Todas las familias tienen historias extraordinarias, anécdotas y testimonios que merecen ser contadas de generación en generación para entender el pasado, el presente y el futuro. Sobre todo, de aquellas personas que han trascendido y que trabajaron por y para la comunidad, una de ellas es Sofía de Laferrere, nieta del fundador de la localidad Gregorio de Laferrere, quien decidió contar su historia, su vida y experiencias a través de libro: Recuerdos de a ratos.
A través de sus páginas, la autora recorre de forma íntima y atrapante los acontecimientos más marcados de su vida. El relato abarca un amplio arco temporal que va desde su infancia hasta la actualidad, funcionando como un valioso testimonio personal y de época.
También recuerda su trabajo social con la fundación de espacios comunitarios y cívicos. De esta manera, el libro se presenta como una ventana íntima para comprender la memoria colectiva a través de los ojos de una protagonista clave de la vida social argentina del siglo XX y XXI.



Vidas que trascienden generaciones
En diálogo en exclusiva con El1, la autora destacó: “El libro iba a tener otro rol ya que lo empece a escribir para mis siete hijos. Luego, me entusiasmé y me pareció interesante no solo escribir mi lado maternal, sino, mi trabajo dentro de la sociedad con las instituciones y organizaciones civiles”.
Además, la autora detalló que dentro de su libro se habla de sus antepasados, sus raíces y anécdotas que le contaban sus familiares en relación a su abuelo. “Me pareció importante contar de dónde vengo y luego hacer una reflexión de toda una vida de trabajo no solo en la política, sino, también, en lo social”, afirmó.
Sofía de Laferrere narró que le llevó cinco años terminar su obra a raíz de la cantidad de archivos, imágenes y recuerdos que consideraba que debían estar plasmados en sus páginas. “Nací en Capital Federal, pero mis padres siempre me hablaron del abuelo y del trabajo que había hecho en La Matanza y fue pionero en ayudar a la comunidad de una ciudad que estaba naciendo”, contó.


Y agregó: “Lamentablemente, no lo conocí porque falleció en 1913, a los 46 años. Mi abuelo vivió en La Matanza muchos años y luego se trasladó a otra zona, entonces, gracias a mi familia, nunca perdí la conexión con mi abuelo y La Matanza. Recuerdo que, cuando era pequeña, mi padre me traía a la localidad matancera para conocer el lugar que fundó mi abuelo”.
La autora afirmó que recuerda muchas anécdotas que le contaban sus familiares y que le impresionaba algunas fotografías antiguas de aquella época. “Mi abuelo era escritor, siempre quería hacer cosas por la localidad, siempre estaba inaugurando algo. Me impresionaba su estética y sus enormes bigotes…tenía un espíritu pionero, solidario y creo que eso es lo más importante que me dejó. Me siento muy orgullosa de ser su nieta”, cerró.





