En la geopolitica del futbol, Argentina es, sin duda, una de las potencias globales. Semillero de futbolistas que brillan en las mejores ligas de Europa y tierra de los dos jugadores considerados los más grandes de todos los tiempos: Diego Maradona y Lionel Messi. Es decir que ser el presidente de fútbol argentino no es un simple título institucional. Es uno de los cargos más codiciados del país, a punto tal que la política, la Justicia y los empresarios se pelean por controlarlo, se alían para disputarlo o se arrodillan para negociar con quien lo ostenta. Porque quien maneja la AFA no solo administra un deporte: maneja un pedazo enorme del poder simbólico y económico de la Argentina.
En esa silla está hoy Claudio Fabián “Chiqui” Tapia, que llegó a la presidencia en 2017 producto de un acuerdo entre el entonces presidente Mauricio Macri y el sindicalista de Camioneros Hugo Moyano. El desembarco de Tapia parecía más bien una puesta en escena de personajes poderosos que elegían un subordinado para gerenciar la AFA en nombre de otros. Pero Tapia tenía un proyecto personal de poder, inspirado en todo lo que había aprendido como presidente del club Barracas Central, en su admiración por Julio Grondona -que fue presidente de la AFA entre 1979 y 2014-, y en lo que mamó del vínculo con Hugo Moyano, su jefe político original, ex suegro y abuelo de sus hijos.
Tapia tiene un estilo similar al de Grondona, aunque un poco más rústico y desfachatado. Es adepto a la centralización del poder, al uso de favores y cargos para construir lealtades, el control del arbitraje, y la alianza estratégica con el poder político. Reproduce el modelo de conducción personalista de Grondona, adaptándolo a los tiempos actuales y haciéndose visible en redes, pero conservando el fondo: un sistema donde concentra decisiones, neutraliza opositores y se legitima a través del éxito deportivo y la fidelidad institucional.
Al igual que Grondona con Arsenal de Sarandí, Tapia es el hombre fuerte de Barracas Central y su sueño es que salga campeón de la primera división. Durante la gestión de Grondona, Arsenal tardó 16 años en pasar de la tercera división a la primera. Y luego tardó otros 10 años más en salir campeón. Barracas Central pasó de la tercera división a la primera en solo tres años durante la presidencia de Tapia. Para el campeonato hay que esperar, pero observando el nivel de ansiedad que maneja el “Chiqui”, eso podría pasar en poco tiempo.
Argentina. Si algo aprendió Tapia de Grondona es que los títulos de la Selección tapan casi todo. En ese rubro, su gestión tiene un fixture envidiable: Copa América 2021, Finalissima, Mundial 2022 y otra Copa América en 2024. En cualquier país futbolero eso alcanza para ponerle nombre a una tribuna. Tapia tiene un estadio con su nombre, el de Barracas Central.
La jugada clave fue sostener a Lionel Scaloni cuando casi nadie lo veía como “técnico de Selección”. Tapia lo bancó cuando aún era “el interino” y el vestuario estaba golpeado. El ciclo terminó con Messi levantando la Copa del Mundo en Qatar y el “Chiqui” entre los hombres más poderosos del mundo.
El campeonato del mundo también se tradujo en negocios. En los últimos tres años, la selección Argentina jugó amistosos internacionales en lugares recónditos como China, Australia, Indonesia, Angola y con selecciones de bajísimo nivel futbolístico como Panamá, Curazao, Guatemala o El Salvador. En cada uno de esos partidos la AFA se habría llevado entre 5 y 10 millones de dólares. En el último, jugado este mes, frente a Angola, el cachet habría ascendido a 12 millones de dólares.
Con el respaldo de la Selección Argentina, Tapia atravesó crisis internas, peleas políticas y causas judiciales. Cada vez que la temperatura sube, aparecen las fotos con Messi y los posteos de los campeones.
La contracara del éxito de la Selección está en el fútbol doméstico. Ahí es donde la figura de Tapia se vuelve más discutida. El último traspié fue otorgarle un trofeo al club Rosario Central por haber llegado a los playoffs del torneo clausura como el puntero de la tabla. Todo para darle una copa a Ángel Di María en su regreso a Rosario. Un error estratégico de niveles despóticos en un deporte donde solo se respeta al que gana dentro de una cancha en un partido de 11 contra 11. A partir de allí fueron todas malas noticias. Se volvió a poner el ojo en los arbitrajes, en los manejos autoritarios dentro de la AFA, la organización de amistosos de la Selección y hasta los derechos del fútbol en TV. En estas últimas semanas, la causa que más ruido hizo fue la de Sur Finanzas, una empresa ligada al entramado económico del fútbol y sponsor principal de Barracas Central y otros equipos. La empresa en cuestión es manejada por Maximiliano Ariel Vallejo, un financista de Adrogué que se vende como “la billetera del fútbol” y funciona como tal: préstamos para clubes al borde del abismo -como San Lorenzo- y acuerdos con Banfield y Platense.
Sur Finanzas es, además, el sponsor principal de Barracas Central, el club de Tapia, y desde hace dos años compró hasta los nombres de los torneos de la Liga Profesional. “Copa Sur Finanzas”, así de simple. Vallejo habla sin pudor de su “relación muy linda” con el “Chiqui”, que para él es una llave maestra para crecer acá y afuera. En los últimos días trascendió que creó empresas para hacer negocios de diferentes rubros en Miami, pensando en el Mundial 2026.
El estallido llegó cuando la DGI denunció a Sur Finanzas por lavado y evasión. El número es obsceno: 818 mil millones de pesos movidos por billeteras virtuales. El esquema incluye un batallón de monotributistas que, de golpe, manejaron cifras imposibles para su rutina. A eso se suman sociedades truchas y firmas inhabilitadas por el Banco Central. Hubo allanamientos y un desprendimiento inesperado: el expediente ya toca la ruta de coimas de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis). Allí, según la causa, parte del dinero recaudado por sobornos terminó blanqueado en la app cripto de Sur Finanzas, antes llamada Neblockchain. La PROCELAC investiga un ecosistema de sociedades ligadas a Vallejo -algunas marcadas como falsas por la ARCA- donde aparecen compras de dólares por ventanilla y autos de lujo que no coinciden con las declaraciones juradas. ¿Si la Justicia avanza, podría salpicar a la AFA? En el entorno de Tapia miran el caso con preocupación. El “Chiqui” transmite tranquilidad.
Anticipo de la tapa de NOTICIAS: La máquina de poder de «Chiqui» Tapia
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