Rugieron los motores, tembló la tierra y el tiempo. Incapaz de respirar por la emoción, se paró cediendo todo el protagonismo por una vez al espacio. El ser humano acaricia de nuevo, medio siglo después, a la Luna. Artemis 2 despegó desde el Centro Kennedy de la NASA en Cabo Cañaveral, en Florida. Queda inaugurada la carrera lunar del siglo XXI, y al menos de momento, va ganando EEUU.
«Hoy comienza la próxima era de la exploración espacial», afirmó orgulloso el máximo responsable de la NASA, Jared Isaacman.
Después de dos cancelaciones y retrasos en febrero por problemas debido a fugas de combustible y una obstrucción en el flujo de helio del cohete, a los que se sumaron los debates sobre la seguridad cuando la nave vuelva a la tierra, por fin ha llegado el momento de que Artemis 2 lleve a los estadounidenses Reid Wiseman (50 años), Christina Koch (47), Victor Glover (49) y el canadiense Jeremy Hansen (50) más lejos de lo que ninguna persona ha viajado.
La ventana de lanzamiento se abrió oficialmente este miércoles a las 18.24 hora local (19.24 Argentina), pero el despegue no comenzó hasta unos minutos después. Había, en cualquier caso, dos horas para lanzar, que no ha hecho falta apurar.
A las 14.30, hora local, la tripulación llegó a la plataforma de lanzamiento, mostrando o al menos aparentando confianza y relajación, toda la que se puede tener al sentarse sobre 2,6 millones de litros de combustible y un cohete tan alto como un edificio de 32 plantas, camino de lo desconocido durante diez días.
La tensión y excitación eran visibles en las instalaciones de la NASA. Hay algo que toca especialmente a las decenas de miles de personas implicadas directamente, algo mucho más que simbólico y filosóficos en la misión del Artemis 2. «Nos encontramos en el umbral de un regreso histórico, con seres humanos poniendo rumbo a la Luna una vez más. Más de medio siglo después del Apolo 17, la NASA volverá a hacer historia», celebró horas antes de que el reloj llegue a cero Josef Aschbacher, director general de la Agencia Espacial Europea.
John F. Kennedy quería que su país fuera el primero en llegar a la Luna para superar la afrenta de que los soviéticos pusieran a un hombre en órbita antes. La ciencia no era en absoluto una prioridad. A Donald Trump le pasa lo mismo. En 2017 sentó las bases para que los norteamericanos regresaran antes de que China logre un alunizaje. Todo lo demás, es secundario.
«Esto es histórico. Solo puedo pensar en los nervios de los astronautas ahora mismo. Recuerdo los momentos previos, cuando alguien cierra la escotilla y te das cuenta de que no hay marcha atrás», apunta el aventurero español Jesús Calleja, invitado por la NASA a asistir al lanzamiento. Calleja logró completar un viaje espacial en el New Shepard de Blue Origin el año pasado.



