La intervención salió bien, pero lo que viene después todavía no está definido. El Papa León XIV, de 71 años, fue operado el martes en el Hospital Gemelli de Roma. Le sacaron un nódulo pulmonar que resultó ser un adenocarcinoma, el tipo más frecuente de cáncer de pulmón.
A partir de ahora, el tratamiento depende de un dato que todavía no se conoce: el informe definitivo del patólogo. De ese resultado depende también la gira que el Pontífice tiene prevista por Sudamérica: del 6 al 8 de noviembre en Uruguay, del 8 al 11 en Argentina y del 11 al 17 en Perú.
“Para que la intervención fuera radical, se le extirpó el lóbulo inferior del pulmón derecho mediante una técnica videoasistida. El examen histológico in situ ha confirmado el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar, tal y como se sospechaba a partir de los exámenes preoperatorios”, informó el Vaticano.
La cirugía duró unos 90 minutos y no tuvo complicaciones, aunque, según la agencia ANSA, el Papa estuvo cerca de tres horas en el quirófano. Se espera que siga internado alrededor de una semana. Hasta ahora, la Santa Sede no anunció cambios en el viaje.
La clave: el tamaño del tumor y los ganglios
“El paso siguiente es esperar el informe definitivo del patólogo”, explica Claudio Martín, oncólogo especialista en pulmón del Instituto Alexander Fleming y presidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica. Según Martín, ese informe va a dar dos datos centrales. El primero es el tamaño final del tumor, que se mide en el laboratorio después de fijar la pieza con técnicas especiales. El segundo es si los ganglios extraídos durante la cirugía tienen metástasis. Esos ganglios son los que están dentro del pulmón, cerca del tumor, y los del mediastino, la zona que queda detrás del esternón, entre los dos pulmones.
Con eso se define el camino. “Si los ganglios no tienen metástasis y el tumor, en líneas generales, es menor de 4 centímetros, en general no se hace ningún tratamiento ulterior. Puede haber alguna disquisición cuando el tumor tiene entre 3 y 4 centímetros, y no se hace nada cuando tiene menos de 3 centímetros”, detalla Martín. En cambio, “si los ganglios tienen metástasis, independientemente del tamaño del tumor, o sea, no importa si el tumor tiene un centímetro, ahí tiene indicación de un tratamiento ulterior”.
El motivo, explica, es el riesgo de que la enfermedad vuelva. “Cuando el riesgo de recaída es más bajo, por ejemplo, tumor de 2 centímetros y ningún ganglio afectado, es más el riesgo de hacer el tratamiento que el riesgo de que el tumor pueda volver”, remarca.
Si hace falta tratamiento, lo más habitual es la quimioterapia: “La mayor parte de los pacientes reciben quimioterapia durante cuatro aplicaciones, durante unos dos o tres meses de tratamiento, y después algunos pacientes pueden recibir inmunoterapia”. A eso se pueden sumar medicamentos orales si el tumor tiene ciertas mutaciones.
Diego Kaen, oncólogo y director de Investigación Clínica del Centro Oncológico Riojano Integral, coincide con ese criterio. Los adenocarcinomas de más de 4 centímetros o con ganglios del mediastino positivos “son, en su gran mayoría, atribuibles a hacer un tratamiento de quimioterapia adyuvante, que es una quimioterapia posterior a la cirugía para disminuir la probabilidad de recaída”. En cambio, “si el tumor tiene menos de 4 centímetros y los ganglios son negativos, lo más probable es que no tenga que hacer ningún tratamiento y solamente control”.
El estudio genético que falta
Kaen señala otro dato pendiente: un análisis molecular del tumor llamado NGS (Next Generation Sequencing, secuenciación de nueva generación). Ese estudio permite saber si el cáncer tiene alteraciones que se pueden tratar con medicina de precisión. Una de ellas es la mutación EGFR, presente en entre el 25% y el 30% de los cánceres de pulmón, según el especialista. Si aparece, “requiere posterior a la cirugía la toma de una pastilla durante tres años”. Otra alteración, llamada ALK, también se trata con un medicamento oral.
Para Kaen, todavía no hay información suficiente. “La cirugía es el principal tratamiento de un cáncer de pulmón localizado, y todo da a entender que él tendría un cáncer localizado”, dice. Agrega que todo hace pensar que los ganglios del mediastino eran negativos, “pero no tenemos datos”.
Por qué sacaron un lóbulo entero
Kaen plantea una duda, que aclara que es “una interpretación absolutamente personal” y sin datos que la respalden. Cuando el nódulo es muy chico, como se había informado al principio, lo habitual es hacer una segmentectomía, es decir, sacar solo un segmento del lóbulo. Martín explica que en general los tumores de hasta 2 centímetros pueden operarse así. Al Papa, en cambio, le sacaron el lóbulo completo. “Para mí se encontraron con un tumor o con un nódulo más grande de lo que habían visto en los estudios previos”, arriesga Kaen. “Sacar un lóbulo es una cirugía mayor, es una cirugía oncológica, que requiere tiempo de recuperación”, agrega.
No todos lo leen así. En cirugía oncológica se busca sacar el tumor con un margen de tejido sano alrededor, y por eso sacar el lóbulo no significa necesariamente que haya habido una complicación. El Vaticano no dio más detalles del procedimiento.
La gira, en duda
Las fechas dejan poco margen. La gira empieza el 6 de noviembre, poco más de tres semanas después de la operación. Si el Papa necesita quimioterapia, el tratamiento de dos o tres meses se superpondría con todo el recorrido por Uruguay, Argentina y Perú. “Claramente, para mí va a ser muy difícil que el Papa venga. Si tiene que empezar quimioterapia, mucho menos”, sostiene Kaen.
Si el informe muestra un tumor chico sin ganglios afectados, el escenario cambia. En ese caso alcanzaría con controles periódicos, y quedaría por ver solo cuánto tarda en recuperarse de la cirugía. Kaen estima que, si fue una intervención mínimamente invasiva, la recuperación podría ser relativamente rápida.
Lo que se sabe del pronóstico
Antes de la operación, el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, dijo: “Cuando estas cosas se detectan a tiempo, se consiguen resolver”. Hasta ahora es la única señal de que el cáncer estaría en una etapa inicial. Según la Asociación Internacional para el Estudio del Cáncer de Pulmón (IASLC), la supervivencia a cinco años del adenocarcinoma en su estadio más temprano, el 1A1, es del 90 al 92%. Esa cifra baja a entre 52 y 65% en el estadio 2, a entre 12 y 41% en el estadio 3 y a un máximo de 15% en el estadio 4.
“La extirpación completa del tumor da a presuponer que es un estadio localizado y que la tasa de curación es sumamente alta”, resume Kaen. La confirmación, y la respuesta sobre el viaje, llegarán con el informe de patología.
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