En las últimas dos décadas, China ha emergido como un socio clave para América Latina, convirtiéndose en uno de los principales inversores en sectores estratégicos como la infraestructura, la energía y los recursos naturales.
Brasil es otro caso destacado. Como la mayor economía de América Latina, ha recibido grandes inversiones chinas, especialmente en los sectores agrícola y minero. Empresas chinas han adquirido tierras y explotaciones de soja, además de invertir en la extracción de hierro y otros minerales esenciales para la industria china. Sin embargo, esta relación ha generado preocupaciones sobre el impacto ambiental y la falta de diversificación económica.
En Centroamérica, Panamá ha experimentado un fuerte incremento en las inversiones chinas tras el establecimiento de relaciones diplomáticas con Pekín en 2017. Desde entonces, el país ha recibido inversiones en puertos, transporte y telecomunicaciones. La ampliación del Canal de Panamá ha sido un punto de interés estratégico para China, que busca consolidar su influencia en las rutas comerciales globales y que en éste momento se ve fuertemente amenazado por la venta de ambos terminales al conglomerado de Blackrock-MSC.
Otro país centroamericano que ha desarrollado una estrecha relación con China es El Salvador. Desde que rompió relaciones con Taiwán en 2018, el país ha recibido financiamiento chino para obras de infraestructura como la construcción de un muelle en La Libertad y proyectos turísticos. Estas inversiones han sido bien recibidas por el gobierno, pero también han generado inquietudes sobre la creciente influencia de China en la política local.
En Sudamérica, Ecuador ha sido un receptor clave de inversiones y préstamos chinos, especialmente en el sector energético. La construcción de la represa Coca Codo Sinclair es un ejemplo de la dependencia ecuatoriana del financiamiento chino, ya que el país ha utilizado petróleo como garantía para pagar sus deudas con Pekín. No obstante, el alto nivel de endeudamiento con China ha generado críticas y preocupaciones sobre la sostenibilidad financiera del país.
Si bien las inversiones chinas han impulsado el crecimiento de muchos países en América Latina, también han generado desafíos en términos de dependencia económica, impacto ambiental y soberanía nacional. La región enfrenta el reto de aprovechar estas inversiones de manera estratégica, diversificando sus fuentes de financiamiento y garantizando que los acuerdos con China beneficien a sus economías a largo plazo.