Durante los meses fríos, una de las molestias más comunes dentro del hogar es la presencia de corrientes de aire que se filtran por rendijas, marcos de ventanas, puertas o pequeñas aberturas invisibles. Estas fugas no solo disminuyen la sensación de confort, sino que también elevan el consumo de calefacción, obligando a los hogares a gastar más energía.
Las viviendas antiguas suelen ser las más afectadas, pero incluso en construcciones modernas pueden aparecer filtraciones debidas al desgaste natural de materiales, movimientos estructurales o una instalación deficiente. Lo que en un principio parece apenas un soplo puede transformarse en un problema serio cuando se acumulan varias pequeñas fugas.
El cambio de hábito comenzó cuando distintos usuarios y especialistas empezaron a promover soluciones simples. Desde burletes adhesivos hasta cintas selladoras, pasando por felpas o aislantes térmicos, las alternativas se multiplicaron. Esto impulsó una tendencia clara: dejar atrás las viejas costumbres de “aguantar el frío” y comenzar a intervenir directamente en el origen del problema.
Además, la preocupación ambiental juega un rol importante. Reducir filtraciones no solo mejora la comodidad, sino que también disminuye el desperdicio de energía, contribuyendo a un consumo más responsable. Cada rendija sellada es un pequeño aporte a la eficiencia del hogar y, a la larga, a un uso más racional de los recursos.
Cómo evitar que el aire frío entre en el hogar
La solución no depende de una única acción, sino de un conjunto de medidas complementarias. La clave está en combinar prevención, mantenimiento y pequeñas intervenciones prácticas que pueden realizarse sin grandes obras. Estas son las estrategias más utilizadas para decirle adiós al aire frío y ganar confort durante todo el invierno.
Técnicas para combatir el frío que entra por la ventana. - Revisar marcos de puertas y ventanas. Son los puntos donde más comúnmente aparece la filtración de aire. Aplicar burletes o felpas permite sellarlos sin modificar la estructura.
- Colocar burletes autoadhesivos en zonas críticas. Existen modelos de goma, espuma o silicona, adaptados a distintos tipos de abertura. Reducen de inmediato la corriente de aire y ayudan a conservar el calor interior.
- Usar selladores o silicona para pequeñas grietas. Las fisuras en muros, uniones o esquinas pueden dejar pasar aire sin que lo notemos. Un cordón de sellador transparente basta para cerrar esos microespacios.
- Instalar aislantes térmicos en ventanas Las láminas o films aislantes crean una barrera adicional contra el frío exterior. Son fáciles de colocar y se pueden retirar al terminar el invierno.
- Colocar topes o cortavientos en la base de las puertas. Son accesorios económicos que bloquean el paso de aire proveniente de pasillos o patios. Algunos modelos se deslizan junto con la puerta, facilitando el uso diario.
- Reforzar cortinas y textiles. Telas gruesas o cortinas térmicas reducen la pérdida de calor en ambientes amplios. Funcionan como complemento ideal a los sellos estructurales.
- Realizar un mantenimiento anual. Verificar cada cambio de estación si los sellos siguen en buen estado evita que el problema reaparezca. Con pequeños ajustes se prolonga la vida útil de las soluciones aplicadas.
Envoltura de burbujas, una solución simple. Decirle adiós al aire frío por las rendijas no es solo mejorar la temperatura del hogar: es ganar confort, eficiencia y una sensación más cálida y estable durante todo el invierno. Un conjunto de medidas simples puede transformar por completo la experiencia dentro de la casa.
Según el sitio elconfidencial.com, una solución puede ser utilizar plástico de burbujas como aislante en ventanas, una idea fácil de aplicar y con resultados sorprendentes en la conservación del calor. La efectividad del truco se debe a la estructura del propio material: sus pequeñas cámaras de aire actúan como barrera térmica, reduciendo la pérdida de temperatura a través del cristal.
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