Gerardo Alonso Schwarz, economista jefe del instituto, explicó que «cada provincia fue un mundo aparte durante 2025», señalando que los motores que antes beneficiaban a la tierra colorada hoy parecen haberse apagado o trasladado al otro lado del río Paraná. El contraste más fuerte se observa en la inversión privada; Corrientes concentró la gran mayoría de los proyectos en infraestructura, bioenergía y forestoindustria, mientras que en Misiones los anuncios quedaron en meras promesas con un nivel de concreción casi nulo.
La caída de Misiones se explica, en gran medida, por un cambio drástico en las dinámicas de consumo y frontera:
Efecto fronterizo invertido: La menor brecha cambiaria provocó que los extranjeros dejen de comprar en Misiones, mientras que los argentinos volvieron a cruzar a países limítrofes para abastecerse, vaciando los supermercados y comercios locales.
Consumo dispar: Aunque creció la venta de autos y motos (bienes durables), el consumo masivo en la provincia registró retrocesos significativos.
Freno del gasto público: El ajuste nacional tuvo un efecto contractivo más profundo en Misiones que en su vecina correntina.
A pesar de que el sector externo misionero se mantuvo a flote gracias a las exportaciones de yerba mate y madera, el panorama hacia 2026 es de una cautela extrema. La provincia espera que el Régimen de Incentivos de Medianas Inversiones (RIMI) y las posibles reformas a la Ley de Cabotaje logren revertir la tendencia contractiva. Sin embargo, el desafío para el gobierno misionero será romper la inercia de una gestión nacional que, hasta ahora, parece beneficiar los perfiles productivos de Corrientes mientras Misiones lidia con el impacto de la apertura importadora y la pérdida de competitividad fronteriza.



