Por Pavla Ochoa /
El Flaco, el diariero de La Perlita, es parte esencial de la historia de ese barrio de Moreno Norte. Toda una vida dedicada a vender periódicos y revistas.
Pasar por su puesto era participar de una asamblea popular. Se generaba espontáneamente una ronda humana y con el «Crónica» o «Popular», en mano, se discutía de política o fútbol con alta voz. Si ibas de paso por la vereda se sabía de antemano que había que bajar a la calle para seguir rumbo, porque de ninguna manera se iba a interrumpir la polémica barrial.
En lo personal, debo mencionar que Ángel Sarati fue muy importante en mí recorrido como lectorx y luego en mí andar por el violento oficio de escribir el periodismo.
Recuerdo que cuando empecé a redactar en el Para Ud! allá por el 2003 no le dije nada a nadie. Hasta que un día caminando por la Marcos del Bueno me dijo «Ochoa; ¿quién firma las notas del diario, sos vos?». Y al confirmarle su descubrimiento, no paró de darme opiniones semanales sobre la información y opinión que abordamos semanalmente en el periódico local. Se encargó que en La Perlita supieran de que era «periodista», lo que generó que me dieran información a investigar o para difundir, constantemente.
El Flaco siempre me ayudó a que pueda estar informadx. Si no tenía un sope para comprar el «Le Monde diplomatique» o la «Revista Ñ», me la daba y después cuando hacía una moneda se la pagaba.
Aún recuerdo cuando le llevé la revista de historieta «A Tiza y Carbón», que hacemos con Sonia Olmo e historietistas locales, me miró y me dijo «al final terminaste haciendo historietas, vos». Recordando las primeras compras que le hice en esos días de los ’80, atinó a tratar de adquirir un ejemplar, a lo que me negué rotundamente, se lo regalé. Y, entre emoción y emoción, me pidió que le llevará otras revistas para ponerla en el puesto. Algo que hice, pero que jamás pasé a hacer la rendición de cuentas. Eso no estaba en mis planes, solo quería que ese hombre, como «Alba«, vecinx que tenía en La Perlita, un local de venta y canje de revistas usadas, supieran que habían sido muy importante en mí amor a la lectura y escritura, cuando fui niñx.
Él marcó historia en quienes vivimos en La Perlita. Sus vecinxs, le hicieron una placa de reconocimiento en el 2017: «La Perlita agradece tu trabajo incansable y por tantos años recorridos en nuestro barrio . Canillita Ilustre».
En épocas donde la información de los diarios viaja a alta velocidad por mensajes de WhatsApp o en las redes sociales y quien lee su versión impresa es «bichx rarx», él, resistió a la avanzada tecnológica y supo adaptarse como otros colegas y ampliar el rubro en su kiosco para subsistir. Una tarea titánica y desgastante para quienes aman la profesión de canillita.
Al tiempo decidió jubilarse y parar la moto. Actualmente disfruta del descanso, la familia y el tiempo libre en el Centro de Moreno, cerca de su casa en la Bartolomé Mitre. Cada vez que se lo ve caminando al «Angelito» con sus ochenta y pico de pirulos, le gritan con afecto ¡Tanoo! Y él con una sonrisa levanta el brazo y saluda. Popularidad adquirida de toda esa vida dedica al oficio.

Ángel Sarati sabe que cada vez que vuelva a ese barrio será siempre El Flaco, ese comunicador social de La Perlita. El que resistió a los tiempos modernos y su huella quedó marcada en la historia morenense.



