Vie, 16 enero, 2026
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Patagonia

Área Natural Protegida Domuyo: donde la altura extrema y el agua caliente revelan la fuerza de la Patagonia

Al norte de la provincia, allí donde el mapa se vuelve cordillera y el viento aprende a decir silencio, el Área Natural Protegida Domuyo resguarda uno de los paisajes más imponentes y singulares del Neuquén. Un santuario natural donde conviven la altura extrema, el calor que emerge de la tierra y las huellas profundas de la historia.

El acceso es parte del viaje: desde Varvarco por la Ruta Provincial Nº 43, o desde Tricao Malal por la Ruta Provincial Nº 68, el camino atraviesa paisajes que anticipan la inmensidad. Con más de 92.000 hectáreas, el área protege al cerro Domuyo, la mayor elevación de la Patagonia, que con sus 4.709 metros domina el horizonte y custodia glaciares que aún sobreviven en su cumbre.

Aquí la montaña no solo se eleva, también late. Asociadas a este sistema volcánico emergen manifestaciones geotérmicas únicas, con géiseres, fumarolas y arroyos de aguas calientes que brotan entre rocas y vapores. En estos ambientes extremos, donde el agua hierve y el frío persiste, habitan algas verdeazules termófilas, organismos diminutos y resistentes que revelan la capacidad de la vida para adaptarse a lo imposible.

El Domuyo también conserva la esencia de la estepa patagónica y del ambiente altoandino, junto a un valioso patrimonio cultural y arqueológico. Durante el verano, este territorio vuelve a poblarse con el andar pausado de la trashumancia, cuando familias crianceras ascienden con su ganado para aprovechar las pasturas naturales, repitiendo un ciclo ancestral que aún define la identidad del norte neuquino.

En el sector de Aguas Calientes, el uso público se integra al paisaje. Allí se concentran los servicios turísticos, con cabañas y la posibilidad de realizar baños termales en el arroyo del mismo nombre. También pueden visitarse otras expresiones del calor profundo de la tierra, como Las Olletas y Los Tachos, donde el agua y la roca dialogan sin apuro.

Cada febrero, la Capilla de Ailinco, ubicada al norte del área protegida, se convierte en destino de una tradicional peregrinación a caballo, un encuentro que mezcla fe, paisaje y comunidad. Y para quienes buscan desafíos mayores, el montañismo encuentra aquí uno de sus máximos exponentes: el ascenso al cerro Domuyo, una experiencia que exige respeto, preparación y una entrega total a la montaña.

El Área Natural Protegida Domuyo es más que un destino: es un territorio donde la Patagonia muestra su fuerza original, donde el fuego y el hielo conviven, y donde cada paso recuerda que la naturaleza siempre va un poco más alto que nosotros.

Redacción

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