Una mirada artística siempre tiene implícita una forma de ver el mundo a todos los niveles, si bien cada artista puede decidir contrarrestar, ampliar, recortar o subvertir sus principios ideológicos. También se puede optar por obviar elementos de la realidad o inventarla mediante la ficción para ahorrar tener que justificar los personajes y las situaciones o simplemente divertirse con un género o una historia sin tener que incluir pinceladas sociales que pueden adoptar un tratamiento banal. Todo es política, dicen, pero también apreciamos series y películas que permiten desconectar. Pero el caso de Nadie quiere esto, la comedia romántica de Erin Foster para Netflix, utiliza el derecho a abstraerse de la realidad para colar un ejercicio propagandístico.
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