El enésimo caos de Rodalies le ha costado a Salvador Illa su primer varapalo político serio desde que llegó a la presidencia de la Generalitat, en agosto pasado. La mayoría del Parlament ha reprobado y exigido el cese de la consellera Sílvia Paneque. A pesar de ello, el presidente Illa no la destituirá porque sería desproporcionado, ya que solo lleva siete meses en el cargo y su responsabilidad es mínima ante décadas de dejadez.
No obstante, el Govern debe reaccionar porque el problema que sufren a diario centenares de miles de personas es muy grave y obliga tener una atención máxima para impulsar el plan de emergencia acordado en el Parlament. Y esto significa dedicación exclusiva. En este sentido, Paneque acumula cuatro carteras con mucha carga política y de trabajo: Territorio, Vivienda, Transición Ecológica y portavoz del Govern. Esta acumulación de carteras podría tener sentido al inicio del mandato como una medida provisional a la espera de la entrada en el Govern de los socios de investidura, preferentemente de Comuns. Pero esta posibilidad se ha diluido y el Gobierno en minoría puede ir para largo, de manera que, a corto y medio plazo, estas carteras no cambiarán de manos.
El plan de emergencia ante el caos ferroviario obliga a una dedicación política exclusiva
Ya advertimos que el cabreo social sobre Rodalies tiene raíces profundas porque arrastra décadas de promesas incumplidas, como se constató en el debate parlamentario de la semana pasada. Ha habido una impresentable dejadez inversora y, a pesar de que ahora sí hay obras, la solución estructural tardará años porque los trabajos actuales recuperan tiempo perdido y ponen la infraestructura un poco al día. En cambio, el gran salto que necesita Rodalies para atender al incremento de la demanda debido al aumento de la población no está ni tan solo dibujado en un proyecto oficial, tal como explicamos hace unos días en estas páginas. Así que la receta para los sufridos viajeros sigue siendo la misma: paciencia y resignación.
Muchos usuarios siguieron el pleno del Parlament para ver si se abría algo de esperanza. Algunos de ellos se han convertido en activistas a causa de una pésima experiencia diaria que da para una larga lista de agravios. Por ejemplo, más de 100 ascensores que no funcionan (de eso hablaremos otro día), información deficiente, trenes que desaparecen de los paneles informativos sin ninguna explicación, lo que obliga a los maquinistas a asomar la cabeza por la ventanilla para indicar a gritos a los pasajeros qué destino tiene el tren, megafonía que advierte de anomalías sin dar más concreción, andenes y trenes repletos de pasajeros, trayectos eternos, etcétera.

Usuarios en la estación de Sants afectados por cancelaciones la semana pasada
Marta Pérez / EFE
Ahora que se habla tanto del kit de supervivencia que la UE aconseja tener en casa para resistir al menos 72 horas, podríamos también plantear un kit de resistencia para el usuario de Rodalies. El kit podría consistir en una pequeña mochila con cierre antirrobo donde llevaríamos agua y un abanico o ventilador a pilas, no vaya a ser que se estropee el aire acondicionado del tren y tengas que pasar horas atrapado. En caso de que haya que evacuar el tren en una zona inhóspita, es bueno llevar una cuerda para ayudarnos a bajar del convoy porque puede haber una altura considerable. Además, es conveniente una luz frontal o linterna por si la avería se produce dentro de un túnel o de noche y zapatos cómodos por si hay que caminar campo a través. También un chubasquero, como si estuviéramos en el Tutuki Splash de Port Aventura, por si las olas del temporal de la costa impactan sobre los trenes. Y, finalmente, un teléfono para pedir ayuda. La UE dice que su kit habría que tenerlo por si acaso, aunque aseguran que no hay peligro inminente. En cambio, las eventualidades en Rodalies descritas aquí no son suposiciones, son reales.