En medio de un clima desapacible -cielo cubierto, amenazante y mucho viento- y poca concurrencia, pese a que se sumaron argentinos, especialmente de la vecina provincia de Entre Ríos, el papa León XIV celebró su primera misa en Uruguay en el parque París Londres de las afueras de la localidad de Paysandú en la que apeló a varios emblemas de la región como el puente que la une con la ciudad argentina de Colón, los palmares que constituyen un atractivo turístico y -como no podía faltar- el mate al que los uruguayos son tan afectos, acaso más que los argentinos.
De hecho, León XIV se convirtió en el primer papa en reflexionar sobre los valores que entraña la famosa infusión que ya bebían los aborígenes en los tiempos de la colonia y que los jesuitas perfeccionaron. “Seguramente el mate los ha acompañado también hoy, en el viaje de camino a esta celebración, y los acompañará al regresar”, dijo. Y señaló: «El mate es signo de familiaridad, de amistad y de encuentro. Nos enseña a compartir y a estar juntos, a estrechar los lazos que nos unen y hermanan. Es signo de acogida, de integración y de valores comunes”.
León XIV abundó en sus consideraciones sobre la noble bebida, presente entre muchos de los fieles que se congregaron: “Tomar mate es un ritual lleno de simbolismos, donde se dialoga sin palabras y cada detalle posee un significado propio. Pienso también en los mates que uno toma cuando está solo y que acompañan un momento de silencio y oración. En esos espacios de soledad, cuántas veces tantos de ustedes le habrán confiado a Dios sus preocupaciones y necesidades, sus deseos y anhelos más profundos”.

En cuanto al puente internacional que lleva el nombre del prócer uruguayo, General Artigas, dijo que “no es difícil imaginar los beneficios que genera un puente: apertura, comunicación, intercambio. Por eso, ¡qué importante es ser constructor de puentes! Esa es la vocación a la que todos estamos llamados: construir puentes, estrechar lazos, unir, comunicar, transmitir la alegría de la fe, como lo hizo el beato Jacinto (primer obispo de Uruguay y primer uruguayo beatificado) ‘a tiempo y a destiempo’”.
Finalmente, encontró un simbolismo religioso en las palmeras y destacó: «No crecen aisladas, sino que forman palmares, es decir, son muchas, no están solas ni distanciadas. Así también la Iglesia es una comunidad de hermanos que hunde sus raíces y bebe de un manantial común: la Palabra de Dios, los Sacramentos, la oración y la acción caritativa, y sus fieles elevan su mirada para alabar juntos a Cristo, sol que nace de lo alto, cuya luz guía los pasos de la humanidad por el camino de la paz”.
La presencia argentina fue visible por las banderas de su país que llevaban muchos de los fieles. Llegada de Concepción del Uruguay, una madre con su hija contó que quisieron venir “para la bendición del papa y pedir por Argentina, y también por Uruguay, que nos proteja y nos ayude a salir adelante”. Explicó que la cercanía con Paysandú -a una hora de viaje- y el hecho de que resulta más económico la llevó a tomar la decisión de asistir a la misa.
Otra mujer contó que es de otra ciudad entrerriana, La Paz, de donde vinieron dos colectivos repletos de fieles, insumiendo el viaje cuatro horas. Pero los más esforzados fueron unos treinta entrerrianos de Villa Elisa y Paraná que, según contó a Clarín uno de ellos llamado Jonatan, se encontraron en Colón e hicieron el viaje en bicicleta.
Gira papal. Enviado especial.
AA

