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miércoles, febrero 26, 2025

Lecciones de los Páramos: Conservación de cuencas al rescate de la biodiversidad

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Hoy, sin embargo, pueden verse otra vez cóndores —junto con pumas, osos andinos, venados de cola blanca y otras especies silvestres— merodeando por los páramos y elevándose hacia las cumbres. Las poblaciones animales comenzaron a recuperarse en los alrededores de Quito después de que la compañía de agua municipal, EPMAPS, uniera fuerzas con The Nature Conservancy en el 2000 para lanzar el primer Fondo de Agua del mundo —conocido también como programa de inversión en una cuenca hidrográfica—, una iniciativa mediante la cual los usuarios de agua pagan las actividades de conservación que protegen las fuentes hídricas.

“Antes del Fondo de Agua, el páramo en Antisana estaba muy degradado. Lo único que se veía eran ovejas. Miles de ovejas —dijo Silvia Benitez, directora de Agua Dulce para América Latina de The Nature Conservancy, sobre la región del sur de Antisana del Fondo de Agua—. Pero el cambio ha sido asombroso. Volvió la vegetación. Los humedales están restaurados. Ahora hay venados. Hay pumas. Hoy vi un zorro. No había visto nunca un zorro en esta área”.

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Cóndor andino en la zona de conservación de Antisana, Ecuador.

Cóndor andino Tras años de degradación de su hábitat, los cóndores vuelven a ser vistos sobre los páramos y montañas del área de conservación hídrica Antisana, Quito, Ecuador. © Sebastián Di Domenico

× Cóndor andino en la zona de conservación de Antisana, Ecuador.

Venados de cola blanca en la zona de protección hídrica Antisana, Quito, Ecuador.

Venados de cola blanca Avistados entre los pastizales del área de protección hídrica de Antisana, Quito, Ecuador. © Sebastián Di Domenico

× Venados de cola blanca en la zona de protección hídrica Antisana, Quito, Ecuador.

Cóndor andino Tras años de degradación de su hábitat, los cóndores vuelven a ser vistos sobre los páramos y montañas del área de conservación hídrica Antisana, Quito, Ecuador. © Sebastián Di Domenico

Venados de cola blanca Avistados entre los pastizales del área de protección hídrica de Antisana, Quito, Ecuador. © Sebastián Di Domenico

El programa de inversión en la cuenca de Quito, conocido como FONAG (Fondo para la Protección del Agua), está celebrando su vigésimo quinto aniversario. Desde su lanzamiento, se ha convertido en un modelo global de conservación que demuestra el inextricable nexo entre sistemas de agua dulce saludables, comunidades vibrantes y biodiversidad próspera.

Junto con la recuperación de las poblaciones de especies animales, también volvieron las plantas nativas usadas en la medicina tradicional. Las personas que viven en los páramos y sus alrededores se ganan la vida administrando viveros en los que cultivan plantas para la restauración de los humedales, trabajando como guardaparques -guardapáramos- que monitorean las actividades de conservación y dirigiendo negocios de ecoturismo que reciben a visitantes de todo el mundo que llegan para ver la diversa vida silvestre de la región. Y más de dos millones de personas que viven en Quito y sus alrededores ahora tienen suministros de agua más limpia, segura y abundante.

Silvia Benitez, directora de agua dulce para Latinoamérica de The Nature Conservancy.
Silvia Benitez Directora de agua dulce para América Latina en The Nature Conservancy. © Sebastián Di Domenico

Silvia Benitez, directora de agua dulce para Latinoamérica de The Nature Conservancy.

Los sistemas de agua dulce no son solo un recurso, son ecosistemas. No debemos separar la seguridad hídrica de la biodiversidad. En la naturaleza, pasa todo junto. No tenemos por qué elegir.

Silvia Benitez

Directora de Agua Dulce para América Latina de The Nature Conservancy

Lecciones de los Páramos Conservación de cuencas al rescate de la biodiversidad

“Fábricas de agua” sagradas

Exclusivos de América Latina, los páramos se encuentran en las alturas de la cordillera de los Andes de Ecuador, Colombia, Perú y Venezuela. Se los considera unos de los puntos críticos para la biodiversidad más importantes del mundo, y son hogar de 70 especies de mamíferos, como el oso andino, el ocelote y el tapir de montaña. También albergan a más de 150 especies de aves y 90 especies anfibias, junto con más de 3000 especies de plantas, un 60 % de las cuales no se halla en ninguna otra parte del planeta

Las comunidades indígenas desde tiempos inmemoriales consideran los páramos como áreas sagradas por la amplia variedad de plantas que usan en la medicina tradicional y las ceremonias. Y los páramos proveen agua potable para decenas de millones de personas en toda América del Sur. En Colombia, donde cubren apenas el 2 %de la superficie del país, los páramos suministran el 70 % del agua potable de la nación.

A menudo denominados “fábricas de agua”, la capacidad de los páramos para almacenar agua está vinculada con el clima andino y las plantas de altura que se han adaptado para sobrevivir al sol abrasador durante el día y las temperaturas gélidas por la noche. Mientras las nubes envuelven las laderas en niebla, los altos frailejones, los árboles de papel y otros tipos de vegetación recogen gotas sobre sus hojas y envían el agua por sus troncos y tallos hacia el esponjoso suelo del páramo. Las frescas temperaturas de montaña evitan que el agua se evapore, y esto permite que permanezca en el suelo antes de filtrarse hacia arroyos y ríos que corren hacia las zonas bajas. Una vez allí, la humedad se vuelve a evaporar para formar nubes, y el ciclo comienza de nuevo.

“[El árbol de papel] es una planta sagrada que cuidamos mucho porque tiene gran capacidad para retener agua”, dijo Lady Ulcuango, que pertenece a la comunidad local y trabaja como guardaparques para el FONAG monitoreando las actividades de conservación y sus resultados.

Los páramos también son vitales para combatir el cambio climático, ya que almacenan seis veces más carbono por área que los bosques tropicales.

Pero prácticas agrícola-ganaderas no sostenibles erosionan y compactan el suelo, con la consiguiente destrucción de su capacidad de almacenar y suministrar agua. La urbanización y la amenaza de incendios provenientes del escape de residuos o de la quema para la agricultura también se ciernen sobre los páramos a medida que la población de Quito se expande hacia arriba de las montañas. Y las crecientes temperaturas, sequías y otros impactos del cambio climático ponen a los páramos en un riesgo aún mayor. La comunidad científica advierte que la mitad de los páramos del mundo podrían desaparecer para el 2050 y que para finales de siglo podría extinguirse entre un 10 % y un 47 % de las especies que viven exclusivamente allí.

Un flujo continuo de fondos para la conservación

El FONAG se lanzó en el 2000, luego de que The Nature Conservancy y las autoridades de Quito pasaran años trabajando en la creación de una estrategia de protección a largo plazo para una extensión de páramos que funcionaba como un corredor de vida silvestre que conectaba varios parques nacionales. Si bien el municipio reconocía que la tierra es un hábitat esencial para el cóndor y otras especies, no contaba con los recursos necesarios para prevenir eficientemente la invasión del desarrollo y las prácticas agrícolas destructivas.

The Nature Conservancy y EPMAPS aportaron 21 000 dólares en capital inicial para comenzar un  fondo fideicomisario que generaría ingresos continuos para acciones conservacionistas que mejoraran tanto la seguridad hídrica de Quito como el hábitat silvestre circundante. Otras empresas de Quito que dependen de suministros de agua abundantes —como la compañía de electricidad o fabricantes de bebidas— se sumaron rápidamente. Hoy, las contribuciones mensuales de los usuarios de agua de Quito han crecido hasta crear un fondo de 2 millones de dólares que genera 2,5 millones por año.

El FONAG hasta ahora ha protegido y conservado 55 000 hectáreas de páramos. Pero este es solo el principio. El FONAG planea proteger en las próximas décadas un total de 150 000 hectáreas de páramos que benefician tanto a las comunidades locales como a la biodiversidad.

Desde su inicio, la prioridad del FONAG ha sido siempre la protección de las fuentes de agua. Pero, cuando conservas fuentes hídricas, casi automáticamente tienes otros beneficios colaterales: biodiversidad, captura de carbono y sociales”, explicó Bert de Bievre, secretario técnico del FONAG.

El FONAG y The Nature Conservancy están financiando viveros locales que cultivan miles de árboles y arbustos nativos que luego se plantan en terrenos de antiguas granjas.

Las comunidades de los páramos también están colaborando con el FONAG para implementar prácticas agrícolas de bajo impacto que aporten medios de subsistencia sostenibles a la vez que mantienen sanos los suelos. Por ejemplo, han trasladado el ganado más abajo y lejos de las fuentes de agua y están cultivando con menos químicos y fertilizantes.

Más de dos docenas de personas de comunidades locales trabajan para el FONAG como guardapáramos y monitorean áreas de conservación, identifican amenazas potenciales, combaten incendios y reúnen datos científicos sobre la biodiversidad de la región.

Y el FONAG está ayudando a las generaciones futuras a entender la importancia de conservar los páramos y sus fuentes de agua. A través de programas educativos, capacitaciones docentes, excursiones y la creación de un centro de interpretación ambiental, el FONAG ha llegado a más de tres mil estudiantes en 17 escuelas.

Además de proveer empleos e ingresos sostenibles, el FONAG ha instalado desagües y tuberías de agua en las comunidades que viven en lo alto de las montañas para garantizar que reciban la misma seguridad hídrica que quienes están abajo.

“Si tenemos el compromiso de la comunidad de conservar las fuentes de agua, no podemos solamente aumentar el acceso al agua para la gente que viven en Quito —afirmó Bievre—. Debemos llevar beneficios a las áreas donde están las fuentes de agua”.

Bert De Bievre, secretario técnico de FONAG.
Bert de Bievre Secretario técnico de FONAG. © Sebastián Di Domenico

Bert De Bievre, secretario técnico de FONAG.

Las soluciones basadas en la naturaleza cuidan la biodiversidad y las fuentes hídricas

Las amenazas que enfrentan los páramos, desafortunadamente, no son únicas. A nivel global, casi la mitad de todas las fuentes de agua potable están degradadas, y la ONU calcula que el 40 % de la población del mundo podría verse afectada por falta de agua para el 2030.

Brooke Atwell con un paisaje de fondo.
Brooke Atwell directora asociada de la estrategia de cuencas resilientes de The Nature Conservancy © TNC

Al mismo tiempo, las amenazas a los sistemas de agua dulce están poniendo la biodiversidad del mundo en riesgo. Las especies de agua dulce están desapareciendo más rápidamente que todas las demás especies de la Tierra, y más de la mitad de todas las especies terrestres en riesgo de extinción dependen de las mismas fuentes hídricas degradadas de las que dependen las comunidades humanas. 

Las soluciones basadas en la naturaleza son unas de las estrategias más eficaces —y menos caras— para proteger el agua y la biodiversidad, en medio de las crecientes amenazas del cambio climático y la expansión del desarrollo humano.

En Quito, los suministros hídricos provenientes de las tierras administradas por el FONAG han demostrado ser mucho más limpios que el agua que llega de otras áreas que no están bajo conservación activa.

El Fondo de Agua también les está haciendo ahorrar millones de dólares por año a EPMAPS y la ciudad de Quito. Un reciente estudio halló que, por cada dólar que el FONAG destina a la conservación, ahorra 2,15 dólares en el costo de filtrar sedimentos, tratar químicamente el agua o reemplazar caños y otras infraestructuras dañadas por los residuos que bajan.

Más ampliamente, los estudios han demostrado que las soluciones basadas en la naturaleza pueden ser hasta cinco veces más eficientes que las soluciones convencionales, en particular cuando se tienen en cuenta los beneficios asociados como el mejoramiento de hábitats silvestres, la reducción del riesgo de inundación, la captura de carbono y la mejor salud de los suelos.

“Cada año, el sector hídrico mundial gasta 700 mil millones de dólares en la construcción y la reparación de cañerías y reservas, usando soluciones grises para salir de un problema creado por la deforestación, la agricultura y otras amenazas montaña arriba  —comentó Brooke Atwell, directora asociada de la estrategia de cuencas resilientes de The Nature Conservancy—. Si tomáramos solo el uno por ciento de ese gasto y lo destináramos a proteger la naturaleza, eclipsaría todo el gasto filantrópico global que hoy se hace en la conservación”.

Instalaciones de FONAG para proveer de agua potable a comunidades andinas.
Beneficios comunitarios Además de apoyar con trabajos e ingresos sostenibles, el FONAG ha instalado cañerías y desagües en las comunidades de montaña para asegurar la misma resiliencia hídrica de los usuarios urbanos. © Sebastián Di Domenico

Instalaciones de FONAG para proveer de agua potable a comunidades andinas.

Quito como un modelo mundial

Desde el lanzamiento del FONAG hace 25 años, numerosas comunidades de Ecuador, Perú y Colombia han creado sus propios programas de inversión en cuencas hidrográficas para proteger los páramos.

“Estamos regenerando en forma natural espacios que antes se dedicaban a la ganadería —contó José Fernando, tercera generación de ganaderos que ahora colabora con el Fondo de Agua Vivo Cuenca, ubicado a alrededor de 300 km al oeste de Bogotá, Colombia—. Mi compromiso es que, mientras viva, acá no se hará nada que vaya en contra del desarrollo ambiental correcto que debemos tener… Sé que mis hijos seguirán este legado por mucho tiempo. Me voy a dormir con paz mental”.

Globalmente, The Nature Conservancy y sus socios han usado a Quito como un modelo para desarrollar casi cincuenta programas de inversión en cuencas hidrográficas que están protegiendo una variedad de sistemas de agua dulce en veinticinco países.

Y mientras administradoras de agua de todo el mundo lo miran en busca de valiosas lecciones, el FONAG está aprendiendo de algunos de los proyectos que él mismo ha inspirado con el correr de los años. Luego de que The Nature Conservancy organizara un intercambio de conocimientos entre el FONAG y el Fondo de Agua de Gran Ciudad del Cabo, de Sudáfrica, en 2024, el FONAG comenzó a implementar estrategias que se había implantado por primera vez en Ciudad del Cabo para combatir especies invasoras dañinas en los alrededores de Quito.

“El aprendizaje completó el círculo —afirmó Atwell de Conservancy—. Llevamos el Fondo de Agua de Quito al mundo. Ahora estamos trayendo el mundo a Quito”.

Además de patrocinar intercambios de conocimientos, The Nature Conservancy ha desarrollado una gama de herramientas que pueden ayudar a comunidades, gobiernos y administradoras de agua a lanzar sus propios programas de inversión en cuencas de agua.

La caja de herramientas para cuencas hidrográficas resilientes incluye estudios de casos, capacitaciones en líneas, plantillas, una biblioteca de recursos y una guía detallada para diseñar, lanzar y monitorear programas de inversión en cuencas de agua usando soluciones basadas en la naturaleza.

La Red de Cuencas Hidrográficas Resilientes es una comunidad multidisciplinaria global de personas que están trabajando para hacer avanzar las soluciones basadas en la naturaleza en todo el mundo y que están interesadas en aprender más sobre la estrategia, el proceso y los beneficios de proteger y restaurar las cuencas. Se han creado redes regionales por todo el mundo, y cada una tiene su propio programa de asistencia y se dedica específicamente a las necesidades de su comunidad.

Nature for Water, una alianza administrada por The Nature Conservancy y Pegasys, está trabajando para escalar globalmente los programas de inversión en cuencas para proveer asistencia técnica práctica, como experticia en hidrología, GIS, ecología, gobernanza, financiamiento y gestión de proyectos.

Páramo Paraíso, área de conservación hídrica, Manizales, Colombia.

Inversión en protección de cuencas Páramo Paraíso, área de conservación hídrica en Manizales, Colombia. © Sebastián Di Domenico

× Páramo Paraíso, área de conservación hídrica, Manizales, Colombia.

Área de protección del Fondo de Agua Vivo Cuenca, Manizales, Colombia.

Fondo de agua de Vivocuenca Área de protección de este Fondo de Agua en Manizales, Colombia. © Sebastián Di Doménico

× Área de protección del Fondo de Agua Vivo Cuenca, Manizales, Colombia.

Inversión en protección de cuencas Páramo Paraíso, área de conservación hídrica en Manizales, Colombia. © Sebastián Di Domenico

Fondo de agua de Vivocuenca Área de protección de este Fondo de Agua en Manizales, Colombia. © Sebastián Di Doménico

“Hemos visto volver a la naturaleza”

El trabajo del FONAG no solo está devolviendo la salud a los páramos, sino que también está demostrando que la naturaleza misma es una poderosa herramienta para la conservación.

Hace diez años, después de que el FONAG trabajara con terratenientes locales para retirar el ganado de la región sur de Antisana del Fondo de Agua, notaron que volvieron rápidamente especies de plantas nativas.

“Cuando se fueron las vacas y las ovejas, la regeneración natural fue muy buena, y la verdad es que no tuvimos que hacer demasiada restauración activa —contó De Bievre—. La vegetación volvió”.

Y, con la vegetación, volvieron los venados de cola blanca y, luego, los cóndores.

“Hubo gente que nos criticó por sacar a estos animales porque, durante años, nunca se había visto cóndores comiendo otra cosa que no fuera ganado muerto —explicó De Bievre—. Pero el venado reemplazó al ganado en el ecosistema, y el cóndor empezó a comer venado. Esa es la lección. Con un poco de paciencia, se reestablecen los equilibrios naturales sin hacer mucho más que controlar eficazmente las presiones y las amenazas contra el ecosistema

Los cóndores no son los únicos que disfrutan de la carne de venado. Hace muy poco se avistó un puma en la Antisana, el primero desde que el FONAG empezó a trabajar en la región hace diez años.

“Es un mensaje optimista —afirmó De Bievre—. Siempre decimos que los páramos son muy frágiles y que puede ser imposible recuperarlos. Pero en solo una década, hemos visto volver a la naturaleza”.

Vista de las montañas alrededor de Manizales, Colombia.
Naturaleza como herramienta de conservación Montañas alrededor de Manizales, Colombia. © Sebastián Di Domenico

Vista de las montañas alrededor de Manizales, Colombia.

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Redacción

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