La imagen más icónica y que mejor explica lo que José Mourinho fue en su primera etapa en el Real Madrid (2010-2013) es la de un dedo. El índice de su mano derecha que incrustó en el ojo del malogrado Tito Vilanova en la Supercopa de España del 2011. Un año después, el propio portugués reconoció que no debió hacerlo y, en el 2021, declaró incluso que fue un fallo y que no tenía nada que ver con Vilanova. Se aceptaron aquellas palabras como unas disculpas. Su gesto, que avergonzó por lo inapropiado al fútbol internacional, fue aplaudido por los sectores más ultras del madridismo. “Tú dedo nos marca el camino”, rezaba la pancarta dedicada a su emperador, a ese especie de Augusto que representaba la autoridad, el dominio de la escena, el comandante de un ejército futbolístico con la misión de destronar al Barça de Pep Guardiola.
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