Juana Repetto dejó que sus seguidores espiaran un instante que, por más cotidiano que parezca, marca para siempre a una familia: el primer encuentro de hermanos. La escena transcurre en la habitación de la clínica, con la quietud de esos minutos en los que todo se convierte en susurro. Se escuchan pasos chicos que se acercan y, de repente, la puerta se abre: Toribio y Belisario ingresan con la mezcla perfecta de emoción y expectativa, para conocer por primera vez a su hermanito recién nacido, Timoteo.

La familia de Juana registró cada segundo del emocionante momento: el más grande, Toribio, se acerca a la cama y —con una ayuda mínima— recibe por primera vez en brazos a Timoteo. A pocos pasos, su hermano Belisario pide turno: también quiere cargarlo, vivir esa sensación de la fraternidad. Hay una ronda de abrazos en pie, el bebé pasa del regazo de mamá a los brazos infantiles. La cámara registra dedos pequeños acomodando con cuidado la mantita y el gesto de orgullo que asoma cuando logran sostenerlo sin ayuda. Un retrato de confianza, juego y pertenencia en menos de un minuto.

El contexto del video amplifica la emoción. Timoteo nació el jueves 12 de febrero por cesárea programada, pesó 2,9 kilos y tanto él como su mamá se encuentran bien. Juana anunció la noticia con una imagen íntima desde la internación y un agradecimiento a su comunidad digital, que la acompañó durante el embarazo.
Hubo, además, una particularidad: Sebastián Graviotto, papá de Belisario y ahora también de Timoteo, no estuvo presente en el parto porque se encontraba trabajando en el exterior. La propia Juana lo explicó días antes y aclaró que su mamá, Reina Reech, fue quien la acompañó en el quirófano. Más tarde, cuando él regresó, compartieron en redes el primer saludo del papá al bebé, un gesto breve y emotivo que cerró ese capítulo con la serenidad que merecía.
La llegada de Timoteo también tuvo su presentación “oficial” días después: Juana publicó una foto familiar donde se ve a los tres hermanos juntos y escribió “Ahora sí, los cuatro. Toribio, Belisario y Timoteo”, una frase que condensó el nuevo mapa afectivo de la casa. Además, reveló el apodo del bebé —“Chimy”— y el posteo se llenó de mensajes que destacaron el parecido del recién nacido con sus hermanos.

El video de este viernes funciona como secuela natural de aquella postal. Si aquella imagen fijaba el concepto de “familia completa”, estas escenas lo vuelven movimiento: los hermanos que se encuentran, el reacomodamiento de los lugares, el ensayo de responsabilidades nuevas. También hay un guiño a la conversación pública que Juana sostuvo durante el embarazo, cuando habló con honestidad de sus miedos a la cesárea y del diagnóstico médico que la llevó a programar la cirugía: su comunidad la vio fuerte y vulnerable a la vez, y ahora puede verla celebrar, en silencio, el premio de tanta espera.
Más allá del dato y la coyuntura, lo que conmueve es la mirada de los hermanos: curiosa, cuidadosa, fascinada. Ese “hola” que se repite, la ansiedad por “tenerlo un ratito más”, las risas bajitas que piden permiso para quedarse. De pronto, la habitación de clínica se parece a un living de domingo: hay tías con celular en mano, una abuela acomodando la mantita, manos adultas fuera de cuadro que asisten y retiran, y mucha calma alrededor del bebé.

