La casa de Flor Peña en Salta combina naturaleza, calidez y ciertos guiños exóticos que reflejan su estilo personal. En el norte del país, la actriz encontró un entorno que potencia su búsqueda de calma sin resignar identidad.
La mansión, adquirida por ella y su pareja hace ya varios años, se convirtió en un refugio donde conviven la serenidad del paisaje.
Según lo mostrado por Flor Peña en las redes sociales, desde el ingreso, la casa se integra al paisaje. Las montañas funcionan como telón de fondo permanente y la arquitectura prioriza la conexión visual con el exterior.

La elección de materiales y colores acompaña el entorno natural, logrando que la casa no compita con el paisaje, sino que dialogue con él. En líneas generales, la residencia de Flor Peña en Salta es amplia, luminosa y con cierto estilo rústico.
Cómo es el patio con estilo tailandés de la casa de Flor Peña
Uno de los espacios más llamativos de la casa de Flor Peña es el patio con inspiración tailandesa. Este sector incorpora elementos decorativos y vegetación que evocan el sudeste asiático, generando un clima íntimo y relajado.

La presencia de madera, textiles y objetos artesanales aporta calidez. En Salta, donde el paisaje ya ofrece un marco imponente, el estilo tailandés suma una capa estética diferente. Flor Peña logró integrar influencias lejanas en un entorno norteño, creando un equilibrio entre lo local y lo exótico.
Flor Peña, Salta y una casa pensada para disfrutar
La elección de Salta como lugar de residencia marca un cambio de ritmo en la vida de Flor Peña. La casa, rodeada de montañas, permite una conexión directa con la naturaleza.
La propiedad, distribuida en una sola planta, cuenta con cinco habitaciones y está ambientada con un estilo rústico que refuerza la sensación de hogar.
Cada detalle aporta calidez y genera un clima de relajación que se percibe tanto en la elección de los materiales como en los objetos decorativos.

En las fotos que Florencia ha compartido en sus redes sociales se pueden ver estatuas de Buda, sillones con almohadones blancos e incluso una hamaca colgante que suma un toque descontracturado al espacio.
Desde la galería —que se abre hacia la piscina— se despliega una vista privilegiada: un lago rodeado de vegetación y, como telón de fondo, las montañas que completan una postal de serenidad absoluta.



