Los israelíes votan este martes en las primeras elecciones desde el ataque del 7 de octubre de 2023. A media mañana, la participación fue la más alta desde 1981, y las encuestas muestran una disputa reñida entre el Likud de Netanyahu y una alianza liderada por Gadi Eisenkot.
Benjamín Netanyahu enfrenta las primeras elecciones en Israel desde el inicio de la guerra. Está en juego su continuidad al frente del gobierno, y los comicios se consideran un referéndum sobre su gestión.
A tres horas de iniciada la votación, ya habían votado más de 1,2 millones de israelíes, un 16,68% del padrón. Según el director de la Comisión Electoral Central, Dean Livneh, es la cifra más alta para esa etapa desde el 17% de 1981.

Las encuestas muestran una contienda reñida entre dos espacios. Las mediciones no marcan una diferencia clara.
Por un lado está el Likud, el partido de Netanyahu, junto a sus aliados de derecha. Por el otro, una alianza rival liderada por Gadi Eisenkot, ex alto mando militar, que llama a optar por un giro político y a jubilar al veterano primer ministro.
Los votantes deciden sobre temas como la política de reclutamiento, la economía y la rendición de cuentas por el ataque de Hamás. Muchos israelíes reclaman una comisión de investigación sobre la brecha de seguridad que permitió el ataque, que causó más de 1.200 muertos; el gobierno se niega. Netanyahu propuso en cambio una instancia con miembros nombrados por los partidos con representación parlamentaria.
Eisenkot y otros rivales acusan a Netanyahu de ignorar alertas de los servicios de seguridad de Egipto y de Emiratos Árabes Unidos. Netanyahu lo niega y sostiene que los servicios de seguridad no lo despertaron la mañana de la ofensiva. También es criticado por sus vínculos pasados con Catar, sede de la oficina política de Hamás, y por haber avalado durante años el envío de millones de dólares a Gaza.
En materia de seguridad, el gobierno defiende una estrategia de prevención permanente, con campañas militares de largo plazo y ocupación de zonas en Gaza, Líbano y Siria, además de operaciones en Cisjordania y ataques contra Irán y los hutíes de Yemen. Lo que se cuestiona es si el país puede sostenerla: decenas de miles de reservistas fueron movilizados varias veces y el ejército advierte sobre la falta de efectivos. En Gaza se contabilizan 74.000 muertos, según el Ministerio de Salud del territorio palestino.

El servicio militar de los ultraortodoxos es otro eje de la campaña. Representan más del 14% de la población y podrían llegar al 25% a mediados de siglo. Sus partidos son respaldados por el Likud y sus aliados de extrema derecha, mientras que la mayoría de la oposición quiere incluir en el servicio a los estudiantes de escuelas talmúdicas y rechaza aliarse con esos partidos. Eisenkot, que perdió a un hijo en Gaza, acusa a Netanyahu de defender «de manera descarada» a quienes rechazan cumplir con su «deber».
En la economía, el PIB se duplicó desde los años 2000 y el desempleo es históricamente bajo, pero el costo de vida es de los más altos del mundo y el salario medio es inferior al promedio de la OCDE. Desde 2023, el presupuesto de Defensa se duplicó y los impuestos aumentaron. En los últimos días de campaña surgió además la posibilidad de sanciones internacionales por la colonización en Cisjordania; Netanyahu dijo que el país debe prepararse para una «economía alternativa» basada en las criptomonedas, algo que recibió duras críticas y un inusual desmentido del Banco Central de Israel.
El resultado definirá quién conduce el país en una etapa marcada por el conflicto bélico. La paridad que reflejan los sondeos deja el desenlace abierto. Seguimos el tema a medida que lleguen novedades sobre la jornada electoral y el recuento. Los israelíes votan este martes.



