Una derecha para América Latina

Es oportuno hablar de cómo debe ser esa ‘nueva ola’ de la derecha continental: esa ‘bossa nova’.

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EMPRESARIO E INGENIEROActualizado:

La inesperada votación de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta de las presidenciales brasileñas reafirma la posibilidad de una ola de gobiernos de derecha en América Latina. Sería el regreso del péndulo, tras la ‘marea rosa’ que marcó el comienzo del siglo XXI en la mayoría de los países del vecindario. Es oportuno, por tanto, hablar de cómo debería ser esa nueva ola: esa ‘bossa nova’.

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Comencemos por lo económico. No basta con que la derecha pregone el credo del crecimiento: debe practicarlo también. Eso significa promover la productividad y la competencia: no solo defender al empresariado existente, sino crear condiciones para que nazcan muchas más empresas formales. El liberalismo económico es incompatible con la protección de oligopolios, los subsidios regresivos, las barreras de entrada, los privilegios empresariales. Una cosa es la libertad de mercado; otra, el capitalismo de compadres.

En el frente social, la izquierda es dueña del discurso igualitarista. Pero no le debe interesar a la derecha arrebatarle la bandera del igualitarismo forzado. Debe hacer algo mejor: apropiarse de la causa de la movilidad social. Eso se logra con programas de nutrición infantil, educación pública de calidad, infraestructura, acceso al crédito, protección de los derechos de propiedad y promoción del empleo formal.

Con frecuencia la izquierda olvida que las personas tienen agencia. Quiere convertirnos en súbditos dependientes de un elefantiásico Estado paternalista. Pero la derecha no puede ignorar que las circunstancias de las personas también importan. No todo se supera con heroísmo individual. En un país con tanta disparidad de oportunidades como Colombia, la idea de que “el pobre es pobre porque quiere” es, sencillamente, una idiotez.

El discurso de la reducción del Estado y la moderación fiscal es sin duda importante. Pero es limitado como argumento político, en particular en el contexto latinoamericano. Los estratos más vulnerables no sienten que tengan suficiente que ganar del sistema como para preocuparse por impuestos más bajos. Pero sí les importa la igualdad de oportunidades. Y que el sistema los trate con dignidad.

Necesitamos una derecha que garantice el orden y la seguridad, pero sin caer en nostalgias de dictaduras del siglo pasado

En materia ideológica, la derecha latinoamericana del siglo XXI debe defender la tradición liberal de Occidente: democracia, Estado limitado, igualdad ante la ley, economía de mercado, libertades de culto y de expresión, derechos individuales, la ciencia como base del conocimiento. Eso no significa seguir siempre la línea de Washington; de hecho, Washington no siempre hace honor a esos ideales.

No hay cabida en esa lista para la xenofobia o el nacionalismo barato. El nacionalismo es la noción casi zodiacal de que el valor de las personas depende de la latitud y longitud de su lugar de nacimiento. En pleno 2026, cuando estamos próximos a conquistar otros cuerpos del sistema solar y a crear inteligencias hechas no de carbono, sino de silicio, ¿no es hora ya de superar esa mendaz astrología?

Tampoco hay cabida para el uso selectivo de la ciencia: rechazar, por ejemplo, la llamada ‘ideología de género’ —entendida como la versión más radical y militante de ciertos aspectos de la teoría de género— con base en el argumento, científicamente defendible, de las diferencias biológicas entre los sexos. Pero a renglón seguido negar la realidad del cambio climático antropogénico.

Necesitamos una derecha que garantice el orden y la seguridad, pero sin caer en nostalgias de dictaduras del siglo pasado. Que se obsesione con el crecimiento económico, pero sin despreciar a los pobres. Que defienda a la familia y las tradiciones, si así lo consideran sus corrientes mayoritarias, pero sin imponer mediante el Estado una moral religiosa particular. Una derecha que no pretenda regresar al pasado —ese pecado dejémoselo a la izquierda, con sus añoranzas socialistas—, sino insertar a la región, por fin, en la modernidad.

¿Puede existir en América Latina una derecha liberal en economía, firme en seguridad, reformista en lo social, tolerante en lo cultural y defensora del Estado de derecho? Si la respuesta es sí, tiene un espacio político enorme. ‘O maior do mundo’.

THIERRY WAYS

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Redacción

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