Verónica Stigger, escritora brasileña: «Los volcanes son libres e indomables»

El volcán Krakatoa, de Indonesia, desapareció el 27 de agosto de 1883 con cuatro erupciones violentas y definitivas. El sonido que emitió, el más fuerte registrado hasta entonces, fue escuchado hasta a cinco mil kilómetros de su epicentro. El único sonido que lo superó fue el de otro volcán, en Tonga, Oceanía, en enero de 2022. Se estima que alrededor de 36 mil personas murieron a causa de los tsunamis que se originaron por la actividad volcánica. Fue la segunda erupción más letal registrada en la historia.

Verónica Stigger, escritora brasileña. Foto: Eduardo Sterzi, gentileza.

La escritora brasileña Verónica Stigger, autora de doce libros de narrativa, entre ellos Gran Cabaret Demenzial (2007), Os anões (2010), Delírio de Damasco (2012), Opisanie świata (2013), Minha novela (2013) y Nenhum nome é verdade (2016), escribió la novela coral Krakatoa (Caja negra), en la que imagina un tiempo distinto en el que los volcanes entran en erupción en simultáneo pero, en lugar de generar una catástrofe, plantean un nuevo comienzo.

Monólogos y coloquios de la naturaleza

En diálogo con Clarín durante su visita a Buenos Aires, Stigger cuenta que después de la publicación del libro tenía ganas de hacer una ópera con algunas partes del texto. Entonces, reunió un grupo de amigos y armaron un espectáculo con fragmentos del primer capítulo, algunos monólogos y los dos coloquios que incluye Krakatoa: el de la Caverna, en el que hablan el fuego, el hielo, el agua, el carbón y el sol, y el coloquio Manglar, con monólogos del sol, el follaje y la pereza.

“Nunca quisiste el mar, pero fue lo único que te concedieron. Es en sus aguas revueltas donde ahora te miras. Tu rostro se deforma en la oscilación de las olas y no te reconoces. Por algunos instantes, quedas sin saber a quién pertenece ese semblante envejecido y desfigurado. Olvidas que el mar no es espejo y que quizás tú mismo no existas”, dice en esas páginas el sol.

–¿Cómo surgió la idea de escribir Krakatoa?

–La primera imagen que venía a mi mente era la de todos los volcanes de la Tierra cantando al mismo tiempo, entrando en erupción. Era un espectáculo total, que ocurría al mismo tiempo en todo el planeta, y que no se puede ver, porque no hay punto de observación desde el que se pueda ver a todos los volcanes cantando al mismo tiempo, ni siquiera desde el espacio. Esa idea me fascinaba: pensar en un espectáculo de los volcanes cantando e imaginar ese sonido. El libro empieza por ahí. El principio para mí es muy importante porque durante ese capítulo se habla de ese coro de volcanes, que no es humano. Para mí es importante esa imagen.

–¿De ahí que el libro se enfoque más en las fuerzas de la naturaleza que en los seres humanos?

–Los grandes protagonistas del libro para mí son esas voces telúricas y cósmicas: agua, fuego, carbón, hielo y sol, entre otros. Por un lado, entonces, estaban esas voces no humanas. En segundo lugar, me resultaba importante el sonido: una música que fuese constante, o que al menos el lector la imaginara así. Por último, destaco también que no es una voz única, un único narrador, sino que está contado por voces corales. Es un coro, un libro coral, y pensé en que fuese así a partir de esa imagen de los volcanes cantando, cuando empecé a imaginar un libro que ocurriese en varias partes del mundo al mismo tiempo.

–¿Algo que sucede en todos lados y no se puede ver desde ningún lugar sería lo opuesto al cuento «El Aleph» de Borges (donde se descubre una pequeña esfera que contiene todos los puntos del universo en forma simultánea)?

–¡Sí! «El Aleph». Yo soy una lectora de Borges. Hay un libro mío que tiene un epígrafe suyo. (El libro Sur, de 2013, publicado por la editorial Grumo Uruguanda, incluye al comienzo el párrafo final del cuento «El sur», de Jorge Luis Borges).

Una novela como una ópera

Stigger tuvo la voluntad de escribir la novela como si fuese una ópera –uno de los personajes, hacia el final, afirma directamente: “No es una novela, es una ópera”–, a la que considera “una obra de arte total” con “la narrativa, el escenario y las artes plásticas” que de cierta forma aparecen a lo largo del libro, además de las voces de los distintos narradores. La estructura combina textos narrativos o poéticos con otros informativos, que indagan en la historia del volcán Krakatoa, y otros escritos en registro de diario personal.

“Una ola oscura avanza con una velocidad increíble. Quienes la perciben huyen todo lo que pueden y algunos logran escapar. El agua no deja subir y arrastra consigo hombres, mujeres y niños. Le siguen otras olas de 35 metros de altura, y casi todos los que escaparon de la primera no logran mantenerse de pie ante el nuevo embate. Anjer dejó de existir. A las 10 de la mañana es noche cerrada, y los pocos habitantes que sobreviven, sin norte ni rumbo, tantean en la oscuridad, caen y son aplastados por los árboles que se derrumban a cada instante”. El texto que reproduce en el libro es de la Revista Marítima Brazileira y fue publicado en enero de 1884.

“La estructura del libro replica un poco aquello que ocurrió con el volcán en 1883”, dice Stigger. “El Krakatoa deja de existir porque la explosión fue muy violenta. Esa primera parte se llama Krakatoa y se destruye al final para dejar nacer a otra que es Anak Krakatoa, el hijo del volcán Krakatoa. Quería que explotara para dejar nacer a una nueva parte. La primera queda como una especie de fantasma, un tiempo sin tiempo, un tiempo presente”.

Verónica Stigger, escritora brasileña. Foto: Eduardo Sterzi, gentileza.

La historia del volcán

Stigger, que además de escritora es docente y doctora en Teoría y Crítica de Arte por la Universidad de São Paulo y realizó investigaciones posdoctorales en la Universidad de Roma “La Sapienza”, en el Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de São Paulo y en el Instituto de Estudios del Lenguaje de la UNICAMP, cuenta que se involucró en una ardua investigación durante la escritura del libro.

“Soy investigadora, crítica de arte y etcétera, pero ante todo soy muy curiosa”, afirma. “Entonces, pensé: ‘Si Krakatoa explotó, fue la segunda erupción más mortal del mundo, el sonido dio la vuelta a la Tierra, entonces los periódicos brasileños deben tener la noticia’. Fui a investigar y noté que tenían un material absolutamente diferente y una manera distinta de contar y de relatar aquello que sucedió con el volcán y con las personas y los reflejos en Brasil. La historia era demasiado fuerte en sí, los hechos mismos, como para no estar contándolos así, tal como fueron. Era mejor utilizar los periódicos que narrar yo lo que sucedió. Era mucho más interesante, más impactante. Hay personas en Brasil que piensan que yo inventé los fragmentos de periódicos”, cuenta la autora entre risas.

Un libro sui generis

Entre las curiosidades con las que se encontró desde la salida del libro, Stigger cuenta que lo primero que quieren saber los lectores es si se trata de una novela o de una antología de cuentos. “Porque existe esa preocupación por clasificar, que para mí no es tal. Esta tarea la dejo para la Biblioteca Nacional en Brasil, que tiene que poner el código de barras. Claro que entre los géneros literarios que existen, el de la novela es el más próximo porque hay una unidad”.

También destaca “algunos comentarios en internet”, como el de un chico que en un video dice que no es un libro clasificable pero que esto tiene sentido porque “el protagonismo no es humano, sino de las fuerzas de la naturaleza”. Rescata además otra expresión de una lectora, que califica al libro como sui generis, una consideración con la que está de acuerdo.

Krakatoa fue escrito durante la pandemia y en una era en la que, al enfrentarse a los cambios climáticos, los seres humanos piensan, según las palabras de la autora, “en la posibilidad del fin”.

Escribir libros, ante este escenario, permite para ella “abrir un espacio de libertad”, en el que puede “parar de hacer el resto de las cosas” y “hacer algo que no está vinculado a nada más que a escribir”. Los escritores, considera, deben “mantener ese espacio de libertad”.

En cuanto a otros libros de reciente publicación vinculados a la temática de Krakatoa, destaca Agua turbia, de Morgana Kretzmann (Edhasa, 2015), “un libro que también fue escrito pensando en estos cambios climáticos, por una autora que, como yo, es de Rio Grande do Sul, una zona cercana a Argentina. Ambas vivimos en San Pablo, pero nuestras familias viven en Porto Alegre, una región que sufrió la inundación durante años”.

Verónica Stigger, escritora brasileña. Foto: Eduardo Sterzi, gentileza.

–¿Qué te dejó la experiencia de investigar tan a fondo la temática del Krakatoa y los volcanes en general?

–En primer lugar, el viaje a Indonesia, porque yo iba a participar de dos festivales literarios, y uno de ellos era en Ubud, una ciudad en Bali, cercana a un volcán que estaba a punto de entrar en erupción, el monte Agung. Y si eso sucedía, quizás se suspendía el festival. Entonces teníamos que estar preparados para la erupción. Dos años después, el último viaje internacional que hice fue antes de la pandemia. Fui al sur de Italia, en especial, a Sicilia, que es una de las regiones con el mayor número de volcanes en Italia. Uno de ellos es el Etna, que es algo fascinante. Allí empezó el amor por los volcanes, aunque yo ya tenía la obsesión. Empecé a controlar los volcanes a través de los sitios oficiales y ahí se inició un camino sin vuelta atrás.

–¿Qué nos enseñan los volcanes?

–Que ellos son libres e indomables. No hay nadie que pueda domar los volcanes.

–¿Vos tampoco pudiste domarlos al escribir este libro?

–¡No, tampoco! Nunca subí a un volcán.

Verónica Stigger básico

  • Nació en Porto Alegre, Brasil, en 1973. Es escritora, docente, curadora independiente y crítica de arte. Tiene un doctorado en Teoría y Crítica de Arte por la Universidad de São Paulo y realizó investigaciones posdoctorales en la Universidad de Roma “La Sapienza”, en el Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de São Paulo y en el Instituto de Estudios del Lenguaje de la Unicamp.
  • Es autora de doce libros de narrativa, entre los que se encuentran Gran Cabaret Demenzial (2007), Os anões (2010), Delírio de Damasco (2012), Opisanie świata (2013), Minha novela (2013), Nenhum nome é verdade (2016), Sul (2017) y los libros infantiles Dora e o sol (2010) y Onde a onça bebe água (2015), este último a partir de una obra de Eduardo Viveiros de Castro.
  • Sus libros recibieron distintos reconocimientos, entre ellos el Premio São Paulo y el Prêmio Açorianos.
  • Fue una de las autoras incluidas en el grupo de jóvenes escritores latinoamericanos de Bogotá39.

Krakatoa, de Verónica Stigger (Caja Negra).

Redacción

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