El Ayuntamiento de Barcelona reclamará al Gobierno de España que prohíba de una vez los nuevos derivados semisintéticos del cannabis que desde hace años tan alegremente se venden en tantas tiendas marihuaneras del centro de la ciudad. La comisión de Seguridad aprobó este miércoles la proposición formulada por Junts y apoyada por el gobierno del alcalde Jaume Collboni, ERC, PP y Vox. Los comunes prefirieron abstenerse.
Hablamos principalmente del HHC, del principio activo de flores, de resinas, de porros de distintos tamaños, de vapeadores con centenares de caladas y también de una muy nutrida oferta de chucherías con propiedades psicoactivas. Hace pocas semanas fuentes del hospital Clínic alertaron del progresivo incremento de las intoxicaciones producidas por estos productos, sobre todo entre turistas.
El Ayuntamiento también exige a administración central que regule los clubes de fumadores
Jordi Martí, presidente del grupo de Junts, lamentó que tantos comercios se aprovechen de los vacíos legales al respecto para hacer de Barcelona la nueva capital europea del porro. “Hemos de conseguir que el Estado prohíba el HHC –prosiguió Martí–. No puede ser que tantas tiendas de souvenirs venda estos productos con tanta facilidad. Es un problema de salud pública que repercute en la imagen de Barcelona”.
El problema es que el Consistorio carece de suficientes herramientas legales, como reconoció Albert Batlle, teniente de alcalde de Seguridad. El gobierno del alcalde Collboni trata últimamente de redoblar su presión sobre estas actividades: dictó una moratoria que en teoría frena la apertura de estos establecimientos y también multiplicó las multiinspecciones de la Guardia Urbana y la Agència de Salut Pública de Barcelona.
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Pero estas tiendas tan vistosas continúan abriendo en el centro de Barcelona como floristerías, por ejemplo. Y los análisis de los productos decomisados en las multinspecciones arrojan trazas del principio activo del cannabis, del THC, inferiores a las marcadas por las leyes. Además, sus fabricantes son todo un lobby planetario y realizan una y otra vez modificaciones moleculares a fin de sortear los vetos de las administraciones.
De modo que la presión del ejecutivo de Collboni únicamente logró que muchas de estos establecimientos retiraran las chucherías de sus escaparates y únicamente las vendan de manera disimulada a lo clientes más insistentes, en tanto que una normativa europea sí que prohibe la venta de derivados del cannabis como productos alimentarios. Ahora las gominolas tienen un aire más clandestino.

Pipas y machacadores en una tienda de artículos relacionados con el cannabis
Àlex Garcia
La proposición de Junts también pide al Estado que regule los clubs de fumadores de cannabis. “El Ayuntamiento no puede prohibirlos –dijo Martí–. Y este vacío legal dificulta el control de estos establecimientos y también genera inseguridad jurídica. Es imprescindible la intervención del Estado para impedir definitivamente la implantación de estos clubs. Además, la Guardia Urbana ha incrementar sus inspecciones”.
El teniente de alcalde Batlle se mostró de acuerdo con la reclamación de Junts al Estado y dijo que fruto de los inspecciones de la policía municipal 31 clubes tienen expedientes sancionadores en marcha. “Todos los clubes de la ciudad han sido inspeccionados al menos una vez –agregó–. Además, la Guardia Urbana puso 58 denuncias y realizó 39 inspecciones en el 2014. Este año llevamos 14 denuncias y diez inspecciones”.