecha y de izquierda, también señala las inconsistencias de las derechas alternativas y de la cultura woke progresista, abriendo la perspectiva de un izquierdismo que no renuncia a ninguna radicalidad pero que mantiene una postura clasista, universalista, cosmopolita y europeísta.

Una izquierda que se atreva a decir su nombre. Intervenciones intempestivas, de Slavoj Žižek (Anagrama). Foto: gentileza.

Hacia el final del libro, se interroga Žižek: “¿podemos imaginar algo más occidental que el posmodernismo o el marxismo?”. Efectivamente, se trata de productos culturales o ideológicos nacidos en Europa y Estados Unidos.

Esta izquierda zizekiana no es sino, a mis ojos, liberal en muchos aspectos, como también lo era, en cierta forma, Marx. Por esa innovación y desparpajo para pensar con libertad, es que Una izquierda que se atreva a decir su nombre es un texto tan disfrutable como recomendable.

Una izquierda que se atreva a decir su nombre, de Slavoj Žižek (Anagrama).

Redacción

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