La Argentina mantiene los precios más altos de América Latina en indumentaria y restaurantes, pese a una leve baja registrada durante julio. El dato surge del Índice Mensual de Precios Relativos de Fundar, que compara el costo de distintos bienes y servicios en dólares entre países de la región.
Según el relevamiento, el país se abarató un 0,3% en dólares durante julio. Sin embargo, esa variación no modificó su posición en los dos rubros que encabezan el ranking regional de precios.
Qué dice el informe sobre los precios en dólares
El estudio analiza 11 categorías de consumo para determinar en cuáles la Argentina resulta más cara o más barata frente a sus vecinos. Además de la ropa y los restaurantes, el país presenta precios superiores al promedio regional en comunicaciones, recreación y equipamiento del hogar.

En cambio, registra valores inferiores al promedio latinoamericano en alimentos, educación, vivienda y servicios, alcohol y tabaco, y salud. El transporte se ubica cerca de la media regional, según el informe publicado por Fundar el 8 de octubre de 2026.
La comparación se basa en el nivel de precios expresados en dólares y utiliza como referencia el Price Level Index, indicador del Programa de Comparación Internacional del Banco Mundial. Esta metodología permite observar cuánto cuestan los bienes y servicios en distintos países, más allá de las diferencias entre sus monedas.
El resultado también muestra que el costo de vida argentino no es el más alto de la región en términos generales. De acuerdo con Fundar, el país se ubica un 1,7% por debajo del promedio latinoamericano, aunque acumula un encarecimiento relativo del 2,3% desde la asunción de Javier Milei.
Por qué la ropa argentina sigue siendo cara
El precio de la indumentaria es uno de los puntos más discutidos por su impacto en el bolsillo. Un estudio anterior de Fundar identificó entre los factores que explican el encarecimiento de la ropa la protección comercial, las dificultades macroeconómicas y los problemas de financiamiento que limitan la inversión y la productividad del sector.

En gastronomía, los precios también generan preocupación por sus efectos sobre el turismo. Cuando comer afuera resulta más caro en dólares que en otros destinos, la Argentina puede perder parte de su atractivo para los visitantes extranjeros.
Al mismo tiempo, los valores locales incentivan a algunos consumidores argentinos a comparar precios y buscar alternativas en el exterior. La indumentaria y otros bienes de consumo quedan así en el centro de la discusión sobre la competencia, los costos comerciales y la apertura de las importaciones.
La baja de julio representa un alivio puntual, pero no elimina las diferencias acumuladas. El desafío para la economía argentina es reducir los costos relativos y mejorar la competitividad sin perder de vista el impacto de los precios sobre los consumidores y las empresas.

