La batalla de los laboratorios, otro alerta de los gobernadores y las leyes cerrojo que quiere Milei

Intentan salir del apagón legislativo

El Gobierno intentará esta semana salir del apagón legislativo -una peste que paraliza su agenda- con el intento de aprobación del Tratado internacional que contiene un polémico capítulo de reforma de la política de medicamentos, con cambios a la Ley de Patentes vigente.

La sesión no se ha convocado porque la intención de la Rosada es que se apruebe junto a una reforma a la Ley de Salud Mental, aún sin dictamen. Si lo logra, tiene que esperar siete días que no calzan con la intención de que se sesione este jueves y el Gobierno se adjudique algún triunfo legislativo después de una cadena de tropiezos en el peor momento de su trayectoria.

Quiere presentarse como una gestión eficiente y con futuro para que le crean que puede reelegir, y las señales que salen del propio oficialismo no transmiten el optimismo de las campañas de promoción.

La reforma de las patentes afecta a los laboratorios, que se caracterizan por su condición de ser una industria multinacional difícil de identificar con un país, aunque Estados Unidos promueva el tratado desde hace casi 40 años. La razón es porque la industria farmacéutica argentina es la más importante de América Latina.

El volumen de esa actividad la ha convertido en una de las que más aportan a las campañas electorales de todos los partidos. Es un facilitador de asperezas, como las que abren algunos medicamentos que se usan para romper prejuicios y tabúes.

En este caso han alcanzado algunas reservas de mercado que mantienen algunos beneficios para los sectores en puja a través de dos cámaras que reúnen, respectivamente, a las firmas locales y a las extranjeras. Unas y otras, sin embargo, suelen encontrarse en otros mercados con propiedades e intereses compartidos que hoy aseguran que la norma se aprobará.

Más lento no se puede

Para el Gobierno es imprescindible que esto ocurra porque la relación con los Estados Unidos depende de que se suba a este tratado, por encima de todos los reclamos que hace el imperio sobre seguridad, geoestrategia, finanzas, tierras raras y de las otras. Se lo vienen pidiendo a la Argentina hace casi medio siglo.

El tratamiento que ha tenido es un modelo de lentitud digno del mago tandilense René Lavand, que consagró la frase «Más lento no se puede» para ilustrar sus destrezas de «lentidigitador».

El Senado, si convoca a la sesión para el próximo jueves, ratificará una aprobación de la Cámara de Diputados que modificó la primera aprobación del proyecto que hizo la cámara alta en 1998. Hace 28 años. En aquella oportunidad los laboratorios locales afirmaron posiciones que aquel Senado aprobó por unanimidad -era otro siglo, otra integración de la cámara, y gobernaba otro menemismo-.

Pasaron los años y el actual Gobierno busca revisar aquella aprobación que buscaba apoyar a la industria nacional, para rectificar algunos excesos de los que se queja la industria multinacional. Como es un Tratado, la aprobación de 1998 no perdió estado legislativo y puede recibir un tratamiento en cualquier tramo del túnel del tiempo.

Los gobernadores se resisten

Si el oficialismo decide que quiere unir el tratamiento de esta norma con la de Salud Mental, deberá esperar. Pero como tiene los votos aceitados para que salga Patentes, en una de esas dejan el debate de Salud Mental para otro momento.

Este proyecto tiene observaciones de los gobernadores porque la reforma les traslada la atención de la salud mental a las provincias, pero no les asegura los gastos para la atención que deben asumir.

Aquí, el Gobierno propone lo mismo que hizo con la reforma de la Ley de Glaciares, o con el proyecto de la Ley de Villas: trasladar tareas y gastos a las provincias delegándoles la atención del medio ambiente (glaciares) o la provisión de los barrios populares (villas).

Los senadores están atentos a las reservas de sus gobernadores para que impidan que les sigan arrojando responsabilidades sin el dinero para asumirlas, cuando el mismo Gobierno recauda fondos con destino a obras civiles y a los ATN, y se los guarda para gastarlos discrecionalmente.

Gobernar no es sacar leyes como sea

Para un Gobierno que confunde gobernar con pedir leyes desde una minoría parlamentaria, lo peor que le puede pasar es el apagón legislativo que padece en el último año de su mandato. La impericia demostrada por los gerentes de la agenda legislativa ha hecho encallar los proyectos en los que confiaba el oficialismo para limpiar su camino a la reelección presidencial.

Esas iniciativas los han llevado a entregar casi todo para que sean votadas, y al haber sido desguazadas de su letra original, le han impedido mostrarle al público para el que trabaja -los mercados, los analistas de riesgo, los organismos internacionales- una fortaleza que le permita cumplir con las promesas que les han hecho.

La intención del Gobierno es dejar plantadas para el futuro restricciones y amenazas a los próximos gobiernos, con leyes cerrojo que comprometen a quienes los sucederán en administraciones venideras. Entre esos proyectos, hoy frenados en el Congreso, están: inviolabilidad de la propiedad, que salió del Congreso con muletas y escupiendo sangre —sin los capítulos de Tierras, Villas ni Fuego—; sociedades, súper RIGI y la reforma del Banco Central. Esas iniciativas están hundidas en el fango esperando que venga una 4×4 a sacarlas adelante.

Más bancas, pero menos eficiencia

¿Qué cambió con la legislatura que se integró en diciembre de 2025, después de que el oficialismo alcanzase la primera minoría en las dos cámaras?

El control del Senado pasó del grupo de los 37/38 senadores que había logrado reunir el oficialismo gracias a la tarea del exsenador Juan Carlos Romero, a una primera minoría que tiene como eje al bloque de La Libertad Avanza, coordinado por Patricia Bullrich.

Aquel grupo, que logró sacarle en 2023 el control de la Cámara alta al peronismo, permitió que saliesen leyes como la Ley de Bases y brindó esa primera minoría en favor de un Milei que gozaba un consenso legislativo en cuanto a permitírsele usar las herramientas para gobernar, con una agenda ajena y una fuerza también ajena.

Desde diciembre pasado, la Cámara tiene un polo de poder que es la decena de senadores de la UCR. Han cotizado una asesoría a cargo del exsenador por el Chaco Víctor Zimmermann, que funciona como la mesa de arbitraje de todos los proyectos que pasan por la cámara. A esa mesa acude Bullrich a negociar los proyectos en nombre del oficialismo.

Como ella tiene un proyecto propio, desacoplado de Olivos en forma y fondo, suele ceder más de lo que Olivos permite, y funciona más como una traba que como una facilitadora de los intereses del oficialismo en la cámara. Desde que dejó el Gabinete ha tomado una posición crítica ante cada posición adoptada por el Gobierno.

Comenzó cuando le soltó la mano al exvocero Manuel Adorni y ha continuado hasta ahora, cuando ha hecho circular que se reunió con Javier Milei a solas para retarlo y darle clases de política. Era difícil que con esa experiencia de Patricia como negociadora el Gobierno lograse alguna mejora.

La narrativa de su Gobierno suele repetir aquellos lemas frecuentes en las publicidades de Carlos Menem, que insistían en que no se iba a apartar del rumbo anunciado. Del «Menem ratificó el rumbo» de aquella década, se ha pasado al «Milei ratificó el rumbo». ¿Es necesario? Ellos creen que sí.

Su desempeño puede servir como ejemplo del llamado Efecto Dunning-Kruger, que explica la conducta -muy frecuente en políticos- de personas incompetentes que confían plenamente en su propio juicio porque son demasiado incompetentes para darse cuenta de su incompetencia.

Ni qué decir cómo suma a esas dificultades del oficialismo en la Cámara, el entendimiento objetivo que tiene Bullrich con Victoria Villarruel, que tampoco desperdicia las oportunidades de tomar distancia de Olivos. Las dos damas del Senado juguetean además con eventuales candidaturas presidenciales y para eso sobreactúan sus diferencias con el Gobierno como si ya estuvieran midiendo fuerzas.

Se copian del cristinismo

Los nuevos proyectos, como la ley de defensa por Malvinas o el presupuesto, están enredados en comisiones a las que los funcionarios del Gobierno van con argumentos provisorios que no prometen mucho. En el proyecto de Malvinas, la secretaria Legal y Técnica, María Ibarzábal, argumentó que se deben sancionar nuevos delitos para impedir que se repitan casos como el proyecto Quito.

Este proyecto fue una iniciativa del espionaje de la liga de países llamada «Five Eyes», para husmear en la intimidad de funcionarios argentinos por si estaban preparando alguna agresión a Gran Bretaña por Malvinas. La funcionaria echó mano de un argumento que había usado Cristina de Kirchner en aquellos años, cuando se indignó por los espías de los «Cinco Ojos» (EE. UU., Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelanda y Canadá, administradores del sistema SIGINT).

En la intención de malvinizarse, el Gobierno manoteó los argumentos de Cristina -cuya prisión ha festejado-. Los curiosos pueden ver esta trama en los libros «The Secret History of the Five Eyes: The Untold Story of the International Spy Network» (2025), de Richard Kerbaj, y «Permanent Record: A Memoir of a Reluctant Whistleblower» (2019), de Edward Snowden.

Cristina de Kirchner ha contado su reunión en Moscú en abril de 2015 con Snowden en el libro que firma «Sinceramente» (2019). También el oficialismo ha dictaminado que en la sesión de esta semana en Diputados se reponga la ley de Tierras de la familia Kirchner de 2011. Todo con tal de salvar el DNU 70, que se libró de que se prendiera fuego apenas por ocho votos.

El proyecto contiene bombas de profundidad de detonación retardada en el tiempo, como el agravamiento de las responsabilidades del Estado en las expropiaciones. Para que estas iniciativas prosperen, el Gobierno cede todo lo posible, aunque queden jibarizadas por aliados y opositores. La ley de salud mental se enredó por un debate de fondo sobre la naturaleza misma de las enfermedades mentales, y de la que no sale en una comisión del Congreso.

Igual, el Gobierno insiste y podrá tenerla. Lo mismo ocurre con la ley de patentes, que tendrá sanción con concesiones a las dos ligas de empresas del sector, grandes ponedoras de fondos de campaña a todos los partidos en todas las elecciones. Como hay acuerdo entre Gobierno y ponedoras, se festejará el resultado, que, según los críticos, reducirá los beneficios de los clientes de las farmacias.

¿Y el oro? Vení que te muestro mi pantalla

En algunos casos, como la reforma de la carta orgánica del Banco Central, el Gobierno ha arriado velas. Prefiere no agitar la legislatura por el debate colateral que se desató sobre el destino de las reservas en oro de la institución. Por ahora transita por una tertulia entre especialistas de las finanzas, que discuten conceptos como la diferencia entre reservas, cobertura de reservas, cauciones para amortiguar pérdidas, etc.

Lastima al Gobierno, como a cualquier administración, que la lupa del público se acerque a los detalles de transacciones financieras. Siempre el resultado son imágenes reprobables, sino escabrosas. En el papeleo del dictamen de la Auditoría General de la Nación, que ha insistido en que ha habido una pérdida de recursos con el trasiego del oro por los tesoros del mundo, surgen episodios extravagantes que pueden alegrar a guionistas de ficción.

Uno de los informes de la AGN relata que el Banco Central declaró el secreto de esa transacción. Cuando los auditores pidieron detalles dijeron que no podían entregarse por esa condición reservada. Afirma ese informe que recién en abril de 2026 -es decir, casi un año después de la primera nota de requerimiento (23/06/2025) y del inicio del reclamo por la información reservada- se consensuó entre AGN y BCRA el modo de acceso a la documentación.

Este modo de acceso no se entregaba con copia de documentación, sino que se permitía su visualización en una PC del BCRA, labrándose un acta dejando constancia de lo que se había visto. Patricia, que entra y sale de estos incendios con un bidón de nafta premium en la mano, dijo en una comisión del Senado:

«Más allá de todas las cosas que se dicen del oro, el oro está cuidado. Está en el mismo lugar que hace veinte años. No ha cambiado para nada. Esperen tener la próxima auditoría, que esperamos tener en poco tiempo, y ahí podrán ver. Espero que, en ese momento, se retracten de las cosas que dijeron respecto al oro.»

Con amig@s así, ¿quién necesita enemig@s?

Redacción

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