EFE
Marine Le Pen conoce los combates y obstáculos políticos casi mejor que nadie en Francia, pero ninguno de la envergadura del de este lunes, cuando un tribunal de París puso en causa sus ambiciones de conquistar el Elíseo en 2027 por un caso de desvío de fondos públicos del Parlamento Europeo (PE).
La hija de Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional (hoy denominado Agrupación Nacional, RN), se encuentra ante una gran encrucijada: esperar una decisión favorable en el recurso a su condena, que incluye una inhabilitación inmediata de cinco años, o pasar el testigo, probablemente a su delfín Jordan Bardella (29 años).
La artífice de haber suavizado la imagen del RN —asociado desde hace décadas a la xenofobia, el racismo y el antisemitismo— aún no ha dado pistas de qué hará. Su portavoz adelantó que sigue «combativa», aunque, sea el camino que sea, el panorama es muy incierto para ella.
El recurso puede llegar demasiado tarde para preparar en condiciones las presidenciales de 2027, en las que Marine Le Pen partía como favorita. Y preparar como candidato a Bardella, de 29 años, no crea consenso ni en su propio partido.
El desafío para la líder del RN, condenada también a cuatro años de prisión —dos de ellos firmes que puede cumplir con brazalete electrónico— y 100.000 euros de multa (unos 108.000 dólares), es inédito en su turbulenta carrera.
Traiciones familiares
A sus 56 años, la cara más visible de la extrema derecha francesa se ha empeñado en hacer de la tenacidad y la combatividad su imagen de marca desde que comenzó en política hace más de tres décadas.
Se dice que Marine Le Pen, criada en un barrio de clase acomodada de París, estaba predestinada a entrar en política después de haber sobrevivido en 1976, con solo ocho años, a un misterioso atentado contra su padre.
Traumatizada por este suceso y después de haber ejercido la abogacía entre 1992 y 1998, la hija pequeña de los Le Pen ayudó a que su padre llegase a la segunda vuelta de las presidenciales de 2002 —dejando en la cuneta al socialista Lionel Jospin— para medirse a Jacques Chirac.

Foto: AFP
Desde entonces, Marine Le Pen encadenó cargos públicos hasta que tomó las riendas del FN en 2011 de la mano del patriarca.
Esa fecha marcó un antes y un después en la imagen de un partido que hasta entonces había asumido su vocación antisistema y había verbalizado un profundo racismo y antisemitismo.
Le Pen decidió cortar lazos políticos e incluso sentimentales con su propio padre, al que expulsó del partido en 2015 por invectivas antisemitas. El golpe fue tan duro que, a la muerte de Jean-Marie, el pasado 7 de enero, la dirigente ultra lamentó haber tratado así a su progenitor.

Foto: AFP.
Roto el cordón umbilical con su padre, Marine Le Pen conquistó, poco a poco, a las clases populares —desde hace años es el primer partido entre los obreros— y suavizó la imagen ultra y viril de la formación.
Madre de tres hijos y separada, cultivó la imagen de una mujer política protectora y comprensiva. Sus redes sociales son buen ejemplo de ello, en las que sale retratada haciendo carantoñas a sus gatos.
Esa llamada «desdiabolización» del partido «made in Marine», rebautizado en 2018 como Agrupación Nacional, dejando de lado la semántica belicista de la palabra «Frente», la llevó a alcanzar en dos ocasiones la segunda vuelta de las presidenciales (2017 y 2022).
Perdió ambas citas ante el actual presidente, Emmanuel Macron, pero fueron una victoria simbólica e ideológica para su nacionalpopulismo al sumar más de 10 millones de votos y lograr que temas como la inmigración se situasen como una prioridad de los votantes.
Para su buen resultado de 2022, Le Pen no lo tuvo nada fácil. Primero, en plena invasión de Ucrania, superó las críticas por sus afinidades con el presidente ruso, Vlamidir Putin. Poco después, su sobrina y exdiputada de su partido, Marion Maréchal, se fue al movimiento ultra rival de Éric Zemmour.
Tras aquella traición familiar calificada por la propia Marine Le Pen de «violenta», se reivindicó con el mejor resultado electoral en unas presidenciales para la extrema derecha francesa, un 41,5% de los votos.
El techo del RN siguió creciendo en los años posteriores. Fue, por un amplio margen, el partido más respaldado en las europeas de junio de 2024, lo que llevó a Macron a convocar elecciones anticipadas en Francia.
En esa cita electoral, el RN logró 10,5 millones de sufragios y se confirmó como la primera fuerza del país en número de votos, aunque no en escaños por el particular sistema electoral francés a doble vuelta.
Por Antonio Torres del Cerro