Al parecer, en un tiempo bastante remoto, el vicepresidente del Barça Rafa Yuste y el exministro Joan Subirats midieron sus fuerzas en el terreno de juego. Fueron rivales en un partido de fútbol y según el directivo blaugrana, el catedrático de Ciencia Política era un central duro de pelar. Este lunes les ha unido el recuerdo, pero también la Rambla, el paseo que nunca deja indiferente y que consigue cosas que parecen imposibles. El número dos de Joan Laporta ha recogido el premio de Ramblista de Honor que Amics de la Rambla otorgó al entrenador del primer equipo masculino del FC Barcelona, Hansi Flick, un reconocimiento que también ha recaído en la Granja Viader y la historiadora del arte Judith Subirachs.
La capital catalana ha cambiado una barbaridad desde que la primera edición de estos galardones, en el año 1961, reconoció, entre otros, al alcalde José María de Porcioles. Lo que no ha variado, se ha coincidido en los discursos, es el deseo de que la Rambla recupere su alma. Lo ha explicado Subirats en una alocución en la que recordó su vinculación con la arteria: nació cerca y aquí trabajó como concejal de Cultura en una de las etapas de la alcaldía de Ada Colau.
El renacimiento de ese aura, como dirían hoy los chavales, se fía en buena medida a la reforma en marcha, un proyecto que tenía una planificación de siete años pero que al final serán solo tres, lo nunca visto en la obra pública. Lo justo para poder inaugurar a mediados de febrero, a nada de las municipales, cuando el PSC blandirá el que, seguramente, pasará a la historia como el principal hito del primer mandato de Jaume Collboni.
El alcalde también ha hablado, por supuesto, y ha mentado a Federico García Lorca. En concreto, esa frase del poeta que simboliza el objetivo que persigue la transformación en marcha: “La única calle de la Tierra que desearía que no se acabara nunca”. La reconquista urbana, ha evocado el alcalde, irá de la mano de la recuperación de teatros, como el Capitol o el Principal, pero está por ver si se consigue cambiar la piel de la primera línea comercial, tan llena de tiendas de cannabis, de cambio de moneda o de deportes variados. “No es solo una rambla, es también una manera de entender la ciudad”, ha añadido el alcalde. Sobre los premiados, el líder del PSC ha elogiado de Flick “la apuesta por el talento de la Masia” que pronto debería traducirse en una visita de la culerada a la renovada fuente de Canaletes. De Subirachs ha puesto en valor su empeño en “preservar la vida y la obra” de su padre, el escultor Josep Maria Subirachs. Y sobre la Granja Viader, en el Raval desde 1870, ha aseverado que forma parte “de la memoria sentimental de muchas generaciones”.

El entrenador del Barça no se ha acercado al Saló de Cent, pero sí ha mandado un video en el que intenta demostrar que entiende lo que significa ser Ramblista de Honor: “Desde el primer momento en que llegué a Barcelona he notado mucho afecto y apoyo. Me siento muy feliz y orgulloso de formar parte de esta ciudad”. Yuste le ha puesto algo más de emoción y ha prometido coger al entrenador alemán del brazo para “dar un trago juntos del agua de la fuente de Canaletes”.
No es el primer Ramblista culer, antes ya fueron premiados el propio club (1974) o Joan Gaspart (1985) que compartió galardón con Pasqual Margall. Sorprende que jamás se rindiera homenaje al conocido como Maradona de la Rambla, Joan Sabaté, que durante años estuvo dando toques a un balón en el paseo. Sin duda era también alma de este nervio urbano.
Por cierto, la Granja Viader ya tiene quinta generación: Marc Espuny Casademunt.



