En poco más de dos años como entrenador del Barça, Hansi Flick ha conseguido convertir el riesgo constante en una forma de seguridad. Su equipo defiende lejos de su portería, deja espacios a la espalda y vive instalado en campo contrario con naturalidad. Lo permite una presión tras pérdida que desafía a la prudencia. Todo bajo la dirección de un alemán de modales exquisitos, siempre dispuesto a saludar, agradecer y evitar el conflicto innecesario. Flick ha unido la disciplina alemana con la audacia que exige la tradición del fútbol blaugrana. No ha cambiado su identidad, al contrario, la ha reforzado introduciendo matices propios del fútbol moderno.
]]>



