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domingo, mayo 25, 2025

El arte de saber despedirse

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Cuando mis hijos eran más chicos, un fantasma me perseguía: morirme y que ellos -depende de la edad del momento- no me recordaran o, si lo hiciesen se criaran con sensación de orfandad. Ahora son adolescentes -uno a punto ya de dejar de serlo- y me siento un poco más tranquilo. No con la idea de morirme pero sí con una cierta calma de que -en lo que pude- intenté ser un padre cercano, presente, dispuesto a escuchar. Altri tempi, si viajaba, les dejaba alguna carta testimonial: uno siempre piensa que el final trágico llega por un avión que se cae y no por un colectivo que lo atropella en la esquina.

Es curioso, antes de tener hijos me gobernaba la certeza de que algún día llegarían. No me daba lo mismo ni me parecía que algunas ideas que a veces parecen competir con ellos -la libertad, la realización profesional- fueran comparables. Para mí los hijos representan una delegación, una forma de dejarle algo al mundo aunque soy consciente que esos “alguienes” detentan un albedrío y una personalidad que muchas veces no se condice con las del padre o la madre.

Ahora me empieza a tentar una costumbre sueca sobre la que he leído hace poco: döstädning . Parece que es muerte y städning algo así como limpieza. La idea es conservar, a medida que se envejece, sólo aquellas cosas que tienen un significado o que necesitamos de verdad. El resto se regala, se dona, se tira. Está pensado para que no nos rodeemos de lo innecesario, pero también como un presente a los que nos sobreviven: no dejarles la desdichada tarea de abrir cajas, cajones y armarios que puede resultar extenuante en lo psicológico y en lo físico y casi un signo de ingratitud. Ya es bastante vivir el duelo como para sumarle otras cargas. Incluso los secretos: lo que se quiera decir, mejor contarlo en vida. O callar. No hacerlo cuando ya no existe diálogo posible.

Yo lejos estoy de ser prolijo, pero reconozco que con algo de esfuerzo cada año tiro algo inconducente y me reconforta hacerlo. Eso sí, aún queda mucho: ojalá la vida me dé tiempo para disfrutar… y ordenar.

Redacción

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