La temporada de verano activó una señal de advertencia en el sur del país debido al crecimiento sostenido de las chaquetas amarillas, una especie de avispas «carnívoras» cuya presencia se intensificó en distintos puntos turísticos de la Patagonia. La expansión del insecto se registró con mayor fuerza en zonas como Bariloche, San Martín de los Andes y Villa La Angostura, donde vecinos y visitantes reportaron un aumento significativo de picaduras.
La especie, identificada científicamente como Vespula germanica, no es originaria de la Argentina. Proviene de Europa, Asia y el norte de África, y se instaló en el país a fines de la década del 70. Se distingue por su patrón amarillo y negro y por la construcción de nidos subterráneos que, en muchos casos, alcanzan dimensiones similares a una pelota de fútbol.
Un ecosistema sin defensas naturales
Uno de los factores que facilitó su propagación en la región es que en la Patagonia no existen avispas sociales nativas. Esa ausencia permitió que especies exóticas como Vespula germanica, Vespula vulgaris y Polistes dominula se desarrollaran sin control biológico natural.
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Bariloche es una de las ciudades más afectadas por las avispas.
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La falta de depredadores locales favoreció una reproducción acelerada y una alta densidad de individuos, especialmente hacia el final del verano.
Especialistas explicaron que estos insectos no suelen atacar sin motivo, pero pueden reaccionar con agresividad si alguien pisa un nido, los golpea accidentalmente o quedan atrapados entre la ropa. A diferencia de las abejas, su aguijón puede utilizarse varias veces, ya que está conectado a una glándula venenosa, lo que incrementa el riesgo de múltiples picaduras en un mismo episodio.
El peligro de las picaduras
El veneno de las chaquetas amarillas puede provocar cuadros de distinta gravedad. En la mayoría de los casos genera dolor intenso, inflamación y ardor, pero en personas alérgicas puede desencadenar reacciones graves como la anafilaxia, una condición potencialmente mortal que requiere atención médica urgente.
El mes de marzo suele ser el período más crítico. En ese momento disminuye la disponibilidad de proteínas en la naturaleza y las avispas se sienten atraídas por alimentos humanos, bebidas azucaradas y restos de comida, lo que incrementa el contacto con las personas.
Recomendaciones y medidas de prevención
Para reducir el riesgo de ataques, los especialistas aconsejan evitar comer al aire libre, no utilizar perfumes intensos ni ropa de colores llamativos y extremar precauciones en sectores con basura, restos orgánicos o presencia de nidos.
También sugieren revisar el suelo antes de sentarse y prestar atención a árboles o troncos donde puedan ocultarse colonias.
Como método de control, se difundió el uso de trampas caseras elaboradas con carne y agua jabonosa durante febrero y marzo. Estas herramientas permiten disminuir la cantidad de avispas en circulación, aunque no eliminan los nidos ni erradican la plaga por completo.
El testimonio de una víctima
En diálogo con TN, Valentina, una joven de 28 años, relató el episodio que vivió mientras acampaba en el Lago Villarino. Según contó, una chaqueta amarilla la picó en la cabeza cuando buscaba sus pertenencias en un árbol. “Automáticamente, sentí como un fuego que me bajaba por toda la cara”, describió.
Minutos después, comenzaron a aparecer ronchas en las axilas y los brazos. Con el correr del tiempo, los síntomas se agravaron: sufrió vómitos, hinchazón en los ojos y brotes en distintas partes del cuerpo, lo que encendió las alarmas sobre los efectos que pueden provocar estas picaduras.
La proliferación de las chaquetas amarillas volvió a poner en agenda la necesidad de prevención y concientización en la Patagonia, una región donde el contacto entre naturaleza y turismo es constante y donde este insecto invasor representa un riesgo creciente para la salud.



