Cuando Timo Buetefisch y sus socios abrieron hace veinte años una empresa de alquiler de scooters en un garaje cerca de la Sagrada Família, nunca se le pasó por la cabeza que esa misma compañía, Cooltra, acabaría gestionando más de 30.000 motos eléctricas por media Europa. Menos aún que también alquilaría bicis por minutos, una tendencia al alza a nivel global con la que Barcelona, en cambio, quiere acabar.
La evolución vivida por Cooltra es, en cierto modo, paralela a la ciudad que la vio nacer. Hace dos décadas en Barcelona todas las motos eran particulares, y si alguien la alquilaba era porque venía de vacaciones o porque tenía la suya en el taller unos días. Diez años después, en el 2016, estrenó un sistema pionero de alquiler de motos por minutos que La Vanguardia definía entonces como “un Bicing motorizado y eléctrico”. Otros diez años más tarde, es una fórmula de movilidad plenamente integrada en el día a día de la jungla urbana barcelonesa.
La consolidación fue rápida e imitada por muchas otras empresas, tanto en la capital catalana como en otras ciudades con fuerte presencia de la moto como Roma. “El sector se ha profesionalizado y se ha consolidado después de un primer momento en el que había muchos operadores”, remarca Buetefisch, más favorable a que haya “pocos pero dando un buen servicio con flotas de un tamaño suficiente para ser rentables”. En el caso de las motos, ahora son tres empresas las que se reparten el mercado y no solo se limitan a Barcelona, sino que están presentes en el continuo urbano formado por ocho municipios del Àrea Metropolitana de Barcelona.
Esa explosión inicial y posterior consolidación con pocas empresas para los usuarios es parte de la evolución vivida por el sector del motosharing en los últimos diez años, donde Cooltra tiene una cuota de mercado superior al 50%, con una presencia especialmente destacada en Roma, París, Madrid y Milán, además de Barcelona. En todo este periodo de tiempo aparecieron también los patinetes –Cooltra nunca entró en ese mercado–, aunque cayeron en desgracia y han sido erradicados de la mayoría de las ciudades occidentales porque estos artilugios acababan tirados en cualquier esquina.
Las bicicletas de alquiler por minutos, en cambio, son una tendencia al alza a nivel global. De hecho, en Cooltra a día de hoy representa el 10% de su negocio, aunque confían en llegar al 40% en un futuro no muy lejano. Según Buetefisch, “es un segmento que está creciendo con fuerza porque el vehículo tiene más autonomía, el seguro es más barato y el usuario no necesita carnet”. Están en Francia, Países Bajos y aspiran a seguir sumando ciudades en los siete países europeos donde tienen motos.
La proyección de futuro de la bici a nivel global contrasta con la situación de Barcelona, donde el Ayuntamiento extinguirá las licencias el 31 de diciembre y prohibirá a partir de entonces la actividad de las bicis compartidas privadas porque consideran que es un producto para turistas y que provoca graves problemas de aparcamiento. Es un extremo que desde Cooltra desmienten, defendiendo que solo el 0,19% de sus viajes acaban con alguna incidencia.
“En lugar de regular, han decidido prohibir”, lamenta Buetefisch, que insta al AMB a replicar con las bicis el mismo sistema que con las motos: “El modelo de las motos, en el que estamos muy implicados los tres operadores, es ejemplar; la movilidad sostenible es una carrera a largo plazo en la que nosotros estamos aportando soluciones y con las bicis también es necesario tener distintos modelos de vehículos ligeros compartidos, con alguna alternativa al Bicing”.
Alquileres mensuales y renting como otras vías de negocio
En el sector de las bicicletas, Cooltra también ha entrado en el alquiler mensual después de adquirir el año pasado la compañía Kleta, con más de 1.300 usuarios en Barcelona. Cooltra sigue incorporando así nuevas vías de negocio a la variada cartera de vehículos que maneja. Una de las más destacadas es el renting a policías locales como las de Sant Cugat, Badalona, Murcia y Salamanca. También parte de la flota de los Mossos es suya.
Otra de las patas más importantes es el renting a grandes empresas. Repartidores de Just Eat, vigilantes de Prosegur… hasta un centenar de sectores diferentes disponen de estas motos, un ámbito que representa ya el 25% de los 63 millones anuales de facturación de la empresa, consolidada en el ecosistema de movilidad de Barcelona y dispuesta a cumplir 20 años más, quizás con un medio de transporte compartido que a día de hoy ni tan siquiera se pueden imaginar.

Redactor de La Vanguardia especializado en infraestructuras, movilidad y urbanismo. También escribe de ferias y congresos. Antes siguió la actualidad de l’Hospitalet y el Baix Llobregat, donde está ligado a proyectos de información local



