Después de la intervención de ayer de Donald Trump y la de su secretario de Defensa, Pete Hegseth, queda claro que el objetivo de la operación militar contra Irán no es el de lograr la caída del régimen, como se había dicho en un principio, sino un acto de autodefensa americana ante “47 largos años” de una “guerra salvaje y unilateral contra Estados Unidos”. Trump no necesita ni las autorizaciones del Congreso para iniciar una guerra, ni buscar falsos argumentos como las armas de destrucción masiva a las que se aludió en el 2003 para justificar la invasión de Irak. Y, por lo visto ayer, tampoco hace falta buscar un argumento convincente para explicar el inicio de este conflicto.
]]>



