13 octubre 2026 · @caba_vive Fotos: Camila Martinez Nassif Por: Galo, Maíl
Ayer por la noche se vivió una verdadera experiencia inmersiva en Palermo. El Cuarto Soda presentó una propuesta tan minuciosa como conmovedora: recrear de principio a fin el histórico MTV Unplugged que la mítica banda argentina grabó a mediados de los noventa.
El entorno del lugar jugó un papel fundamental. En un clima cálido, íntimo y relajado, ideal para sentarse a comer y tomar algo, la atmósfera se transformó desde el primer acorde. La escenografía, el vestuario perfectamente logrados y un sonido donde cada arreglo estuvo quirúrgicamente equilibrado en vivo lograron una ilusión perfecta: por un momento, la sensación era la de estar escuchando literalmente a Soda Stereo tres décadas atrás.

El repertorio de la velada respetó con precisión quirúrgica el setlist original de aquella noche en Miami:
- Un Misil en mi Placard
- En la Ciudad de la Furia (con la infaltable recreación del dueto junto a Andrea Echeverri)
- Entre Caníbales
- Pasos
- Zoom
- Cuando Pase el Temblor
- Té para Tres (Incluyendo el solo de guitarra en homenaje al Flaco Spinetta)
- Ángel Eléctrico
- Terapia de Amor Intensiva
- Disco Eterno
- Ella Usó Mi Cabeza Como un Revólver
- Paseando por Roma
- Génesis (el clásico cover de Vox Dei)
La paradoja detrás de un show legendario
La contundencia de lo desplegado por El Cuarto Soda cobra aún más valor cuando se repasa el trasfondo de aquella grabación realizada el 12 de marzo de 1996 en los estudios Post Edge de Miami.
En aquel momento, el formato Unplugged de MTV atravesaba su época dorada tras el paso de figuras como Eric Clapton, Nirvana y Charly García. Sin embargo, cuando la cadena estadounidense buscó convocar a Soda Stereo, la respuesta inicial fue de un marcado rechazo. La banda acababa de publicar Sueño Stereo (1995), una obra cargada de experimentación electrónica, capas de sintetizadores y una sofisticación sónica lejana al formato acústico tradicional. Sentarse a repasar sus grandes éxitos con guitarras criollas les sonaba a una propuesta plana y a un paso atrás en su evolución.
La negociación terminó destrabándose bajo los términos del trío: tocarían «desenchufados», pero incorporando samplers, teclados, pedales de distorsión y secuenciadores. Cerati definiría el concepto como un concierto «eléctrico y acústico a la vez», rompiendo de entrada con los moldes del canal.
Tensión, ensamble y una tregua musical

Para llevar a cabo el proyecto, Soda se recluyó en extenuantes jornadas de ensayo en Buenos Aires. Convocaron a un ensamble de cuerdas y vientos dirigido por Alejandro Terán y sumaron a Tweety González en teclados. Detrás de semejante despliegue sónico, el clima humano dentro del grupo rozaba su punto más crítico, anticipando la separación formal que ocurriría un año después. Sin embargo, esa misma tirantez funcionó como un catalizador: la sesión se transformó en una tregua donde toda la energía terminó canalizada en una interpretación densa, flotante y de una precisión impecable.

Aquella velada dejó pasajes memorables en la retina del rock hispanoamericano: la interacción vocal y la química con Andrea Echeverri en «En la Ciudad de la Furia», la carga emotiva de «Té para Tres» —atravesada por el recuerdo de la pérdida del padre de Cerati— y el contundente desafío a las normas de MTV cuando desplegaron una auténtica pared de guitarras distorsionadas al ejecutar «Ángel Eléctrico».
Del rompecabezas discográfico al hito definitivo
Llevar esa experiencia al formato físico tampoco estuvo exento de complicaciones. Tras la grabación a fines de 1996, los nudos contractuales entre MTV y la discográfica Sony Music impidieron que el disco incluyera la totalidad de la sesión. De las 13 canciones grabadas, solo 7 pudieron formar parte de la primera edición. Para no entregar un álbum incompleto, la banda decidió sumar cuatro tracks de estudio inéditos que habían quedado fuera de Sueño Stereo («Sonoman», «Planeador», «Coral» y «Superestrella»). Así nació Comfort y música para volar, un trabajo híbrido cuya tapa —un televisor retro— sintetizaba esa búsqueda de invitar al oyente a un viaje mental.
Recién en 2007, con la maraña de derechos destrabada, el concierto vio la luz en CD y DVD con su repertorio completo y en el orden original en que fue ejecutado.

Treinta años después, el concierto sigue figurando entre las obras cumbre de la música en español. Lo vivido anoche en Palermo fue la ratificación en directo de esa mística: una noche donde El Cuarto Soda demostró que, cuando la ejecución es impecable, viajar en el tiempo es absolutamente posible.
Si uno cerraba los ojos, la ilusión era absoluta: en el aire flotaba un timbre vocal, una inflexión y una sonoridad que remitían sin intermediarios a la garganta de Gustavo Cerati. Pero al abrirlos, el fenómeno se volvía aún más perturbador y mágico. Brian Tolenti, al frente del escenario, no solo encarnó el vestuario y la estética impecable de aquella noche en Miami, sino que capturó los gestos mínimos, la postura corporal, la forma de abrazar la guitarra y los movimientos sutiles que definieron al líder de Soda. Observar la escena desde arriba era presenciar un pliegue temporal: la sensación conmovedora de estar frente al mismísimo escenario de 1996, donde el pasado se materializaba en el presente.
Redes: @elcuartosodaok, @britolenti y @soloceratiok.
Producción: @koala.produ. Prensa: @fercaligari. Coordinación: @backpack.prod.films.ok.



