La crisis económica continúa impactando en el comercio de cercanía y uno de los rubros más afectados es el de los kioscos. Desde la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA) advirtieron que, en promedio, entre 1.500 y 2.000 locales bajan la persiana cada mes en el país, lo que equivale a cerca de 50 cierres diarios.
Claudio Páez, integrante de la entidad, aseguró en Radio Universidad que el principal problema es el derrumbe del consumo. “No hay ventas, ha habido una caída estrepitosa. La gente no tiene dinero”, señaló, y explicó que esa baja en la facturación se combina con un fuerte incremento de los costos fijos que deben afrontar los comerciantes.
En ese sentido, detalló el impacto de los servicios: “En un local de menos de 60 metros cuadrados pagué 1.100.000 pesos en diciembre y 1.100.000 enero. Ahora en febrero no sé cuánto va a venir, y a eso hay que sumarle el alquiler”. Según describió, la actualización permanente de contratos genera incertidumbre y dificulta cualquier planificación. “Lo que firmaste hace dos años no tiene validez. Ahora son acuerdos día a día con el propietario”, indicó.
El referente del sector remarcó que los cierres ya forman parte de la escena cotidiana. “Estoy en varios grupos de kiosqueros y lo veo todos los días: ‘vendo instalaciones por cierre’. La principal causa es la caída de las ventas, porque no podés sostener el negocio”, afirmó.
Reconvertirse para subsitir
Tras la pandemia, muchos kioscos intentaron reconvertirse para subsistir. Incorporaron nuevos servicios, ampliaron la oferta gastronómica y sumaron productos más económicos. “El negocio mutó: agregamos carga virtual, SUBE, combos de comida, segundas marcas. Tuvimos que reinventarnos”, explicó Páez.
Sin embargo, esas estrategias ya no alcanzan frente a la retracción del poder adquisitivo. “Tenemos que estar constantemente pensando qué hacer para seguir vendiendo, porque nuestro motor son las ventas y hoy no las tenemos”, agregó.
A la vez, los kiosqueros advierten sobre la expansión de cadenas comerciales hacia los barrios, lo que incrementa la competencia directa con los negocios familiares. “Las cadenas antes estaban en el microcentro y ahora se instalaron en zonas barriales. Nos lastiman porque manejan otros precios y pueden competir de manera desigual”, sostuvo.
Otro factor que mencionan es la venta directa al público por parte de mayoristas, que reduce aun más el margen del pequeño comerciante. “El mayorista vende al mismo precio que nosotros. Eso genera otra competencia más y es un ‘sálvese quien pueda’”, lamentó.
Para sostener la actividad, muchos kioscos apelan a promociones dirigidas especialmente a estudiantes y clientes habituales. “Salimos a buscar clientes, algo que en 32 años nunca habíamos tenido que hacer”, relató. Y describió escenas que reflejan la situación social: “Ponemos ofertas muy económicas, como tres alfajores por mil pesos, y los chicos compran diciendo ‘uno para hoy y los otros para mañana’”.
Desde el sector consideran que, sin medidas que apunten a reactivar el consumo y ordenar la competencia, el panorama seguirá siendo crítico. “Si no hay plata en la calle, el kiosco lo siente primero. Somos el último eslabón del consumo”, concluyó.



