Existen hábitos que, por más repetidos que suenen, no dejan de mostrar sus efectos positivos para el cuerpo y la mente. Así lo confirmó un estudio científico de la Universidad de Binghamton, en el cual se detalló cada uno de los factores que, entre otras cosas, pueden mejorar a reducir el estrés.
En ello se ligó a los hábitos saludables con un recurso que modifica la forma en que la persona se ve afectada en situaciones estresantes. Se trata de la flexibilidad psicológica, la capacidad de adaptar los pensamientos, las emociones y las conductas a situaciones cambiantes de forma equilibrada y constructiva.
Y para mejorar esta capacidad existen ciertas acciones específicas. Las mismas fueron detalladas por la profesora Lina Begdache, una de las autoras del estudio publicado en Journal of American College Health.
Flexibilidad psicólogica, la capacidad clave para los momentos de presión
Lina Begdache, profesora adjunta de estudios de salud y bienestar en la mencionada institución de Estados Unidos, detalló tiempo atrás cómo son las personas con flexibilidad psicológica.
Tomar distancia, procesar las emociones y responder de forma constructiva es el paso a paso que puede llevar a buen término un momento difícil. Su opuesto es el bloqueo mental. Tales reacciones posibles aparecen en el transcurso de momentos de estrés.

Entre ellos, la licenciada en nutrición y dietética utilizó un ejemplo muchas veces cinematográfico, aunque seriamente real: perder un vuelo.
La reacción del afectado resulta clave. “Esa persona que pierde un vuelo y, en lugar de entrar en pánico, se adapta con serenidad a la situación. Puede que siga sintiéndose estresada, pero es capaz de manejarlo mejor gracias a su flexibilidad psicológica”, dijo al portal de noticias de la Universidad de Binghamton.
Begdache resaltó esa capacidad de mantener la calma estando bajo presión. “Se podría decir que son personas resilientes, pero también poseen lo que se denomina flexibilidad psicológica. Son capaces de cambiar su forma de pensar sobre la situación y utilizar sus recursos cerebrales para afrontar el estrés”, detalló.
El vínculo con la resiliencia
El estudio mencionado fue publicado a fines de 2025. El mismo se basó en una encuesta anónima a aproximadamente 400 estudiantes universitarios sobre dieta, hábitos de sueño, frecuencia de ejercicio y otros temas.
Como conclusión, Begdache y sus colegas se encontraron con que los hábitos saludables constantes, como el ejercicio regular y el desayuno, mejoran la flexibilidad psicológica. A su vez, esta fortalece la resiliencia mental y ayuda a las personas a afrontar el estrés.
Previamente Begdache ya había investigado la relación entre dietas de alta calidad y la resiliencia. En aquellas investigaciones se afirmó que una lleva al aumento de la otra, mientras que las dietas deficientes provocan lo contrario.
En Dietary and lifestyle factors and resilience: the role of psychological flexibility as a mediator, su estudio más reciente, aportó un dato más: la flexibilidad psicológica es el mecanismo a través del cual la dieta y el estilo de vida influyen en la resiliencia.
“El nuevo hallazgo es que la dieta y el estilo de vida no solo te hacen resiliente por sí solos. Te ayudan a desarrollar la flexibilidad psicológica, lo que, a su vez, te convierte en una persona resiliente”, sentenció la profesora en marzo 2026.
Los hábitos que ayudan a controlar mejor el estrés
Begdache y sus colegas afirmaron que un desayuno saludable, el ejercicio y una buena noche de sueño pueden ayudar frente a una situación estresante.

Desayunar cinco o más veces por semana, tomar aceite de pescado regularmente, y hacer ejercicio físico durante más de 20 minutos al día, se asociaron directamente con una mayor resiliencia.
Mientras tanto, el consumo de marihuana y dormir menos de seis horas tienden a tener menos resiliencia y menos flexibilidad psicológica.
Con motivo de señalar los alimentos que “potencian al cerebro”, la profesora del Decker College protagonizó un video en Youtube, aunque fue una recomendación en paralelo a dicho estudio científico. Arándanos, nueces, aceite de oliva virgen extra, salmón salvaje, cúrcuma, brócoli, huevos, palta y té verde fueron recomendados en aquella ocasión.

